El poder de robar

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Ruben Martin“En diciembre de 2010, días después de asumir como gobernador de Veracruz, Javier Duarte citó a un grupo de abogados de confianza en una cena en la Riviera Maya y les propuso un negocio: que le ayudaran a crear empresas de papel que le permitieran adquirir múltiples propiedades en México y Estados unidos. El objetivo era invertir dinero en inmuebles que estuvieran a su disposición, pero que no aparecieran a su nombre ni se supiera el origen de los recursos. ‘Lo que quería Javier Duarte era construir un patrimonio inmobiliario como su `fondo de retiro’, confesó el abogado Alfonso Ortega López ante los fiscales de la PGR”.

Arturo Ángel, reportero del portal Animal Político reseñó así la confesión de uno de los colaboradores más cercanos al ex gobernador de Veracruz, que ahora se encuentra prófugo de la justicia y expulsado del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que lo llevó al poder.

El testimonio de este abogado que cobraba 300 mil pesos mensuales en efectivo en un sobre que le entregaban en un despacho de abogados, revela que la entonces “joven promesa política” del PRI no creó el entramado de corrupción ya avanzado o a finales del sexenio, sino desde el mismo momento que recibió el encargo de gobernar a los veracruzanos.

Las confesiones de los colaboradores que han sido interrogados por los agentes de la Procuraduría General de la República (PGR) revelan que Javier Duarte decidió llegar al gobierno para armar una maquinaria de corrupción mediante la cual desviar miles de millones de pesos. 

¿Qué nos dicen los detalles de la investigación que se le siguen a Duarte? Que antes de incluso tener listo su programa de gobierno o plan sexenal de desarrollo, o un programa para atender alguna de las necesidades más urgentes de los veracruzanos, el tipo citó a un grupo de abogados y operadores financieros para que le ayudaran a crear la red de empresas fantasmas mediante las cuales se proponía desviar dinero de las arcas públicas en los siguientes seis años.

La confirmación del modus operandi de Javier Duarte y sus secuaces revela un nivel de frialdad criminal que confirma que este espécimen de la clase política mexicana ni siquiera se tomó la molestia de disimular que llegó a gobernar y que en el camino se aprovechó de algunas “oportunidades” para enriquecerse o hacer algún pequeño negocio en un asunto público.

No. Javier Duarte y sus secuaces llegaron deliberadamente a usar todo el aparato de gobierno para robar.

¿Estamos ante otros ejemplares de la clase política? ¿Está cambiando el código de comportamiento de los nuevos gobernantes o son iguales a los del pasado y sólo ahora quedan expuestos? No lo sabemos a ciencia cierta.

Pero el caso de Duarte sí parece mostrar un nivel de corrupción más sofisticada, más amplia y depredadora que otros gobernantes.

Y de ahí los resultados de su gobierno. Un tipo que llegó al poder para robar, no usó el aparato público para sus gobernados, sino como maquinaria depredadora de corrupción. Y todo indica que sus negocios no pararon en el desvío de recursos públicos sino que se extendió hasta los negocios conjuntos con el crimen organizado, lo que provocó el deterioro de la seguridad y la presencia tan visible del crimen organizado en el territorio veracruzano, dejando muertes, desapariciones y fosas clandestinas a su paso.

La pregunta no es si Javier Duarte es el único gobernante que llega al poder para robar, sino cuántos Duartes hay en este momento en todo el país.

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