Acostumbrémonos a Trump

1332
0
Compartir

Listo. Donald Trump ganó la presidencia de Estados Unidos. Acostumbrémonos a que la cara fea del imperio estará al menos cuatro años en la Casa Blanca y que su llegada implicará una conmoción política en Estados Unidos y el resto del mundo… especialmente en México.

De inmediato en nuestro país se resiente el triunfo de Trump por las consecuencias económicas en el tipo de cambio peso-dólar y a mediano plazo por las posibles repercusiones de una modificación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Además de la amenaza de deportaciones y de la construcción del muro.

Pero el discurso de la noche de la elección del martes 8 de noviembre en la que anunció su victoria, presentó a un Trump no candidato sino político ejerciendo el poder y obligado a la moderación. Esa noche Trump agradeció el llamado de Hillary Clinton reconociendo su derrota y ofreció relaciones diplomáticas cordiales al resto del mundo. Es posible esperar que muchas de las amenazas del empresario-candidato en contra de los migrantes y en la relación con México se moderen una vez que ejerza la presidencia.

La mayoría de comentaristas ha declarado sorprendido y hasta en shock por el triunfo del candidato republicano, una sorpresa que no se justifica si admitimos que las encuestas finales de la campaña electoral marcaban en realidad un empate técnico entre Trump y la candidata demócrata Hillary Clinton. La idea de que el triunfo de Trump fue “sorpresivo” es en realidad una proyección de deseos antes que una lectura cuidadosa de los datos y del clima político prevaleciente en Estados Unidos.

Lo anterior se puede resumir en lo siguiente: la mayoría en el exterior no queríamos que ganara Trump por el mensaje de racismo, nacionalismo, xenofobia y machismo que mostró a lo largo de su campaña, pero el desarrollo de la precampaña, la campaña y del final de la contienda electoral nos indicaba que era posible. Tan era posible, que lo fue. Trump ganó. Acostumbrémonos a él.

Republican presidential candidate, businessman Donald Trump stands during the Fox Business Network Republican presidential debate at the North Charleston Coliseum, Thursday, Jan. 14, 2016, in North Charleston, S.C. (AP Photo/Chuck Burton)

Donald Trump.

El triunfo de Trump ha desatado una conmoción política en la arena de las opiniones y comentaristas que tienen acceso a los medios de información en el mundo. Una buena parte compara la llegada de Trump a la Casa Blanca con el ascenso de Adolfo Hitler al poder en la Alemania previa a la Segunda Guerra Mundial, como el periodista John Carlin. Otros consideran que se trata de un fin de época semejante a la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética en 1989-1991. Otros hablan incluso del fin de la democracia occidental, y el inicio de un periodo de barbarie.

Creo que todas esas opiniones exageran porque se sobreestiman las capacidades de la democracia liberal que ha dominado en el moderno sistema mundial capitalista. Se ha idealizado el sistema electoral liberal como un sistema que permite que lleguen los más sensatos y preparados, los más centristas y no los radicales; y que lleguen los candidatos elegidos por los votantes más ilustrados, informados y conscientes. Bueno, el triunfo de Trump en un madrazo en la cara de esa ilusión liberal.

Trump, considerado un ser despreciable y a sus votantes como ignorantes y racistas y machistas cuasi generalizados, ganó con las mismas reglas que le imponía el sistema electoral liberal. La noche del triunfo de Trump el reconocido economista Paul Krugman se lamentaba amargamente de quienes votaron por el republicano: “Pensamos que la gran mayoría de los estadounidenses valoraba las normas democráticas y el Estado de derecho. Resulta que estábamos equivocados. Resulta que hay un gran número de personas (blancas, que viven principalmente en áreas rurales) que no comparten para nada nuestra idea de lo que es Estados Unidos”.

Es decir, el economista liberal, urbano, educado, citadino despreciaba a los votantes rurales y con menos educación. Sin embargo Krugman se equivocaba. Si bien Trump recibió millones de votos de votantes de las áreas rurales de Estados Unidos, la mayoría se la aseguraron millones de varones blancos de la clase trabajadora de ese país, según análisis de encuestas de salida.

Dicho esto, es necesario hurgar más en las razones y motivaciones de millones de estadounidenses para preferir el candidato republicano por encima de Hillary Clinton, más allá de la descalificación simplista y casi generalizada de quienes votaron por Trump.

Hillary Clinton.

Hillary Clinton.

La mayoría de los comentaristas ha hecho una caricatura del triunfo del empresario que es necesario cuestionar: el mensaje central es que la gente lista e informada votó por Clinton y que la gente inculta y sin educación votó por Trump. ¿Se puede sostener esta conclusión? ¿Se puede hacer esa acusación tan tajante entre los 57.7 millones de votantes que logró Hillary Clinton y los 58.1 millones de votantes que sufragaron por Trump?  Pienso que no y el análisis de las encuestas de salida nos ofrecen información que nos ayudan a desmontar esa interpretación predominante.

En primer lugar vale destacar que la mayoría de los votantes escogió entre el malo y el peor, según una encuesta de salida realizada por Edison Research para la agencia informativa Associated Press: más de la mitad dijeron haber votado con reservas sobre su candidato o porque les disgustaban las alternativas.

En la misma encuesta se ofrecen datos del contexto general de la elección presidencial estadounidense de este año: existía una mayoría harta del gobierno y del sistema político. De acuerdo a este análisis de la agencia Associated Press divulgado por el portal Sin Embargo, los estadounidenses votaron en un estado de ánimo sombrío. “Casi 7 de cada 10 votantes dijeron estar insatisfechos con la forma en que funciona el gobierno”. Tres cuartas partes de esos votantes enfadados apoyaron a Trump y 6 de cada 10 electores dijeron que Estados Unidos va por mal camino.

En cuentas resumidas, los comentarios basados en los deseos de que no ganara Trump por considerarlo un tipo despreciable deben repensarse y quizá entender que el triunfo del republicano se basa, sobre todo, en un descontento contra los dos partidos tradicionales y la clase política elitista y corrupta que ha gobernado la política estadounidense.

Lo jodido no es que haya ganado Trump, sino que el sistema político liberal te lleve a escoger entre uno malo y otro peor. Esto es lo que ocurrió en la elección estadounidense y la lectura crítica de este hecho político no debe caer en el simplismo de ligar a los votantes de Hillary con los educados y conscientes y los votantes de Trump con los ignorantes y militantes del Ku Kux Klan.

En la masa de votantes por Trump hay un reclamo en contra de los partidos y políticos tradicionales, contra la corrupción y en contra del sistema político que no funciona para ellos, que no debe ser ignorado. La gente, en el mundo, está harta de los políticos y partidos tradicionales y por eso ofrece posibilidades a tipos despreciables como Trump. Lo despreciable en el fondo, reitero, es este sistema político que te lleva a elegir entre el malo y el peor.

 

@rmartinmar

Compartir

Dejar un comentario

Something is wrong.
Instagram token error.