INJERENCIA RUSA

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Vladimir Putin, el más influyente según Forbes.

Vladimir Putin, el más influyente según Forbes.

El presidente ruso, Vladimir Putin, es la persona más poderosa del mundo, pues ha logrado extender su influencia no solo a su país, sino a Siria e incluso a Estados Unidos, lo anterior de acuerdo a la publicación Forbes, la más influyente revista especializada en el mundo de los negocios y las finanzas del orbe.

Sobre Putin, la publicación señala que “sigue consiguiendo lo que quiere. Sin ser restringido por normas globales convencionales, su alcance se ha ampliado en los últimos años”. El ruso repite este año en el primer lugar, pues fue nombrado el más poderoso también en 2015. En segundo lugar, está el presidente electo de Estados Unidos, el xenófobo racista sicofante de la política Donald Trump, quien contra todos los pronósticos ganó la elección el pasado 8 de noviembre y tomará posesión del cargo el 20 de enero.

El tercer puesto es para la canciller alemana Angela Merkel, y la única mujer entre los primeros cinco puestos. Xi Jinping, mandatario chino, es el cuarto lugar; le sigue el papa Francisco. En sexto lugar está Janet Yellen, titular de la Reserva Federal del vecino país del norte.

El séptimo lugar es para el millonario Bill Gates; en octavo Larry Page, CEO de Alphabet; Narendra Modi, primer ministro de India; y en décimo Mark Zuckerberg, presidente ejecutivo de Facebook. Dos mexicanos se encuentran en la lista, el empresario Carlos Slim Helú en el número 17, y el presidente Enrique Peña Nieto en el 54.

La publicación destaca de Peña Nieto su “profunda impopularidad en el país”, así como que la visita de Trump en agosto pasado, cuando aún era candidato presidencial, no ayudó a cambiar la propuesta del magnate de construir un muro en la frontera entre Estados Unidos y México.

Señala que aunque Peña llegó a la presidencia con la promesa de terminar la guerra contra las drogas y revitalizar la economía, su administración ha estado envuelta en escándalos de corrupción y continúa la violencia y un débil crecimiento económico. En el listado, solo hay seis mujeres como las más poderosas del mundo. Además de Merkel y Yellen, en el lugar 13 está Theresa May, primera ministra de Reino Unido y en el 25 Christine Lagarde, titular del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El más joven de los poderosos es Mark Zuckerberg, seguido de Kim Jong-un, líder de Corea del Norte con 32 y 33 años respectivamente. Les sigue Travis Kalanick, el presidente de Uber con 40 años.

Pero no solo es la influyente revista la que le da a Putin el título del hombre más poderoso del orbe, hay también claras evidencias de que sin duda así lo es, por ejemplo, la Casa Blanca sospecha que el presidente ruso estuvo directamente involucrado en el hackeo a páginas de ese país con el fin de interferir en la elección presidencial de noviembre.

Sin embargo, el gobierno de Barack Obama hasta ahora no ha presentado pruebas públicas. Tanto Ben Rhodes, un asesor presidencial, como el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, han hecho pública la implicación de Putin en el ataque informático a la campaña demócrata de Hillary Clinton.

En contraste, las autoridades de Rusia han negado en repetidas ocasiones el señalamiento sobre el hackeo que la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) ha estado investigando. El Kremlin expresó su molestia con las afirmaciones de que Putin organizó la intrusión cibernética con la esperanza de influir en el resultado de las elecciones en las que Donald Trump resultó vencedor.

A todo se añade un informe de la cadena de televisión estadounidense NBC que asegura que el gobierno estadounidense tiene pruebas de que Putin decidió personalmente a dónde se filtraría la información obtenida mediante el hackeo.

La información obtenida fue entregada a WikiLeaks y publicada en línea, lo cual generó varios momentos embarazosos para los demócratas que sacudieron su campaña electoral.

El informe de la NBC, que citó a dos altos funcionarios no identificados, dijo que la campaña de robo de información comenzó como una “venganza” contra Clinton: “Un esfuerzo para mostrar la corrupción en la política estadounidense y escindido aliados estadounidenses clave”.

La acusación señala que Putin actuó en contra de Clinton debido a que cuando fue Secretaria de Estado puso en duda las elecciones parlamentarias de 2011 en Rusia. Entonces, el mandatario ruso la acusó públicamente de fomentar las protestas callejeras.

Trump, como es obvio también ha rechazado las afirmaciones de que la inteligencia rusa se infiltró a los correos electrónicos del Partido Demócrata y de John Podesta, el jefe de la campaña de Hillary Clinton.

Trump también negó un informe de la CIA que concluyó que los piratas informáticos rusos intentaron ayudarlo a ganar la elección.

El Departamento de Seguridad Nacional y la Oficina del Director de Inteligencia Nacional emitieron un comunicado afirmando que Rusia había orquestado el hackeo. Eso incluye las intrusiones ilegales al Comité Nacional Demócrata y el Comité de Campaña Demócrata del Congreso.

Rusia es un país que tiene un gobierno y un parlamento, un primer ministro y un Consejo de Seguridad Nacional, Putin está sentado en la cumbre de una estructura vertical de poder que él mismo creó. Esto lo aprecian quienes quieren a un gobernante fuerte para el país más grande del mundo, pero lo rechazan quienes consideran que su gobierno se ha tornado autoritario y poco respetuoso de los derechos humanos.

Donald Trump, presidente electo.

Trump ocupa el segundo puesto de las personas más poderosas de acuerdo a Forbes.

Putin, quien hoy tiene 61 años, es amado u odiado, pero las pasiones que despierta parecen tenerle sin cuidado. Su estilo de mano dura y sus palabras que con frecuencia se saltan los protocolos diplomáticos van acompañados de una mirada inescrutable. Quizá por eso una biografía crítica sobre él se titula “El hombre sin cara”. Esa apariencia fría y calculadora ha puesto a dudar a sus pares internacionales.

Poco antes del 11 de septiembre, el entonces Presidente George W. Bush se vio en aprietos cuando le preguntaron si podía confiar en Putin. Bush respondió que tras mirarlo a los ojos encontró a una persona “directa y confiable” y pudo obtener “una impresión de su alma”. No muchos saben exactamente qué quiso decir Bush, pero su secretario de Estado, Colin Powell, no estuvo de acuerdo. En un documental de la BBC, Powell recuerda haberle dicho a su jefe: “Yo todavía lo miro a los ojos y veo a la KGB”, en referencia a la agencia de seguridad de la Unión Soviética en la que Putin trabajó durante 16 años.

De su época de espía, varios analistas estiman que le quedó la noción de que el estado debe tener la prioridad absoluta -a veces incluso en detrimento de la democracia- así como una frecuente desconfianza de Occidente. Putin ha tratado de impedir una mayor influencia de Occidente a través de demostraciones de fuerza, como ocurre ahora en Crimea.

Así como ha aparecido en fotografías montando a caballo con su pecho a la vista o nadando en un río siberiano, también ha intentado presentar a un país en buen estado físico. Para sus asesores, un mandatario que cuida de sí mismo equivale a decir que también cuida de su país.

Sus detractores lo ven narcisista, pero sus seguidores valoran esa vitalidad. Una canción tecno que sonó en 2002 en Moscú decía: “Yo quiero un hombre como Putin que esté lleno de fuerza, yo quiero un hombre como Putin que no beba”.

La letra es una referencia al problema del alcoholismo en Rusia, que afecta principalmente a los hombres, y representa el contraste entre el presidente y su antecesor, Boris Yeltsin, un mandatario más viejo, más extravagante y mucho menos saludable que le abrió las puertas del poder. Lo curioso es que, a diferencia de su importancia actual, en un comienzo no muchos apostaron por ese novato que en 1999 se convirtió en el quinto primer ministro de Rusia en 18 meses.

Pero Putin se catapultó al Kremlin cuando lideró el envío de tropas a Chechenia ese mismo año, algo que muchos vieron como un triunfo militar, pero radicalizó a los rebeldes chechenos. Desde que se convirtió en mandatario en 2000, su meta ha sido volver a convertir a Moscú en un gran poder global. No ha ocultado su nostalgia por la Unión Soviética (calificó su colapso como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”) y no ha dudado en defender su zona de influencia.

Cuando Yeltsin le entregó la presidencia, un país desmoralizado y en crisis económica, Putin afirmó que “por primera vez en los últimos 200 o 300 años, Rusia enfrenta la amenaza real de resbalarse al segundo o incluso al tercer escalón de los estados del mundo”.

Para evitar ese resbalón se dispuso a recuperar la economía impulsado por los vastos recursos naturales del país y quitarles a los oligarcas la gran influencia política que tuvieron bajo Yeltsin. Fue controvertido, pero le ayudó a asegurar un mayor control en Moscú.

Sus aliados también controlan buena parte de los medios de comunicación y ha incrementado las restricciones para organizaciones no gubernamentales con vínculos extranjeros, muchas de las cuales se enfocan en reportar abusos de derechos humanos.

Esas políticas las combinó con un componente militar que ha sido un fundamento tanto de su ascenso político como de su gobierno. Eso incluye las acciones en Ucrania, pero también el misil intercontinental que probó en los últimos días o sus intentos recientes de tener una mayor presencia en países como Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Todavía está por verse qué resultará de esos intentos. Lo que nadie duda es que mientras Putin siga aferrado al poder -y ya lleva casi 15 años en él- hará lo posible para que la visión de Rusia se destaque en el plano internacional por más polémica que resulte.

Occidente sabe que tendrá que contar con él: no por nada Putin aparece descrito en los cables diplomáticos revelados por WikiLeaks en 2010 como el “macho alfa” de Rusia.

La famosa “doctrina Monroe”, -que en su origen se trataba de la expresión de no intervención de Europa en América, pero que en los hechos abrió la puerta a la injerencia de los Estados Unidos en todo el continente- ha quedado corta frente a los hechos en que Rusia ha participado activamente, y es que si en el caso estadounidense la premisa era “América para los americanos”; en los rusos parece ser “El mundo para los rusos”, y es que hay que recordar que la Agencia Central de Inteligencia CIA ha llegado a la conclusión de que Rusia intervino en las elecciones estadounidenses para ayudar a Donald Trump a ganar. Pero aunque a algunas personas les sorprenda que Rusia interfiera en la política estadounidense, este tipo de tácticas formaron parte del plan de influencia del Kremlin en la época postsocialista y, ahora -bajo el mandato del presidente Vladimir Putin-, cada vez se utilizan más en las democracias occidentales.

Mientras Putin busca reafirmar el lugar de Rusia en el mundo, el refuerzo de las relaciones políticas con aliados occidentales es una parte clave de su estrategia de influencia.

Ahora que Trump ha ganado, es probable que el Kremlin aumente el ritmo de propuestas a los candidatos populistas que critican a la OTAN, a la Unión Europea y a Estados Unidos (todas amenazas para Rusia). Tal y como ya han hecho, los populistas estarán más que encantados de devolver esta muestra de afecto.

El Kremlin ha emitido propaganda para apoyar a los populistas europeos en los medios de comunicación estatales (el canal de televisión RT y la agencia de noticias Sputnik), a través de trolls de Internet y de falsos periodistas. El finaciamiento de trolls y de falsos periodistas es algo opaca desde que Putin está en el poder, pero Rusia ha reconocido abiertamente invertir millones en RT y en Sputnik, que disponen de páginas en distintos idiomas europeos. Esta semana, RT ha recibido 19 millones de dólares del Gobierno ruso para lanzar un canal en francés. Estas herramientas de propaganda desinformativa recuerdan a las medidas que utilizó la Unión Soviética para infiltrarse y manipular la política occidental durante la Guerra Fría.

Además está el hackeo. El servicio de inteligencia alemán afirma que Rusia está llevando a cabo ciberataques y ciberespionaje de cara a las próximas elecciones alemanas, que tendrán lugar el próximo otoño. El jefe de la agencia explica que el hackeo con el que consiguieron información del Parlamento alemán, que se ha publicado hace poco en WikiLeaks, lo realizó el mismo grupo ruso que hackeó el Comité Nacional Demócrata estadounidense.

El populismo crecería en Europa sin la ayuda de Rusia, pero su apoyo es evidente. Las banderas rusas ondean en las manifestaciones de PEGIDA (un grupo alemán islamófobo) y los medios de comunicación estatales rusos emiten retransmisiones en directo de estas protestas. Hace poco jóvenes miembros de Alternativa para Alemania, un partido euroescéptico, han firmado una alianza con otros jóvenes del partido de Putin, Rusia Unida.

Mientras, en Francia, los funcionarios del servicio de inteligencia afirman que puede que Rusia esté interfiriendo en las próximas elecciones francesas, que tendrán lugar en abril. La líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, es una de las políticas predilectas de los medios de comunicación estatales rusos y en el Kremlin la reciben con los más altos honores. En 2014, un banco de Moscú le concedió al Frente Nacional un préstamo de 9 millones de euros y, este año, Le Pen ha pedido a Rusia un préstamo de 27 millones de euros. Y Le Pen ha devuelto estos gestos: califica a Putin de patriota y defensor de valores cristianos comunes, elogia la agresiva intervención de Rusia en Siria y culpa a la Unión Europea del empeoramiento del conflicto mientras que aplaude los bombardeos de Rusia, que han contribuido a una masacre de civiles y que ha agravado la crisis de refugiados que sufre Europa. En 2014, el Frente Nacional también apoyó la anexión de Crimea por parte de Rusia, un acto que no ha reconocido ningún organismo internacional, ni ningún país occidental. Además, el Kremlin se ha alineado con los candidatos y partidos populistas de, entre otros, Italia, Reino Unido, Austria y Bulgaria. Incluso hay un miembro del Parlamento Europeo del partido húngaro de extrema derecha, Bela Kovacs, que está siendo investigado por, supuestamente, espiar para Rusia, lo que ha hecho que se gane el mote “KGBela”.

Alepo.

Alepo.

Frente a este escenario, muchos líderes europeos coinciden en que no pueden quedarse de brazos cruzados mientras un gobierno ajeno intenta interferir en sus políticas. Las democracias occidentales no pueden (ni deben) derrotar a un régimen autoritario actuando igual que él. La respuesta a la influencia rusa en la política debería basarse en los valores que han prevalecido en occidente de transparencia y sinceridad; de los cuales nuestro país, México, ha sido un férreo impulsor a través de una política no intervencionista y de autodeterminación de los pueblos.

Rusia ha adelantado que vetará en el Consejo de Seguridad de la ONU el proyecto de resolución preparado por Francia para que Naciones Unidas supervise el proceso de evacuación de la ciudad siria de Alepo.

“No podemos apoyarlo, no podemos permitir que pase”, dijo a los periodistas el embajador ruso, Vitali Churkin, a su llegada a una reunión a puerta cerrada con el resto de miembros del Consejo, previa a la votación del texto.

Churkin aseguró que su país está a favor de que la ONU observe de algún modo las evacuaciones, pero considera que la propuesta francesa es “irrealizable y peligrosa”, en lo que sin duda es otro ejemplo de claro intervencionismo.

Para Moscú, la idea de desplegar inmediatamente personal de la ONU sin preparación en Alepo oriental puede causar un desastre, dado que en la zona sigue habiendo combates entre distintos grupos y aún pueden quedar terroristas.

Según fuentes diplomáticas, Rusia ha preparado su propio proyecto de resolución para contrarrestar el francés. Por su parte, Francia insistió en que su borrador tiene un objetivo únicamente humanitario y urgió a los miembros del Consejo de Seguridad a unirse. El texto propone que personal de Naciones Unidas que ya se encuentra en Siria se encargue de coordinar y supervisar las evacuaciones, con el fin de garantizar que el proceso se desarrolle de forma adecuada y se eviten abusos. Pero como ya se dijo, eso está por verse porque definitivamente la Rusia de Putín tiene otra idea.

 

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