La “nueva generación” de corruptos

1548
0
Compartir

Ruben MartinParece que además de su probada incompetencia para gobernar, Enrique Peña Nieto tiene un don para salar a quienes escoge: hace cuatro años, en mayo de 2012, durante la campaña por la presidencia, fue un invitado amable al programa Tercer Grado de Televisa. En una parte de la cordial entrevista colectiva, el entonces candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) hablaba de que él era parte de una “nueva generación” de políticos priistas que harían las cosas de manera distinta y que no era el único y sostenía que el suyo era un partido renovado.

Denise Maerker, la única participante crítica de Tercer Grado, le pidió nombres de esos nuevos priistas. Los únicos nombres que se le vinieron a la memoria a Peña Nieto fueron tres gobernadores que recién habían tomado sus puestos: Javier Duarte de Veracruz, César Duarte de Chihuahua y Roberto Borge, de Quintana Roo.

En mala hora para Peña Nieto escogió esos nombres de políticos de la “nueva generación”. Ahora están bajo el escrutinio y la crítica pública por ser ejemplos de malos gobiernos, corrupción e incluso vínculos con el crimen organizado.

Peña Nieto escogió a los Duarte y a Borge, pero bien pudo mencionar a otros más: a Rodrigo Medina de Nuevo León, a Roberto Sandoval de Nayarit, a Rubén Moreira de Coahuila, y a Aristóteles Sandoval de Jalisco.

Pero Peña Nieto no pudo escoger peores ejemplos de la “nueva generación” de políticos priistas. Cada uno de los gobernantes mencionados por el entonces candidato priista es ahora ejemplo no de renovación y buenos gobiernos, sino de lo contrario.

El caso más grotesco es Javier Duarte de Ochoa, acusado inicialmente por diversas organizaciones veracruzanas por sumir al estado en la violencia con aumento en asesinatos violentos, desapariciones, y fosas clandestinas; acoso y violencia contra periodistas, y notoria presencia del crimen organizado. Los diversos movimientos sociales acusaron a Duarte de represión y persecución en su contra, incluso trabajadores estatales jubilados, que fueron duramente reprimidos en una manifestación a principios de este año. La evidencia de la corrupción es tan notoria que ya ha sido acusado no sólo desde la sociedad civil, sino de instancias oficiales como la Auditoría Superior de la Federación, la auditoria estatal e incluso la Procuraduría General de la República (PGR), quien ya indaga las corruptela cometidas en el periodo de este gobernante.

Roberto Borge, de Quintana Roo tiene varias denuncias de corrupción en su contra. Entre ellas el pago indebido o inexplicable a una empresa que rentó aeronaves al gobierno estatal, aunque el caso más grave es el de una red de corrupción que implica caso de despojo de negocios turísticos (hoteles, restaurantes) a través de una maquinación de supuestos juicios laborales contra dichos negocios sin que los dueños jamás estuvieran enterados de las demandas. En esta trama corrupta participan las autoridades laborales y judiciales quienes fallaban a favor de los demandantes corruptos contra los demandados que jamás eran notificados, hasta la fase de ejecución de sentencia que implicaba el despojo de sus bienes.

En Chihuahua, César Duarte es acusado de traspasar miles de millones de pesos, hasta 80,000, de las arcas estatales a un pequeño banco en el que el gobernador y otros funcionarios eran socios. No es necesario suponer las ganancias millonarias que tuvieron estos socios gobernantes.

La investigación de los casos de corrupción e irregularidades cometidas por estos tres ejemplos de la “nueva generación” de priistas no se agota en los casos mencionados.

Hay todavía asuntos que no han trascendido. Pero lo que se sabe hasta ahora de ellos es suficiente para afirmar que esta “nueva” clase política mencionada por Peña Nieto ha resultado quizá peor que la vieja clase política priista. Se suponía que la “nueva” se distinguiría de la “vieja” clase política justo en ejemplo de buenos gobiernos, sin prácticas de corrupción y con otra ética en el ejercicio público.

No sabremos a ciencia cierta si ahora hay mayor o menor corrupción, lo que sí sabemos es que los nuevos también resultaron corruptos. Pero sostengo que hay una nueva dimensión de la corrupción que implica ahora no sólo las maquinaciones para desviar dinero público e invenciones para quedarse con tajadas del dinero invertido en obra pública y proveeduría estatal.

Existe ahora un componente criminal de la corrupción. Parece que una parte de los nuevos negocios corruptos de la clase política pasa por la asociación con el crimen organizado, dado que potencia las posibilidades de ganancia para la clase gobernante.

Quizá al final esto sea lo nuevo en la “nueva generación” de políticos priistas: igual de corruptos pero nuevos en ingeniar otras formas de corrupción, asociadas al crimen organizado. Y en toda esta historia Peña Nieto no sólo es quien echó la sal, sino el gobernante que ejemplifica a la “nueva generación” de gobernantes corruptos que están al mando en el país.

Compartir

Dejar un comentario

WordPress Image Lightbox