Somos corruptos pero transparentes

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Sonia Serano-04En Jalisco somos corruptos pero transparentes. Esa conclusión se puede sacar de los resultados del estudio “México: Anatomía de la Corrupción”, elaborado por Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI). Claro, la entidad no es el único caso, pues aplica para todos los estados, donde se puede constatar que “el nivel de corrupción percibida en las entidades tiene poco que ver con la calidad de sus leyes estatales”.

¿Cuáles son los números que ponen a Jalisco en esa situación? La entidad ocupa el quinto lugar en el que los ciudadanos perciben una mayor corrupción, con 92 puntos, sólo superado por la Ciudad de México con 95 puntos, Tabasco y Chiapas con 94, y Guerrero con 93.

La misma posición, la quinta, la ocupa Jalisco cuando se cuestiona a los ciudadanos sobre la frecuencia de los casos de corrupción.

Contrasta con todo esto la evaluación que se obtiene en materia de transparencia, donde Jalisco es el tercer lugar como estado en el que los ciudadanos consideran que la calidad de ese derecho es mejor, con 66 por ciento, muy lejos de la Ciudad de México, que tiene 81 por ciento y más cerca de Guerrero con 69.

La transparencia de la información pública es uno de los pilares que se han instalado para buscar abatir la corrupción; sin embargo, no se ha logrado.

De acuerdo a datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), Jalisco es el estado más transparente del país, en lo que se refiere a la información presupuestal. Estos datos han permitido al Gobierno del Estado emprender una campaña publicitaria en la que aseguran que los jaliscienses pueden saber en qué se gasta cada peso el Gobierno del Estado.

La forma en que estas evaluaciones se han conquistado, tanto en el caso del IMCO como de las empresas que los gobiernos contratan, es que casi siempre se hacen con base en los datos de portadas en sitios web. Es decir, Jalisco transparenta su presupuesto, desde el momento mismo en que se publica en el periódico oficial El Estado de Jalisco y está disponible en internet.

Pero la guerra que perdimos los ciudadanos y que no hemos podido recuperar, es la del seguimiento puntual en el gasto.

Las modificaciones que implementó el equipo de transparencia del Poder Ejecutivo para complicar las búsquedas y enredar los recorridos de la información, hacen casi imposible saber, por ejemplo, cuánto gasta el Gobierno del Estado en pago de salarios y prestaciones del personal que no es de base.

Para saber cuánto gana un funcionario, es necesario saber exactamente la dependencia para la que trabaja y su nombre completo. De lo contrario, se necesita mucho tiempo disponible para la búsqueda, con altas posibilidades de no encontrarlo.

 Lo mismo sucede con las compras. Es un requisito tener los datos de los proveedores para saber cuáles son las asignaciones que se les hacen. Para un ciudadano común y corriente, es un camino intransitable.

Así, podemos decir que somos corruptos pero transparentes… aunque no tan trasparentes.

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