10 años de guerra en México

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Este mes se cumplen diez años de guerra en México, luego de que en diciembre de 2006 el entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa declarara una supuesta Cruzada Nacional contra la Delincuencia que luego asumió como una guerra en contra del narcotráfico y el crimen organizado. Es una de las fechas que jamás se quisieran recordar, una fecha que se desearía que jamás existiera. Pero existe, y es sin duda, el tema social y político más relevante de México.

El panista Felipe Calderón lanzó la supuesta guerra contra el narcotráfico porque era un gobernante urgido de legitimidad política. Hay que recordar que Calderón llegó a la presidencia bajo acusaciones de fraude electoral luego de una controvertida jornada electoral en la que ganó la presidencia, según las cifras del entonces IFE, por algunas décimas porcentuales.

A Calderón no se le ocurrió mejor estrategia para limpiar su imagen que lanzar la Cruzada Nacional contra la Delincuencia, primero lanzado un operativo en Michoacán (11 de diciembre de 2004) y posteriormente en un ridículo evento en el que apareció vestido de soldadito en Apatzingán, Michoacán (3 enero 2007).

Aunque no con la misma parafernalia y sin el énfasis en este discurso, el priista Enrique Peña Nieto ha continuado esta estrategia de desplegar las fuerzas armadas federales y estatales supuestamente contra las organizaciones que se dedican a los negocios del capitalismo ilegal.

El saldo de esta estrategia no podría ser más desastroso. No hay ninguna evidencia de que la “guerra contra las drogas” o contra la delincuencia organizada haya hecho mella a los cárteles de la droga y de los otros negocios ilegales. Los cárteles mexicanos siguen funcionando, a pesar de la estrategia de sacar al ejército y la marina a combatirlos. Los negocios del capitalismo ilegal (narcotráfico, secuestro, tráfico de armas, trata de personas, extorsión, entre otros) siguen boyantes y generando una de las principales fuentes de acumulación de capital en México.

Pero el principal fracaso de la llamada guerra contra el crimen organizado, es que se convirtió en realidad en una guerra contra la población.

Las cifras de víctimas que ha dejado esta guerra del Estado son de escándalo, convirtiendo a México en uno de los países más violentos e inseguros de todo el mundo.

En esta trágica década, se han cometido más de 200 mil asesinatos violentos (132,065 con Calderón y más de 78,000 con Enrique Peña Nieto). Oficialmente el gobierno mexicano reconoce hasta octubre de este año caso 30,000 desaparecidos (28,937 del fuero común y 966 del fuero federal para un total de 29,903 personas no encontradas). Además se contabilizan más de 287,000 desplazados internos, y más de 1.6 millones de desplazados por la violencia, 170,000 desplazados por megaproyectos públicos y privados y entre 70,000 y 150,000 centroamericanos desaparecidos o asesinados en su paso por el país. En total, son más de 2.5 millones de personas afectadas directamente por la guerra en México, cifra que se multiplica por varios tantos al considerar a sus redes familiares, de amigos o de pueblos y barrios.

A diez años de distancia ya se puede afirmar con propiedad que la guerra iniciada por el cínico de Felipe Calderón y continuada por Peña Nieto ha mostrado su fracaso y que se trata de una guerra en contra la población y no una guerra contra el crimen organizado y que, además, dicha violencia ha sido funcional a los intereses de las políticas privatizadoras, de megaproyectos y de despojo que se han aplicado desde entonces. Debemos parar esta guerra. Es una emergencia nacional.

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