Contrarrevolución

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Ruben MartinNo necesitamos esperar las primeras medidas que tomará el cabronzaso de Donald Trump para ver que las cosas en México están mal y que, con bastante probabilidad, se pondrán peor. La nación mexicana ya es un desastre antes del empresario depredador sexual, racista y elitista que ganó la elección presidencial en Estados Unidos el pasado 8 de noviembre. Esto se lo debemos a la contrarrevolución neoliberal que llevo a cabo desde hace 30 años la clase gobernante mexicana.

En estas fechas se cumplen 106 años de la revolución mexicana y estamos en la víspera de “celebrar” 100 años de la Constitución política del país firmada el 5 de febrero de 1917 en Querétaro y que representa, según la mayoría de estudiosos, el pacto social reconfigurado por las rebeliones e insurrecciones regionales que en conjunto conformaron la revolución mexicana iniciada en 1910.

Esta revolución, la primera gran transformación social del siglo XX según varios comentaristas e historiadores, cambio la sociedad mexicana a favor de las clases bajas. Es difícil pensar que sin esta revolución se hubieran iniciado procesos de transformación social tan importantes para la sociedad mexicana. Destaco al menos tres: un profundo proceso de restitución de tierras para pueblos indígenas y comunidades campesinas que gracias a la reforma agraria recuperaron o accedieron a territorios que les permitieron no sólo la recuperación de capacidad de reproducción de la vida de manera autónoma, sino la dignificación como sujetos sociales capaces de definir su propia historia.

La revolución, y las constantes luchas de los trabajadores antes y después de la revolución, permitieron a la clase obrera mexicana conquistar y adquirir derechos entonces impensables: jornada de ocho horas, salario digno, derecho a la sindicalización, prestaciones sociales, entre muchas otras.

El régimen político después de la Revolución hizo posible el incipiente estado de bienestar social que existió en México, con la creación del instituciones de seguridad social en salud, jubilaciones, deporte, recreación y otras esferas. Los sistemas de educación y salud nacionales fueron creados, después de la revolución.

Hubo entre seis y siete décadas en que estas transformaciones en los ámbitos rurales y urbanos, en las esferas de la propiedad de la tierra, los recursos comunes y en las legislaciones nacionales funcionaron a favor de las clases bajas.

No fue una concesión de los de arriba, sino un lucha ganada por los de abajo.

Ahora la mayoría de todas esas conquistas de los de abajo, se acabaron o están en riesgo. Los sucesivos gobiernos neoliberales se han encargado de demolerlas. 30 años de gobiernos promotores del libre mercado a ultranza, de la desregulación, del recorte de derechos sociales, de la flexibilización laboral, de acuerdos comerciales y de una economía política orientada a la obtención de ganancias para las corporaciones privadas (nacionales o extranjeras) han liquidado o puesto en riesgo las conquistas logradas hace un siglo.

La contrarrevolución neoliberal fue eficaz y fue exitosa en imponer su credo, sus políticas y sus objetivos a la sociedad mexicana.

Hoy, como hace 100 años, es necesario luchar por jornadas de trabajo de ocho horas y no de doce; es necesario luchar por la tierra amenazada por las dinámicas de acumulación de capital ya sea inmobiliario, minero, turístico o industrial; es necesario luchar por el derecho a sistemas públicos de educación, salud o esparcimiento hoy en riesgo por las políticas privatizadoras.

Lamentablemente, las condiciones de vida de una buena parte de los mexicanos se asemejan al las que existían en la sociedad porfirista. Esto revela el éxito de las mil astucias y maniobras desplegadas por la clase dominante mexicana para revertir las conquistas de la revolución mexicana iniciada en 1910.

Duele reconocer que han tenido éxito, pero también es necesario reconocer las miles de luchas de abajo que pelean contra esta contrarrevolución. Esta es la confrontación política que definirá la sociedad mexicana de las próximas décadas.

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