¿Cómo es la ciudad que queremos?

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Sonia Serano-04¿Cómo es la ciudad que queremos? La respuesta no es sencilla. Pero de algo podemos estar seguros: no es la hostil Guadalajara en la que es tan difícil trasladarse, donde la calle es insegura y los servicios públicos no funcionan. Pero, también, habría que preguntarse si es la ciudad que las autoridades nos imponen, con sus acciones y sus omisiones.

En la más reciente campaña publicitaria que lanzaron las autoridades, sobre el caos vial que se ha generado por la coincidencia de obras en prácticamente toda la zona metropolitana de Guadalajara, se asegura que se trata de una respuesta a la petición de los ciudadanos de mejores calles.

Seguramente las autoridades tienen razón. ¿Quién podría estar en contra de calles sin baches? El deterioro que hay en las mismas, producto de las omisiones de muchos gobiernos anteriores, nos dejó una zona metropolitana por la que es imposible circular. Sí, bienvenidas las obras.

El problema es la falta de planeación. Aunque se trata de diferentes niveles de gobierno, esperaríamos mínima coordinación, lo que no ha sucedido. Las rutas alternas son un desastre, además que ante la cantidad de calles y avenidas cerradas, se ha afectado a muchas colonias que son exclusivamente habitacionales.

En este momento, el problema mayor lo representan las obras de la Línea 3 del Tren Ligero. Se trata de una obra muy importante para la ciudad y que, seguramente, modificará de manera sustancial la movilidad. Sin embargo, el retraso en las obras, la entrega de la ciudad a las constructoras y la falta de vigilancia sobre los avances, la ha convertido en una gran herida.

Hay tramos cerrados durante meses, en los que los trabajos se han detenido, sin que se puedan exigir aperturas provisionales.

A esto, hay que agregar el resto de las obras en la ciudad y los recientes conflictos con las ciclovías. Si vamos un poco más atrás, es evidente que los tapatíos llevamos las políticas de movilidad por la vía incorrecta, acudiendo a los automóviles privados, cuyo número creció más que la población. Pero revertirlo tendría que ser un proceso paulatino, sobre todo si aún no están las opciones disponibles, especialmente las de un mejor transporte público.

Los recientes avances en las licitaciones para el reordenamiento del transporte es otro paso, pero todavía llevará tiempo implementarlo.

Entre todo esto, también podemos resaltar que la opinión del ciudadano no se ha tomado en cuenta. La autoridad quiere que se suba a su auto, pase cuatro o cinco horas al día en traslados que antes le llevaban menos de una hora y se calle. Que no hable. Que no proteste. Y que ni siquiera se enoje.

Luego, habrá que traducir lo que esas horas representan en trabajo que no se hace, en tiempo que no se pasa con la familia o en las actividades de recreación o personales que no se realizan. Entonces, sí podemos concluir que, al menos en este momento, ésta no es la ciudad que queremos.

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