El gasolinazo y el regreso del “hijo pródigo”

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Peña Nieto y Luis Videgaray.

Peña Nieto y Luis Videgaray.

ES PREOCUPANTE EL INCREMENTO GENERALIZADO DE LOS PRODUCTOS Y SERVICIOS EN MÉXICO POR EL GASOLINAZO

Todos los mexicanos sufrimos el duro golpe anunciado por el gobierno federal en torno a la indiscriminada alza de los energéticos que no solo se refiere a las gasolinas, sino también al gas LP y al suministro eléctrico, lo que desde luego también conlleva a una serie de aumentos generalizados en muchos productos y servicios, de ahí que la reacción del pueblo mexicano no se hizo esperar, repudiando de inmediato tales medidas y emprendiendo acciones que van desde la manifestación de la inconformidad en redes sociales digitales, hasta la toma de calles, avenidas y carreteras en reacción a los duros golpes en la economía familiar propiciados por el gobierno en turno.

Es lamentable que a la par del libre derecho que se tiene a manifestarse en contra, en este caso, de las acciones gubernamentales, se estén registrando a lo largo y ancho del país, reprobables actos de rapiña y saqueo violento en diversas tiendas departamentales, de autoservicio y de conveniencia, y que también esa reacción ríspida se haya tornado en salvaje al atacar edificios públicos y privados, provocando desmanes y graves daños a terceros en hechos que ciertamente son constituyentes de graves delitos. Sin embargo, lo que no se ha señalado al margen de que hay teorías que apuntan a que detrás de todos estos movimientos delictivos existe un interés político-partidista para que alguien, como coloquialmente se dice, lleve agua a su molino, es que nada de esto se hubiera provocado de no haberse concretado los golpes a la economía nacional producto de las malas políticas publicas diseñadas para preservar la estabilidad financiera, y de la que ahora se acusa, no son a causa de esta administración, sino de la consecuencia de años de despilfarro y mala gestión, aunadas a las actuales condiciones económicas internacionales que presionan los precios de los productos que han sido elevados de precio.

Sea como fuere, de lo que esta administración si es responsable, es del manejo de las crisis y de la forma en que afronta y comunica la situación, lo cual, como sabemos y ha quedado claro en cada problema en que ha caído la presente gestión pública, ha sido de manera errónea y reaccionaria, pues es hasta después de que se ahogó el niño cuando se quiere tapar el pozo.

El Presidente Enrique Peña Nieto salió con su domingo siete en miércoles cuatro, y es que anterior al mensaje que se dijo daría al mediodía del miércoles cuatro de enero del presente año, se generó un halo, incluso hasta de misterio, pues no se sabía ciencia cierta lo que diría el mandatario nacional, sobre todo cuando para ese momento las manifestaciones en todo el país ya nada ni nadie las paraba y la violencia crecía, muchos, creyeron que sería un mensaje en tono conciliador en el que el Presidente reconocería errores y procuraría tomar acciones enérgicas para enmendar los anuncios de las alzas en los energéticos. La decepción y asombro vinieron tras sus declaraciones, en donde no solo sostuvo que los incrementos quedarían firmes, sino que también le dio la bienvenida al “hijo pródigo”, a quien tuvo que sacrificar hace unos meses tras la escandalosa visita del sicofante de la política, el xenófobo Donald Trump, entonces candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos de América, cuya presencia en el país fue orquestada nada más y nada menos que por el hombre con mayor cercanía a Peña Nieto, Luis Videgaray Caso, entonces Secretario de Hacienda.

Así, a casi tres meses desde su renuncia como secretario, Luis Videgaray regresa para un segundo aire en el gabinete presidencial, pero ahora como flamante titular de Relaciones Exteriores.

La del miércoles, fue la primera aparición pública del mandatario tras sus vacaciones invernales, y también la de Videgaray desde que renunció, pues Peña Nieto determinó preservar sus “merecidas” vacaciones jugando golf con el Gobernador electo de Sinaloa Quirino Ordaz, en un campo adyacente a una lujosa instalación hotelera en paradisiaca playa de Mazatlán, en vez de atender la severa problemática ocurrida por las manifestaciones sociales de enojo y reclamó que ya habían estallado desde dos días antes en toda la nación.

La perla del día, se la llevo Videgaray, quien en un acto no de honestidad, sino de aplastante cinismo dijo: “Yo no conozco la Secretaría de Relaciones Exteriores más que como se puede conocer desde fuera. No soy diplomático, nunca he tenido más allá de los encargos propios de la Secretaría de Hacienda en la representación de nuestro país”.

Si no sabe nada, como todos sabemos que es así, ¿entonces a que viene?, quizá su única gracia sea en este momento, que como ha trascendido, Luis Videgaray Caso, fue palomeado desde la Torre Trump en Nueva York, donde despacha el que lamentablemente será en unos días más ungido como Presidente del país más poderoso del orbe.

Será acaso entonces como lo dejó entrever el disminuido y avejentado Presidente Peña, al encomendarle palabras más, palabras menos, que parte de su trabajo debería ser de relación con el nuevo próximo gobierno del vecino país del norte, que ahora como Canciller venga para salvar a México, como el Time supuso erróneamente sobre su jefe. Ahora, nadie recordará que con Videgaray el peso se devaluó gravemente, que desde su oficina se planearon los gasolinazos, que desde su escritorio observó impávido cómo los gobernadores de su partido saqueaban a sus estados. Su misión es ahora, no se sabe si ¿contra?, o ¿junto a Trump?, ese que provocó su salida y su regreso.

Total, que después del cacaraqueado anuncio que no dijo nada nuevo en realidad, lo ánimos se encendieron aún más y en todo el país las reacciones no se hicieron esperar, hubo de todo, desde las chuscas que inundaron las redes sociales digitales, hasta las violentas que cobraron por lo menos la vida de una persona y en que resultaron heridas decenas en las trifulcas que se han armado con el saqueo de comercios. A esta consecuencia hubo una reacción más, otro anuncio, en el que también no pocos esperaban mesura y recule del mandatario nacional tras haber incendiado al país con sus torpes declaraciones, el resultado fue que termino de quemar lo poco que faltaba de patria y enojar a quienes aún se mantenían a la expectativa. Y es que el Presidente salió no a presentar acciones contra las alzas, sino a defenderlas como si eso fuera posible y a emitir una especie de regaño al arengar “ustedes que hubieran hecho”. Fue tan lamentable la pobre y burda explicación de Peña que de inmediato provocó mayores reacciones (negativas por supuesto) sin dejar de lado la burla y critica, pues tanto en el tono de voz como en la imagen física, se escucha y ve a un hombre desesperado, enredado en sus propias mentiras, pagando las consecuencias de sus ominosos actos, disminuido, atribulado y como dijera la canción, “flaco, triste, cansado, ojeroso y sin ilusiones”.

En tiempos de la otrora Francia en que prevalecía el régimen absolutista, el camino al rey era a través de sus seres más cercanos. Si alguien requería un favor, un nombramiento o incluso un capricho para el que necesitara permiso especial, sólo tenía que hablar con alguien que tuviera acceso al oído del monarca. Así, por lo menos se le garantizaba una audiencia en que el interesado fuese escuchado. Aunque también hay que decirlo, lograr que se le otorgara lo que pedía, eso ya era otra cosa; pero por lo menos, se allanaba el camino.

Tres siglos después, aquí en occidente, el camino a Donald Trump –quien se comporta como monarca del país más poderoso del orbe, a pesar de que sigue siendo presidente electo– parece ser el mismo que el de la Francia del siglo XVIII. Para llegar a él hay que pasar por su hija, Ivanka, quien está presente en las reuniones con diplomáticos, así como del otro lado del teléfono cuando un Presidente o alto funcionario llama para conversar. O por Jared Kushner, su esposo, un hombre de 35 años sin experiencia previa en política, pero la voz de mayor peso en el pensamiento de Trump y casualmente, conocido de un mexicano que también todos conocemos y no precisamente por sus positivas contribuciones a la patria, sino por todo lo contrario, Luis Videgaray Caso, el “renacido”, con aires de grandeza, que camina flotando y que se comporta como si la vida no lo mereciera, pues tras habérsele resucitado se comporta cual si fuera el mesías que el país requiere para salir del atolladero que irónicamente en mucho fue propiciado por él mismo y por supuesto, por su jefe, Enrique Peña Nieto.

Es así que, gracias a esta estructura, que en pleno siglo XXI sobrevive en unos cuantos países –en las exrepúblicas soviéticas de Azerbaiyán y Kazajistán, por ejemplo, donde el acceso a los presidentes/dictadores también es a través de sus hijas–, ahora se erige en Estados Unidos y estará en pie durante, por lo menos, los próximos cuatro años, Luis Videgaray es hoy responsable de las relaciones exteriores de México.

Donald Trump.

Donald Trump.

La estrategia parece tan sencilla que puede calificarse de ridícula: según The Wall Street Journal, Videgaray habló con Kushner y Kushner habló con Trump. Trump vino a nuestro país y se logró comportar durante unas horas. Pero tan sólo logró poner un pie fuera, regresó a ser el de siempre, y de paso rebajó la comunicación social de la presidencia mexicana al lodo: durante toda la tarde, la cuenta de Twitter del Presidente emitió tuits comparables a los de un adolescente que grita “¡Obvio no!” cuando quiere negar algo. Pero, en el razonamiento del sesudo Presidente Peña, Kushner por lo menos escuchó a Videgaray, y algo es algo. Y en tiempos en los que la economía nacional y la mundial penden de un tuit del presidente electo de Estados Unidos, para Peña Nieto esto es más que suficiente para darle la cartera de relaciones exteriores a un economista que en su primer discurso admitió, como ya se ha dicho, no tener la más mínima idea de a dónde estaba llegando.

El principal objetivo de Videgaray es poder llegar al oído de Kushner, una persona mucho más complicada de lo que parece a primera vista, y cuya historia personal semeja la trama de una película de mafiosos estadounidenses. Su padre, Charles, fue sentenciado a dos años en una cárcel federal por pagar una prostituta para su cuñado, grabarlos y después chantajearlo. Según narra la historia del reportero Daniel Golden, Jared nunca olvidó al fiscal que envió a su padre a la cárcel, Chris Christie, hoy gobernador de Nueva Jersey y uno de los principales promotores de la campaña de Trump a la presidencia. Una vez elegido presidente, Trump nombró a Christie jefe de su equipo de transición. Pero a los pocos días ya estaba en la calle. Kushner, quien llevaba años esperando el momento de la venganza, liquidó a Christie y a su gente al más puro estilo de la vendetta mafiosa.

Con él es con quien debe negociar Videgaray ahora, a la espera de que un hombre de apariencia sencilla y afable, que en realidad tiene un lado oscuro, simpatice con la situación de los mexicanos dentro y fuera del país. En caso de convencerlo deberá sortear un obstáculo más complicado: un hombre que en contadas veces escucha a sus asesores.

Todo esto se sigue dando en el contexto del gran y preocupante rechazo de millones de mexicanos a los aumentos de los energéticos anunciados por el Gobierno Federal.

Es preocupante observar que se está dando una especie de incremento generalizado de los precios y, que estos, no corresponden a la estructura de costos que tiene cada bien o servicio. Es decir, un aumento del 16% promedio en el precio de las gasolinas no tiene por qué aumentar los precios en un 16% de manera general, porque la gasolina es solo uno de los muchos insumos que influyen en el precio de un bien o servicio. En algunos, como el transporte, el combustible es un insumo ciertamente importante, junto con reparaciones, partes desgastadas, choferes, etc.; pero en otros, es una materia de poca monta. Los comerciantes que se han dedicado a reetiquetar mercancías indiscriminadamente y en porcentajes muy superiores a la estructura de sus costos deben ser conscientes de que están provocando la misma escalada de precios que hizo mucho daño al país en la década de los años 80’s y 90’s.

Los comerciantes no deben provocar pánico inflacionario. La inflación es un fenómeno que se autoalimenta y que se puede volver incontrolable si no se le ataja oportunamente.

El encarecimiento de la energía disminuye la competitividad del país para atraer inversiones extranjeras en un momento en el que éstas están siendo presionadas para no llegar o para salir de México. Asimismo, su alto costo disminuye la competitividad de la industria nacional en relación con sus competidores extranjeros que cuentan con energía más barata. El alza está afectando, especialmente, a las micro, pequeñas y medianas empresas que son las que tradicionalmente han generado más empleo en México. Por ambas vías, es decir, por el encarecimiento de las gasolinas y por el movimiento inflacionario podría ocasionarse una recaída en el crecimiento económico del país con inflación, es decir, el terrible mal económico de la estanflación.

En su más reciente y triste mensaje, un ojeroso presidente mexicano, como se habrá de recordar dijo: ¿ustedes que habrían hecho?; pues las respuestas no se han dejado esperar, y muchas de ellas en verdad han sido como bofetada para el mandatario que un día y otro también se empeña en seguir hundiendo al país.

Sobre las alternativas que se han expresado para aminorar los efectos negativos de los incrementos, destacan la disminución y de ser posible, la eliminación del IEPS en los precios de las gasolinas y el diésel como una forma expedita de detener la espiral inflacionaria. La eliminación del IEPS de las gasolinas sólo significaría un sacrificio fiscal equivalente al 3.1% del Presupuesto de Egresos de la Federación para este año y es factible pedirle a cada dependencia hacer esta reducción. Las administraciones municipales, estatales y federales del país y los tres poderes de la Unión deben hacer una revisión exhaustiva de sus procesos y presentar una lista de gastos superfluos, dispendiosos equivalentes, al menos, al 4% de su presupuesto. En este ajuste pueden estar involucradas, disminuciones en privilegios salariales, como bonos especiales pagados por encima de la ley, y la eliminación o disminución de programas y oficinas no prioritarios. En este sentido, todos los niveles de gobierno deben retomar el presupuesto Base Cero porque ayudaría a mantener los programas y recursos humanos y materiales que realmente tienen un impacto benéfico tangible para la sociedad y eliminar aquellos que no tienen ninguno.

Ahora bien, como ya lo han expresado los líderes empresariales e industriales, acabar con la corrupción que ha llegado a niveles escandalosos sería una medida encomiable. Si tan sólo se terminara con este flagelo no habría que hacer otra cosa para retomar la senda del bienestar de la población y del crecimiento económico.

Tras la visita de Donald Trump a México-, dijimos que habría que estar atentos a nuevos ‘errores’ del presidente, Enrique Peña Nieto, que nos ayudarían a confirmar o descartar la hipótesis de que tiene toda la intención de enterrar las posibilidades de su partido rumbo a la elección presidencial de 2018.

Hay dos opciones: o de veras es tan torpe que se equivoca demasiado con decisiones impopulares -como el mega ‘gasolinazo’, por citar un simple ejemplo-, o esas equivocaciones son intencionales, con el propósito de infligir un daño grave no a su popularidad -que ya es irreparable, y lo sabe-, sino al PRI. Los aspirantes presidenciales de ese partido deben estar muy preocupados, incluido el propio secretario de Hacienda, José Antonio Meade, a quien versiones periodísticas colocan como un posible candidato.

A propósito, haber dejado al propio Meade y no a un subalterno como el responsable de dar la cara y de defender el gasolinazo, mientras el Presidente y el resto del gabinete estaban de vacaciones, fue un golpe bajo que le ha echado al titular de Hacienda, una pesadísima carga. En suma, Peña Nieto sigue empecinado en hundir a su partido, en preferir la irresponsabilidad y el clientelismo en el ejercicio del gasto público, a la responsabilidad; en incumplir su palabra y promesas a costa de la estabilidad económica presente y futura del país; y en encajar el diente a los contribuyentes mexicanos, ahora sí que como dice el dicho, palo dado ni Dios lo quita.

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