Peña y la irrealidad

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Peña

Peña tiene el nivel más bajo de aceptación social.

EL PRESIDENTE SE ENCUENTRA EN EL NIVEL MÁS BAJO DE CREDIBILIDAD; NO QUIERE VER LA MAGNITUD DE LAS DIFICULTADES QUE ESTÁN PONIENDO EN RIESGO LA GOBERNABILIDAD DEL PAÍS

El Presidente Enrique Peña Nieto es obstinado y torpe, no entiende o no quiere entender como están las cosas y no quiere ver la magnitud de las dificultades que están poniendo en riesgo la gobernabilidad del pais, su estrechez de miras no le permite advertir la realidad y quizá hasta requiera ayuda para atenuar un decaimiento en su salud emocional y mental ya que  incluso en su último mensaje a la Nación se le percibía sumamente desencajado, molesto, enfadado, fuera de cualquier parámetro de mesura, advirtiendose que además en su rictus facial denotaba gestos fuera de lo ordinario, así como muestras claras de extrema presión y estrés, a tal grado que varios analistas tuvieron la osadía de comentar la posibilidad que hubiere estado afectado en razón del influjo de algúna sustancia química. El lenguaje corporal usado por Peña le acusó ese desfase y la señalada fatiga mental, ya que además de sus ademanes amenazantes, se atrevió a regañar al pueblo e incluso llegando al grado de lanzar una estúpida pregunta : ‘¿Ustedes qué harían?’, lo que ha desencadenado un alud de críticas y respuestas plenas de burla y enojo de la población.

Peña se encuentra en el más bajo nivel de credibilidad y aceptación social, arrastrando consigo a su partido el Revolucionario Institucional (PRI), del que es dirigente omnímodo, en el cual, tiene como gerente en turno al tecnócrata aprendiz de político llamado Enrique Ochoa Reza, ese tan ético y honesto que al ser cuestionado hace algunos pocos años, cuando se desahogó el proceso legal para ungirlo como ‘Consejero Ciudadano’ del entonces Instituto Federal Electoral (IFE), manifestó que no tenía militancia partidista alguna, porque así le convenía al autonombrarse apartidista y ser catalogado como políticamente imparcial.  Al presidente y a su desprestigiado gobierno se les ha vinculado con asuntos de corrupción, impunidad e ineficacia; debiendo cargar también con la culpa tanto por la crisis que aqueja a México, la creciente violencia e inseguridad, como por la debilidad económica, el escaso crecimiento del nivel de bienestar de la mayoría de la población y el bajo nivel del desarrollo comunitario que deriva en ausencia de cohesión social, conjuntamente con el acendramiento del número de mexicanos inmersos en pobreza y sobreviviendo en condiciones infrahumanas, y además, ahora se le fustiga por las medidas que prohijaron el aumento en los precios de gasolinas, diésel, energía eléctrica y gas, detonando una creciente espiral inflacionaria que deteriora aún más la escasa calidad de vida de la mayoría de los mexicanos.

El tema que encendió más el rechazo popular que se ha venido decantando en ya muchas manifestaciones y marchas recurrentes, cada vez más numerosas ocurridas y que seguirán en diversas ciudades del país con la petición de renuncia del Mandatario vilipendiado, es el contraste entre las promesas y la presunción en cuanto a que por la eficiencia de las famosas reformas estructurales especialmente la inherente a energéticos, a partir del año pasado no solo no habría incrementos en precios de combustibles, sino que disminuirían sus costos, además de procrearse crecimiento económico, incremento de plazas laborales y mayor nivel remunerativo de las existentes, con el aliciente de moderar la inflación; cosas que evidentemente no se han cumplido.

Señaló Peña Nieto que la medida dictada, que tuvo por objeto el incremento en los precios al público de los energéticos era definitivamente necesaria e inaplazable, ya que, según sus argumentos: ‘o dejaban de subsidiar las gasolinas’ (lo que según las cuentas del Presidente y su financiero Meade es un monto de erogación del erario cercano a los 220 mil millones de pesos anuales), o habría severo recorte presupuestal en esa cantidad, afectando programas sociales; a lo que cabe preguntar en qué se gastó el ahorro de 190 mil millones de pesos que el propio Peña afirmó se logró en 2016 al supuestamente haber reducido su gasto corriente, debiendo señalar que hay una diferencia a favor del presupuesto de al menos 560 mil millones de pesos al estar calculado el ingreso presupuestal en relación a un precio de venta del barril de petróleo crudo a 22 dólares por unidad (que era el establecido cuando se elaboró y aprobó la ley de ingresos), en tantoel costo por barril  ahora está a más de 44 dólares por cada pieza.

No se puede dejar de exigir el cumplimiento de un ahorro al que se comprometió el propio presidente Enrique Peña Nietoa realizar este año en su gasto corriente, reduciendo al menos un 3.5% de las partidas del erario correspondientes a gastos no prioritarios o superfluos, que sería de al menos 250 mil millones de pesos y ese recurso deberá agregarse a la suma citada en cuanto a resultante del diferencial del ingreso a favor por el incremento en el precio de venta de cada barril de crudo al exterior, recurso que debiendo sumarse al monto de más de 260 mil millones de pesos que los mexicanos pagaremos por el aumento de precios en combustibles se consolidará en una significativa suma cercana a un millón doscientos mil millones de pesos.

Las dudas son fundadas y exigen respuesta urgente: ¿Qué se hizo con el ahorro de 190 mil millones? ¿En qué se va a gastar un millón de millones de pesos este año? En lugar de gastar ese dinero extra en asuntos superfluos, debe invertirse en obras y programas para promover el desarrollo integral y la cohesión social, así como, en pagar el enorme adeudo con proveedores de obras y servicios públicos, con lo que al inyectarse dinero se dinamizaría la economía.

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El peso baja su valor ante el dólar.

Peña y su grupito de cómplices deben confesar el derroche efectuado, permitiendo el gran saqueo al erario y especialmente a Petróleos Mexicanos (PEMEX), debiendo aceptar lo absurdo que es manifestar ‘que exista menos petróleo’; porque entonces no se estaría ofertando a las empresas privadas internacionales su explotación ajustando en todo caso el precio de los combustibles en México al vigente en el mercado de la mayoría de los países dejando de lado el impuesto especial (IEPS) que solo en nuestro país existe, debiendo impulsar el uso de otras fuentes energéticas alternativas más eficientes y menos onerosas para uso industrial  y la movilidad, promoviendo los necesarios incentivos fiscales.

Para estimular el mercado interno, el gobierno federal puede desgravar fiscalmente las prestaciones sociales al 100%,implementando, además, acciones de contención legal al aumento de precios e instaurar un salario mínimo que sea realmente remunerativo ya que el existente es una auténtica aberración.

El anunciado próximo incremento en precio de energéticos para hogar, movilidad e industria que será implementado durante los primeros días de febrero por el gobierno federal que encabeza Peña Nieto será otro guadañazo por la espalda al pueblo, agravando el disgusto social, por lo que se habrán de incrementar manifestaciones y los llamados actos de resistencia civil, acrecentando el riesgo de inestabilidad del país, pero parece que el presidente y su equipo, son ciegos y sordos o que eso ‘les vale madre’, parafraseando al nefasto y mal recordado ex gobernador de Jalisco Emilio González Márquez.

Peña debe calmarse y examinar detenidamente los próximos actos y decisiones de gobierno, a menos que pretenda dejar que el país reviente y el pueblo lo saque en andas. Es interesante ver y oír el video que con fuerte pero crudo y directo lenguaje le lanza un severo mensaje el actor Héctor Suárez, quien le dice lo que el pueblo piensa y expresa en la calle, así como, los diversos lugares de reunión, y palabras más o menos le exige que se vaya y deje de joder a México. 

Además, de reducir la exploración y extracción de petróleo crudo, el precio por barril de la mezcla mexicana de hidrocarburo ha pasado de pagársele a México por más de 100 dólares la unidad, a encontrarse ahora valuado en poco más de 45 dólares cada barril y aunque es casi lo doble del costo al que llego y se mantuvo por varios meses que fue 22.50 pesos, el resultado es lógico: El país obtiene mucho menos dinero por la exportación del pétreo energético y aunque el precio ha repuntado de forma importante, la realidad es, que a las autoridades no les ha caído el veinte en cuanto a que, se debe evitar tanto derroche y seguir canalizando grandes cantidades para cosas sin mayor importancia, en lugar de optimizar el recurso y ahorrar para trasladar ese importante monto de dinero público hacia la promoción del desarrollo socioeconómico integral, palear las necesidades de la población, procurar generar infraestructura y fomentar la competitividad.

México es más pobre, y la consecuencia automática de esto es que el peso se deprecia por ello, hace diez años el dólar valía 11 pesos y ahora lo venden en más de 22.

Siendo verdad que la mala proyección de la economía mexicana se ha agudizado por la victoria e inminente asunción a la Presidencia de Los Estados Unidos de América del patán y palurdo mercader neoyorquino sicofante de la política llamado Donald Trump, acentuándose las condiciones negativas de la economía por sus frecuentes amenazas contra nuestro país y sus acciones, puesto que aún no asume la Presidencia del vecino país del norte y ya está cimbrando a esta nación al forzar que con base en artimañas y abusando del poder que aún no tiene, ha logrado que varias organizaciones empresariales muy importantes suspendan, anulen o finiquiten sus inversiones en México, como es el caso de Ford, Fiat y General Motors entre otras, lo que está ocasionando, no solo la pérdida del empleo directo, sino el que se contamine y enrarezca el ambiente empresarial en general.

La mezcla de estos factores negativos acentúa la preocupación por el oscuro porvenir de la economía mexicana, siendo factor fundamental el temor y la incertidumbre sobre qué va a suceder a partir de hoy viernes 20 de enero, fecha en la que asumirá su cargo de Presidente de Los Estados Unidos de América el tal Trump, pues será hasta entonces, cuando podremos conocer qué tanto daño más podrá hacer a México, si consigue hacer realidad todas o la mayoría de sus promesas de imponer tremendos aranceles a las empresas que hagan inversiones en México;así cómo instaurar arteros gravámenes a la salida de dinero de los millones de mexicanos que mensualmente hacen llegar muy importantes sumas de dinero desde el vecino país hacia sus familias que habitan en nuestra patria, siendo un punto de inmensa preocupación el que realmente vaya a deportar a más de 7 millones de mexicanos que habitan allá y que por no contar con una estancia legal más allá del Rio Bravo, deban ser compelidos a abandonar la nación vecina,viniendo a empeorar el problema de pobreza y pobreza extrema, la escasez de oportunidades de empleo y por ende,la poca cohesión social y el incremento de índice delictivo.

Ya tomó posesión el lenguaraz magnate aprendiz de político y ya empezaremos a saber cuántas de sus amenazas quedarán en simple ‘jarabe de pico’ y cuáles de sus amagos y amenazas se convertirán en controvertidas y lesivas políticas públicas. 

Hasta ahora poco sabemos qué se hará por el gobierno mexicano que encabeza el Presidente Peña Nieto para afrontar y amainar los impactos nocivos del inicio del nuevo cuatrienio presidencial en Los Estados Unidos de América que habrá de presidir el tal Trump. Ya pronto conoceremos, si de algo servirá que Peña haya resucitado a Luis Videgaray Caso, a quien tras haberlo removido de su cargo como titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) por, como el mismo Presidente confesó: ‘debido al desgaste que causó la visita de Trump y haber sido el artífice de la invitación’, nuevamente lo restituyó, al designarlo a cargo de la Secretaria de Relaciones Exteriores (SRE) buscando con ello fortalecer la estrategia de comunicación, vinculación y concertación bilateral entre los gobiernos de México y ese vecino país al norte, pues se supone que Videgaray es un personaje bien visto por el payaso que ya es el Presidente.

En tanto, México sigue en el tobogán económico y el dólar divisa de la nación vecina, ha llegado a un nuevo máximo histórico al venderse a 22.50 pesos por cada unidad, no se advierte ninguna acción clara que desde el gobierno federal se esté pensando para contrarrestar la crisis económica y la consiguiente crisis social, ya que no habrá marcha atrás en cuanto a las medidas dictadas que provocaron artero incremento del precio al público de los combustibles y a principios de febrero volverán a ser incrementados, como tampoco se advierte ninguna decisión para reflexionar y establecer oficialmente un salario mínimo más alto, a fin dealiviar el consumo familiar.

El panorama no es nada alentador para la economía mexicana en general, ni para las familias en particular, pues hay una ya desenfrenada espiral inflacionaria y no parece haya nada a la vista para frenarla; ya incluso casi todas las instituciones y agencias públicas y privadas concernientes están generando información sobre el escaso crecimiento del país, que seguirá siendo entre 1.5 y el 1.7 por ciento, cifra demasiado lejana a la promesa de Peña Nieto, quien en su campaña e incluso durante el primer año de gobierno en este régimen sexenal a su cargo, ofreció y presumió que en razón de buenas prácticas gubernamentales y por resultado de las famosas reformas estructurales, México crecería en 2013 al 4%, y cada año crecería en al menos 1.5 puntos porcentuales adicionales, de ahí que para 2016 se jactaba el país estaría creciendo a un poderoso 8.5%, llegando al 10% en 2017, por lo que ahora queda ridículamente señalado como mentiroso, torpe y necio. 

Para sostener la adecuada relación entre crecimiento poblacional y las demandas de la población, el país debe crecer en al menos 2.8 por ciento, cifra que no ha alcanzado nunca en los años que lleva desgobernando Peña Nieto, ya que desde 2013, el promedio ha sido de apenas 1.6 por ciento, de ahí que sea contundente llamar a Peña un Mandatario fracasado que lleva al país al barranco.

Inicia pues la era Trump en el vecino país del norte, ya que llegó lo inexorable y empieza el periodo de cuatro largos años del patan y palurdo mercader neoyorquino sicofante de la política que, pese a haber obtenido casi dos millones de sufragios populares menos que la Señora Hillary Rodham-Clinton, logró más votos en el Colegio Electoral y fue declarado triunfador de la elección efectuada el pasado día 8 de noviembre de 2016 y a partir de hoy es Presidente de Los Estados Unidos de América, sucediendo al ya ahora expresidente Barack Hussein Obama, quien se va tras dos periodos, dejando la sensación de una buena actuación y amuchos millones de ciudadanos del vecino país del norte y del orbe lamentando que haya llegado al final su gestión presidencial, debido a que, además de las buenas acciones y su gratísima forma de ser y actuar como político, como Gobernante y como ser humano, existe el miedo, que es casi terror, en cuanto a las consecuencias de los actos y decisiones a cargo del que a partir de este día es el Presidente de una de las naciones que más influye en el mundo.

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Donald Trump.

Pero no solo muchos millones de los ciudadanos del país vecino al norte tienen miedo e incertidumbre en relación a lo que habrá de acontecer y el impacto relativo al inicio del mandato del ahora Presidente Trump, sino que México y los mexicanos, más los habitantes y gobiernos de muchos otros países del orbe también están con ese gran temor y zozobra por lo que ocurrirá y las consecuencias de actos y decisiones del magnate aprendiz de político, que tiene la capacidad legal y la incapacidad mental para provocar mucho daño.  

Desde la campaña que realizó al seno del Partido Republicano para obtener la nominación como abanderado del llamado ‘Antiguo Gran Partido’ o GOP, por las siglas del nombre ese que en inglés le dan en el vecino país al partido más conservador: ‘The Greit Old Party”, el payaso lenguaraz del gran copete ficticio -hasta en eso es un engaño-, ha generado amagos sobre que al llegar al poder presidencial en Los Estados Unidos de América habría de ejercer acciones orientadas a hacer de su país el del mayor poder en el orbe y con ello, según su discurso: ‘buscando protegerlo y haciéndolo nuevamente grandioso’, evitar que las inversiones que deben según su perorata quedarse o hacerse en su país, se vayan a otras naciones especialmente a México, de ahíque la amenaza es que impondrá enormes impuestos a las manufactureras que fabriquen fuera de su nación y quieran vender sus productos en el mercado interno de su país, además, que hará que se cobre un alto arancel a las exportaciones de dinero como son esas grandes cantidades que en conjunto envían a sus familias en México los millones de compatriotas que viven en suelo estadunidense, pero también amagando con deportar a cuanto mexicano esté viviendo en el país vecino ilegalmente.

El discurso de Trump se acentuó conforme avanzó la campaña por la Presidencia y más aún al ser declarado triunfador y llego ahora el momento de la verdad en cuanto a si sus promesas serán realidad.

Lo que parecía una mala broma cuando expresó su interés por la candidatura del Partido Republicano, que se convirtió en una posibilidad amenazante al lograr esa nominación, es ya una pesadilla tras haber ganado la elección, y se convierte ya en una lamentable realidad. Ojalá que los mexicanos logremos conjuntar esfuerzos para enfrentar las vicisitudes y salir airosos, quizá hasta con gananciales, ya que podría ser que de esta tempestad surjan cosas positivas y nos fortalezcamos.        

 

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