Corrupción como delincuencia organizada

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Los actos de corrupción cometidos por el ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, eran tan escandalosa, que escandalizaron hasta sus propios guaruras. En un pormenorizado recuento, varios ex escoltas del ex mandatario y ahora prófugo de la justicia, narraron cómo era tan impune el uso de recursos públicos, que hasta se usaba el helicóptero del gobierno para llevar cada dos semanas a la esposa del gobernante, Karime Macías, a la ciudad de México a sus citas de salón de belleza en la exclusiva plaza Antara.

Los testimonios de los guaruras, entrevistados por Benito Jiménez del diario Reforma, muestran que al mismo Javier Duarte le encantaba asistir a la Ciudad de México, ya fuera a restaurantes lujosos de Polanco o tacos al pastor de una cadena de la capital o para borracheras de antología con sus amigos empresarios.

Los excesos de Javier Duarte contados por los guaruras se parecen más a los caprichos de un jeque árabe que al de un gobernador electo por el voto popular en México. Cuentan que una ocasión compraron los boletos de 20 filas de un teatro donde se exhibía la puesta en escena “El Rey León”, espectáculo al que invitaron a decenas de familiares y amigos.

Además de asistir con frecuencia a la capital del país en transportes oficiales y con gastos pagados del erario, “Diamante” y “Esmeralda”, como los guaruras llamaban a Duarte y a su esposa Karime Macías, viajaban también con frecuencia a Europa y Estados Unidos, relatan sus ex escoltas. Otro exceso relatado en esta crónica de corrupción es que los veracruzanos pagaban el hobby de la esposa del mandatario: la equitación. El gobierno de Veracruz financió varios concursos de salto ecuestre en los que participó Karime Macías.

Conforme salen a la luz más aspectos de las irregularidades del ex gobernador de Veracruz, parece confirmarse la idea de que estamos no ante los casos de corrupción típicos y endémicos del sistema político en el que la autoridad mete la mano a los cajones de la hacienda para enriquecerse a costa del dinero del pueblo. En el caso de Duarte ha quedado patente que tejió una red de corrupción que incluía empresas fantasmas y un esquema financiero que le permitía blanquear dichos recursos, al tiempo que invertía en terrenos o bienes inmuebles para consolidar su fortuna.

Una de estas propiedades es el rancho El Faunito que Duarte hizo construir a un costo de 200 millones de pesos a costa de los veracruzanos.

Estamos ahora ante formas de corrupción más parecidas a las del crimen organizado que a los típicos gobernantes corruptos del sistema político mexicano. Por estas vías la corrupción no sólo ha crecido cuantitativamente: también lo ha hecho cualitativamente.

Se ha señalado a Javier Duarte de Veracruz, porque sus excesos lo pusieron en el ojo de la opinión, pública, pero hay otros casos semejantes como los de César Duarte de Chihuahua, el gobernador que aprovechó una oficinas del gobierno estatal para construirse un departamento de lujo, según denunció Georgina Román, titular de la Contraloría de la Función Pública del gobierno estatal. “Nos encontramos con un departamento de dos niveles, con pisos de cerámica, pisos de duela, ocho baños, patio interior, asadores en el patio, cuatro recámaras, una oficina, una cocina muy grande y despensa, en fin, una casa habitación de lujo completa”, dijo.

Pero los excesos de los Duarte no son la excepción sino los ejemplos más visibles una forma de gobernar, usar los recursos públicos que por su método se está convirtiendo en una modalidad de delincuencia organizada. ¿Cuántos excesos de otros gobernantes, incluida la presidencia de la república, no se están cometiendo en este momento?

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