Gasolinazo y repudio al gobierno

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Ruben MartinEl gasolinazo es la muestra más clara de la incompetencia del gobierno de Enrique Peña Nieto y del fracaso no sólo de sus reformas estructurales, sino de todo el proyecto neoliberal que ha guiado las políticas de los pasados cinco gobiernos presidenciales en México.

El anuncio del pasado 27 de diciembre de que el precio de las gasolinas aumentaría hasta en 20 por ciento ha generado un repudio social generalizado, y producido una de las mayores movilizaciones de protesta en años recientes.

De pronto, millones de mexicanos descubrieron el engaño de la reforma energética. El gasolinazo desnudó la mentira repetida por Peña Nieto y sus ministros de que con la reforma energética el precio de los combustibles bajaría en el país. Por el contrario, los mexicanos pagamos una de las gasolinas más caras del mundo (sobre todo al considerar el salario mínimo tan bajo que se paga en el país), a pesar de todavía ser un país con importantes reservas de petróleo.

En estos días de indignación y furia social, Peña Nieto no ha tenido la valentía de dar la cara para defender su medida o para anunciar algún cambio. Por el contrario, lo que se sabe es que disfrutaba sus vacaciones jugando golf con sus amigos ricos de Mazatlán. La mayoría de los diputados que aprobaron tanto la reforma energética como la Ley de Ingresos federal donde se consignó el aumento en la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), tampoco dieron la cara, pues estaban muy ocupados con disfrutando de un periodo vacacional de 47 días.

Los burócratas de Hacienda que trataron de justificar el gasolinazo no salieron bien librados. La explicación del secretario de Hacienda, José Antonio Meade básicamente planteaba que era el gasolinazo o el recorte en educación, salud y programas sociales. Jamás le cruzó por la cabeza que una opción era un drástico programa de austeridad en el gobierno federal, que pasa por recortar privilegios a la alta burocracia, por ejemplo la de asignarles coche, con chofer y gasolina incluida.

Amparados en la consigna de que “es un medicina amarga, pero necesaria”, los tecnócratas de Hacienda y del gobierno federal, justifican las medidas que tienen efectos negativos sobre la mayoría de la población como fatalidades.

Pero no es así. El gasolinazo no era una fatalidad; se trata de medidas contingentes que pudieron o no haber ocurrido.

Ocurren por políticas deliberadas para debilitar Petróleos Mexicanos (Pemex) cargándola de impuestos y alta burocracia, además de tolerar la corrupción de los caciques sindicales.

Pero otro tipo de políticas petroleras y decisiones quizá pudieron haber encaminando a Pemex a una política petrolera de finanzas sanas y responsables que habrían ofrecido a la sociedad mexicana enormes beneficios.

Ahora estamos en el peor de los mundos: una nación con extraordinarios recursos petroleros, pero sin capacidad de refinación lo que obliga al país a vender petróleo crudo barato y comprar gasolina refinada cara.

Si se hubieran atendido las recomendaciones de los expertos y profesionistas petroleros nacionalistas que hace quince años proponían construir refinerías, la sociedad mexicana no estaría en las calles protestando en contra del gasolinazo.

El gasolinazo no sólo significa pagar un precio más alto por combustibles que tenemos de sobra en el subsuelo. Es la prueba patente del fracaso de una clase política que ha despilfarrado la riqueza petrolera con sus corruptelas, con políticas que benefician a las corporaciones privadas y el desdén y desprecio a sus gobernados. Por eso ahora la mayoría de la población está harta, indignada y repudiando a toda la clase gobernante. A punto de irse al basurero de la historia.

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