Lo juro por la vida de mis hijos

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Juan Carlos Partida-03-03“Nunca en mi vida me he robado un pinche cinco”, dijo Emilio el Honrado hace ya, al menos, 10 años, con la convicción de muchos católicos jaliscienses tan dados a jurar sin parpadear hasta por la vida de sus hijos para que les crean sus soberanas e hipócritas mentiras, tras las que quieren ocultar -jamás del Dios en el que dicen creer y respetar ni de su gente más cercana- la disipación mundana de sus vulgaridades y hasta de sus perversiones que tarde o temprano salen a la luz.

Quizá tenga razón Emilio, que nunca se robó un cinco, que compró en abonos casi del Infonavit una casa de playa en bahía de Banderas y ahora vive en Guadalajara tan tranquilo en su casa nueva del 2016, luego que hasta enero pasado aún vivía en la segunda planta de la casa de su suegra, ahí cerca de avenida México.

Pero, lo que es un hecho, es que Emilio el Contador ha logrado escabullir ya por más de medio sexenio la supuesta lupa justiciera de Aristóteles el Amigo. Y lo ha hecho usando sus dotes de contador público que sabe muy bien que los números, primos o no, pueden ocultarse entre ellos mismos para que no aporten las pruebas que busca la Auditoría Superior de la Federación al señalar a Jalisco como uno de los estados donde hay miles de millones de pesos que deben justificarse, y donde las instancias locales como la Contraloría o Auditoría estatal, son tan burdas e ineficientes como los poderes Judicial y Legislativo sometidos a un solo liderazgo: el del dinero y los amarres políticos.

Es por eso que uno no se explica por qué la planta de tratamiento de aguas residuales El Ahogado, inaugurada en 2012 por el presidente Felipe Calderón y que Emilio presumió como la obra que por fin terminaría la contaminación del río Santiago a su paso por El Salto y Juanacatlán, permite que lleguen al afluente al menos 101 químicos orgánicos aislados, 22 de ellos ni siquiera regulados en México, según el reporte Alto a la Catástrofe Ecológica del río Santiago elaborado por Greenpeace México y que fue hecho público el pasado 23 de noviembre.

Entre las sustancias tóxicas encontradas hay Compuestos Orgánicos Volátiles (COV) y semivolátiles (COSV) como el nonifenol, octifenol, ftalatos, cloroformo, bencenos. Sustancias cuyas altas concentraciones tienen impacto en la vida acuática y en el ser humano: son cancerígenas, pueden provocar disrupciones hormonales o pueden generar daños y malformaciones en fetos y en los sistemas reproductivos femeninos y masculinos.

Recordemos que la planta tuvo un costo de, al menos, 900 millones de pesos.

Cuarenta por ciento de los cuales fueron aportados por el Fondo Nacional de Infraestructura y el resto por la empresa Atlatec, la cual obtuvo la concesión emilista por 17 años y cobra 9 millones de pesos mensuales por su aportación en una obra que, supuestamente, sanearía el 30 por ciento de las aguas residuales de los 4.5 millones de habitantes de Guadalajara y su zona conurbada.

En conferencia de prensa conjunta con las organizaciones de la sociedad civil Un Salto de Vida AC, Instituto Vida AC e Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario AC, Greenpeace presentó los resultados de los muestreos que realizó del agua que sale del tubo de descarga de la planta El Ahogado, sedimentos en el mismo lugar, así como de un cárcamo aledaño, y de agua y sedimentos del arroyo de la presa El Ahogado.

Todas las muestras fueron analizadas en los laboratorios de investigación de Greenpeace de la Escuela de Biociencias de la Universidad de Exeter en Reino Unido.

“Es preocupante que haya sustancias que escapan del tratamiento de la planta El Ahogado y que por su naturaleza son altamente tóxicas. Las plantas de tratamiento no son la solución, el único camino para mantener limpios los cuerpos de agua y mantener la salud de las personas y del ecosistema es evitar este tipo de descargas y modificar la legislación mexicana para ampliar la lista de sustancias reguladas y que los tres niveles de gobierno se hagan responsables de la contaminación, de la salud de las personas y el ecosistema”, dijo el coordinador de la campaña de Tóxicos de Greenpeace México, Miguel Soto Treviño.

La inutilidad de la planta tratadora, lo carísimo y prolongado de la concesión, chocan de frente contra una buena administración pública, demuestran que como todo desde la función de gobierno puede pervertirse aunque juren por la vida de sus hijos que el proceso fue honorable y pensando en el bien común… ajá.

Las deudas de Emilio el Contador ahí están, los Panamericanos siguen pesando como loza en el menguado erario estatal, con los elefantes blancos que todos conocemos como Las Villas que se pudren en la tristeza y abandono ahí en un terreno a todas luces irregular para una construcción diseñada para después ser habitacional.

No esperemos que haya justicia o castigo. El gobierno federal peñanietista está más empecinado en impulsar de nuevo al PAN que se ha convertido en lobo del propio PRI, en ese empeño de la oligarquía por cerrarle el paso a Morena y Andrés Manuel López Obrador que de nuevo están en la palestra pública ante los evidentes excesos, fracasos, mentiras, robos y traiciones, como una de las muy pocas opciones que quedan no sólo para detener todo este perjurio, sino para enfrentar un escenario de vecindad con Estados Unidos que nos regresa al oscurantismo xenófobo y populista.

Emilio podrá seguir en su acolchada mecedora de la impunidad, contador público que sabe que sus números no pueden desenmascararse solos. Mientras, la gente muere junto al río con una planta tratadora que cuesta cada día no sólo a los gobiernos locales, sino al propio consumidor del SIAPA que en su recibo, como si se tratara del muro de Trump, debe pagar tan evidente exceso en el estado del “aquí no pasa nada”.

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