CHINA AL RESCATE

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Donald Trump y Xi Jinping.

Donald Trump y Xi Jinping.

CHINA Y MÉXICO PODRÍAN CRECER SU RELACIÓN COMERCIAL, SERÁ EL PUNTO DE PARTIDA DE UN NUEVO ORDEN ECONÓMICO MUNDIAL

Ya es oficial la advertencia de que si el gobierno del xenófobo sicofante de la política  y próximo presidente de la unión americana Donald Trump sigue desafiando al gigante asiático, en especial respecto del Mar de la China Meridional, tanto Beijing como Washington “deberían pensar en prepararse para un enfrentamiento militar”. “Como Trump todavía debe jurar su cargo, China ejerce prudencia cada vez que los miembros de su equipo expresan puntos de vista radicales, pero Estados Unidos, no debería pensar que Beijing tiene miedo de sus amenazas”, señaló un editorial del diario Global Times.

Hay que recordar que China se disputa la soberanía de ciertos archipiélagos del Mar de China Meridional como las Spratly o las Paracel con otros países de la región, como Filipinas o Vietnam. De cualquier manera, el conflicto parece haberse enfriado con la llegada a la presidencia filipina de Rodrigo Duterte, partidario de más diálogo con Beijing y no con Washington.

Justo en el momento en que Filipinas y Vietnam intentan mejorar sus relaciones con China, las palabras de futuro Secretario de Estado, Rex Tillerson no podrían ser más irritantes y es que son las más radicales que Estados Unidos ha emitido hasta ahora sobre la cuestión del Mar de China Meridional. Pero China a raíz de ello, también agitó el espectro del conflicto termonuclear. Y es que si las ideas del futuro secretario de Estado se pusieran en práctica en el mundo real, iniciaría el camino hacia una confrontación devastadora entre China y Estados Unidos.

En tanto, en un plano mucho más concreto, China acordó con Rusia una serie de medidas -no precisadas- contra el previsto despliegue del sistema antimisiles estadounidense en Corea del Sur. Entre otras capacidades técnicas del sistema, su radar puede adentrarse en territorios de China y Rusia. Por ello, China y Rusia urgieron de nuevo a Washington y Seúl a poner fin al proyecto para desplegar ese sistema antimisiles en territorio surcoreano.

Las contramedidas estarían dirigidas a salvaguardar los intereses de China y Rusia y el equilibrio estratégico de la región. Para Beijing y Moscú, la presencia del sistema antimisiles en suelo surcoreano afecta sus intereses estratégicos y modifica el equilibrio entre las grandes potencias.

Estados Unidos y Corea del Sur anunciaron en julio pasado un acuerdo para instalar el sistema tras las últimas pruebas de cohetes y ensayos nucleares de Corea del Norte.

Ahora lo que ha ocurrido a escasos días de la toma de protesta de Trump, es que con un portaaviones en el Pacífico y un flamante avión de combate, el ejército chino está mostrando músculo frente al estadounidense, quien como advertimos, reavivó las tensiones con Beijing en las últimas semanas al acercarse a Taiwán.

La prensa oficial china anunció que el único portaaviones del país, el “Liaoning”, se dirigiría por primera vez al Pacífico, y que un nuevo caza, el FC-31, había realizado su primer ensayo de vuelo.

Esas demostraciones de fuerza se producen en un contexto de tensiones con el próximo inquilino de la Casa Blanca, que criticó varias veces al gobierno chino desde su elección como presidente de Estados Unidos en noviembre.

Trump acabó con una política de cuatro décadas al conversar por teléfono con la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, a pesar de que China prohíbe cualquier contacto oficial entre sus socios extranjeros y los dirigentes de esta isla, cuya soberanía reivindica.

El multimillonario echó leña al fuego al mencionar un posible acercamiento entre Estados Unidos y Taiwán, a pesar de que Beijing nunca renunció a la posibilidad de recurrir a la fuerza para restablecer su soberanía sobre la isla, separada políticamente del resto de China desde 1949, tras la victoria de los comunistas en la guerra civil.

En ese contexto, los ejercicios realizados por el “Liaoning“, un portaaviones que Beijing compró a Rusia, no pasan desapercibido, máxime cuando es la primera vez que se dirige al Pacífico desde su entrada en servicio en 2012.

Según el ministerio taiwanés de Defensa, el portaaviones y su escolta se encuentran en el mar de China meridional tras haber navegado por el sur de Japón.

A mediados de diciembre, la marina china anunció que el portaaviones había realizado sus primeros ejercicios con fuego real con el lanzamiento de una decena de misiles.

Beijing asegura que esos ejercicios son rutinarios y que estaban previstos desde hace tiempo, pero la prensa local celebra que el “Liaoning” esté listo para el combate y que China esté construyendo otro portaaviones.

“Los portaaviones son herramientas estratégicas que sirven para mostrar el poder de China al resto del mundo”, escribe el diario nacionalista Global Times, que sueña el día en que un portaaviones chino navegará frente a las costas estadounidenses. “Si la flota puede navegar en zonas donde Estados Unidos tiene intereses vitales, esto cambiará la situación en la que Estados Unidos puede presionar a China de forma unilateral”, afirma este periódico cercano al régimen comunista.

Entretanto, Beijing debe acelerar la construcción de otros portaaviones y plantearse inmediatamente la instalación de bases de abastecimiento en centro o sudamérica.

Además de la marina, China también moderniza su ejército del aire, pues según ha trascendido, el país acababa de probar un nuevo prototipo de avión de combate furtivo, una versión mejorada del FC-31 Gyrfalcon, antaño conocido como J-31.

El aparato puede transportar ocho toneladas de armas, incluidos seis misiles en la bodega y otros seis en las alas.

El desarrollo armamentístico chino aún no impresiona a Washington, que dispone de una decena de portaaviones en servicio y de una red de bases navales repartidas en todo el mundo, pero por lo menos ya ha encendido los focos de alerta.

Para China, que no tiene bases en otros continentes, un portaaviones es sobre todo, un gesto simbólico y de consumo interno y esto apenas tiene importancia estratégica, pero le recuerda a Estados Unidos que China tiene una herramienta de presión en la región.

Xi Jinping con Peña Nieto.

Xi Jinping con Peña Nieto.

El conflicto es antiguo. El reclamo chino incluye alrededor de tres millones de kilómetros cuadrados de aguas del Mar Meridional o Mar de la China, arrecifes, rocas, atolones, cayos e islotes. Se trata de una superficie mayor en un tercio a la del Mediterráneo donde históricamente se produjo el intercambio cultural y comercial entre China, Vietnam, Tailandia, Filipinas e incluso la India.

China invoca el derecho de que el país dueño de una isla dispone de los 370 kilómetros de aguas circundantes y de los recursos que pueda haber en ellas y en el fondo del mar. Hay más de 200 islas naturales, a las que China suma islas artificiales.

Según China sus derechos están consagrados desde cuando las islas Paracel y Spratly eran consideradas parte de su territorio. Desde 2012 las define como un componente de sus intereses nacionales esenciales. Vietnam suele replicar que China solo comenzó a reclamar las islas en la década de 1940 y que los vietnamitas gobernaban la zona ya en el siglo XVII. Filipinas argumenta su proximidad geográfica, y lo mismo Malasia y Brunei. Del otro lado los Estados Unidos patrullan el Océano Pacífico porque argumentan que así garantizan el tránsito marítimo.

Un conflicto más es el que enfrenta a Japón y China por el derecho de posesión de las islas Diaoyu/Senkakus. En 1894 ya los dos países libraron una guerra. La zona es una de las más activas del mundo en términos comerciales. Además, las empresas petroleras de China, Vietnam, Filipinas y los Estados Unidos se esperanzan con la posibilidad de extraer 11 billones de barriles de petróleo y 190 trillones de pies cúbicos de gas.

Mientras tanto, cada jugador mueve sus fichas. Vietnam fue el último país que visitó John Kerry, todavía secretario de Estado de Barack Obama. Y China fue el destino de la última visita del jefe del Partido Comunista de Vietnam, Nguyen Phu Trong, que se encontró en Beijing con su colega Xi Jinping. Trong dijo que mejorar la relación con China es prioridad vietnamita. Xi calificó de estratégico el lazo con Vietnam. Los dos se comprometieron a dialogar pacíficamente para resolver las disputas marítimas. “Como hermanos”, dijeron.

El nuevo orden económico puede ser detonado por una alianza entre México y China, una nación asiática que entraría por la puerta grande a invertir en territorio mexicano y se convertiría en una válvula de escape ante una posible salida o renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) como lo prometió Donald Trump.

Y es que los mexicanos deberíamos pensar seriamente en la idea que de alguna manera México tiene que buscar el esquema de integración con Asia. Los acuerdos comerciales que serán pactados en Asia deberían de ser con grandes como China y la India.

Lo que China y México logren hacer en su relación comercial será el punto de partida para un nuevo orden económico mundial.

El triunfo del candidato Republicano es una amenaza real para la economía de México y el resto del mundo, por lo que no debemos quedarnos de brazos cruzados.

Donald Trump hizo campaña con una plataforma proteccionista y aislacionista, así como prometió a los ciudadanos estadounidenses cobrar aranceles a las exportaciones de México y China, esos cobros podrían volverse realidad en los próximos meses. Ahora bien, la llegada del presidente electo de Estados Unidos representa al mismo tiempo la necesidad de plantear nuevos horizontes y reforzar ante esta amenaza nuevos caminos.

Cada vez hay mayor coincidencia en que una alianza con los chinos es positiva para México, para el comercio internacional, para la inversión extranjera directa, así como para el futuro de la economía mexicana y de todo el mundo.

Las empresas chinas han invertido cerca de 421 millones de dólares de 1999 a 2016, pero también han habido reveses, hay que recordar que en esta administración pública federal se canceló el más importante proyecto de trenes para el sistema el ferroviario nacional desde el gobierno de Porfirio Díaz.

El 15 de octubre de 2014, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) recibió ocho cajas de empresas con sus propuestas para la construcción del tren de alta velocidad México-Querétaro, una licitación entregada a China Railway y sus socios mexicanos: GIA, Prodemex, GHP y TEYA. Pero fue cancelada y desechada la licitación del tren que costaría cerca de 50,820 millones de pesos.

También, durante este gobierno se frenó la construcción del Dragón Mart en Cancún, Quintana Roo, por irregularidades en temas ecológicos y de medio ambiente. Los chinos por ese proyecto pretendían dejar 180 millones de dólares de inversión extrajera directa a México. Sólo se llevaron una multa por 21 millones de pesos por parte de la Profepa.

Ahora, en el entorno regional China también tiene gran presencia y es que los préstamos chinos destinados a América Latina se han convertido en la fuente más importante de financiamiento externa para Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela, superando a instituciones financieras internacionales de mucho arraigo en la región. Desde 2010 a la fecha, los préstamos chinos han alcanzado los 94 mil millones de dólares (estadounidenses), frente a los 156,000 millones de dólares aportados por el Banco Mundial (BM), el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), según el estudio China y América Latina: Hacia una asociación por el desarrollo.

El financiamiento de los chinos está destinado a detonar proyectos de minería, las infraestructuras de transporte y la energía, mientras 60% de los proyectos de las instituciones financieras internacionales se centran en otros sectores (finanzas, educación, sanidad, medio ambiente y administración pública).

Entre 2015 y 2014, Venezuela recibió 47% del financiamiento de China en América Latina, Brasil se quedó con 19% de los capitales financieros de aquella nación asiática, a Argentina le dieron 16% de los recursos y a Ecuador se fue sólo 9% del financiamiento.

Desde 2013, China y México han estrechado sus vínculos financieros. Ese año los dos países acordaron una alianza estratégica integral, que sirve de marco institucional para resolver cuestiones relacionadas con intereses económicos bilaterales y mejorar la cooperación.

Desde la fecha, se han celebrado varias negociaciones para asegurar el acceso de productos mexicanos tales como el aguacate, el cerdo, las frambuesas, el maíz blanco, las moras, los productos lácteos, el tequila y la ternera al mercado chino.

Xi Jinping en su visita a México.

Xi Jinping en su visita a México.

China y México firmaron en 2014 un total de 14 acuerdos bilaterales por un valor que alcanzó los 7,400 millones de dólares. Los acuerdos incluían la creación de un fondo binacional de 2,400 millones de dólares para su uso por parte de compañías de ambos países para invertir en energía, minería, industria manufacturera de alta tecnología y turismo, así como en exportaciones agrícolas hacia China e investigación científica conjunta. Crearon el Fondo de Energía Sino-Mex entre la petrolera estatal mexicana Petróleos Mexicanos (Pemex) y tres compañías estatales chinas para invertir en proyectos de obras de infraestructuras energéticas, exploración y producción de petróleo y gas natural.

Estados Unidos dio un paso a un costado (al dejar atrás el TPP) y China está diciendo “los puedo ayudar”. La principal conclusión de APEC fue que China se convirtió en un tema de geopolítica en este momento, en donde el presidente electo de Estados Unidos, decidió cancelar su participación en el TPP.

Empresas de China han comenzado de manera silenciosa y alejada de los reflectores a capitalizar a 900 firmas mexicanas dedicadas al comercio, manufactura, servicios, industria y servicios en la Ciudad de México, Estado de México, Jalisco y Baja California.

Las empresas chinas están esperando ver qué pasa con el impasse vivido en el mundo para invertir en sectores como manufactura en México. De momento, México puede mirar a los inversionistas chinos y sería una excelente oportunidad para no estar atados de manos a las decisiones en Estados Unidos. La oportunidad real que se nos ofrece ahora Donald Trump, es que estemos forzados a mirar y a diversificar nuestro comercio hacía otras partes del mundo. No es posible que continuemos tenido un comercio y una relación económica tan ligada a un solo país como Estados Unidos, a donde terminan 85% de las exportaciones nacionales. Todo eso nos hace vulnerables.

La Secretaría de Economía (SE) tiene registradas 900 empresas mexicanas con inversión extranjera en su capital social de origen chino. En México 53% de las empresas se localizan en el subsector comercio al por mayor; en segundo lugar figuran las empresas que participan en comercio al por menor con 10.6% y 7.3% de las empresas participan en la manufactura equipo de transporte.

Otro dato relevante es que casi dos terceras partes, es decir 62.1% de las empresas con participación china se localizan en la Ciudad de México, seguidas por el Estado de México con 6.2%, Jalisco con 5.9% y Baja California con 5.4%.

La Ciudad de México es el principal destino de las empresas con participación china, de hecho ocupa el primer lugar de destino de las empresas al participar en 18 subsectores económicos (de un total de 20).

Los chinos no han venido a México a invertir en la misma proporción que lo han hecho en otros países, pero eso indica el enorme potencial que existe. China ganó una de las licitaciones de la ronda 5, con una inversión importante de 9,000 millones dólares en el trayecto y vida del proyecto.

México cuenta con la posición geográfica y logística para ser ofrecida como un elemento fundamental en el comercio de bienes y servicios, para China sería la puerta al continente entero. La posición nos permite aspirar a que otros países piensen que somos los mexicanos un centro de inversiones y de sinergias, porque no estamos buscando sólo inversiones que vengan, sino que hagan asociaciones con las industrias mexicanas.

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1 comment

  1. Ma. Del Carmen Villaseñor 17 enero, 2017 at 03:17 Reply

    Excelente documento, Historico y actual. Un socio comercial como lo es el Gigante Asiático, para México sería volver los ojos a otros horizontes que no sean los del vecino país, a lo que estamos acostumbrados. Tenemos toda la infraestructura para lograrlo, el mejor puerto estratégicamente y geográficamente para negociar con China y sus aliados Sólo faltaría el ingrediente más importante, que estén al frente mexicanos íntegros, capacitados, y al margen de la corrupción ( lo más difícil ) Este artículo ya es un buen paso hacia adelante. Animo !!

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