La caída electoral del PSOE

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El PSOE ha perdido la mitad de su apoyo.

PEDRO SÁNCHEZ, EX SECRETARIO GENERAL DEL PSOE, POCO A POCO SE FUE DESDIBUJANDO

Un golpe palaciego fulminante pesa sobre el vapuleado Partido Socialista Obrero PSOE y colateralmente afecta a toda España tras las dimisión de su otrora popular líder Pedro Sánchez, quien poco a poco se fue desdibujando luego de haberse quedado solo a consecuencia de que otros influyentes personajes del partido fueron por decir lo menos, cínicamente comodinos y antepusieron sus intereses –como siempre suele pasar- al de los militantes, principalmente Susana Díaz, a quien en todo momento le adjudicaron el mote de “Jefa de los golpistas” y a Felipe González, ex presidente del gobierno español, de quien por lo menos en teoría se presumía que brindaba respaldo explicitó a Sánchez, pero que en los hechos, poco o nada hizo para evitar que llegara al punto justo donde los tiburones de la política sicofante lo devoraron sin piedad alguna.  

El antecedente de todo esto tiene que ver con los malos resultados electorales y con el empecinamiento de un personaje que el camino perdió la brújula. La caída electoral del Partido Socialista Obrero Español PSOE en España, es la peor en un partido socialdemócrata en Europa Occidental tras haber sucumbido  el Partido del Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) griego en 2015. El PSOE ha perdido la mitad de su apoyo: en la década de los años ochenta logró un 48% de los votos y ahora apenas ronda el 22%. Las siguientes caídas más fuertes entre las grandes formaciones socialdemócratas son las de Austria y Alemania. El cambio del sistema de partidos en España es solo una de las crisis que el PSOE ha enfrentado en los últimos diez años. Ningún partido socialdemócrata, aparte del PASOK, ha sufrido un cambio tan profundo en la competencia política a la cual se enfrenta, y es que  la irrupción de partidos a izquierda y derecha del PSOE pueden ser además consecuencia, y no solo causa, del desplome que hoy se aprecia. Las transformaciones que han afectado el rendimiento del PSOE aunque no parecieran verse de manera clara, si son contundentes, porque han sido más sistémicas que coyunturales, aunque el cambio sistémico se haya producido hace poco; en este contexto y como se apuntaba al principio, se puede decir que la caída electoral de los partidos socialdemócratas en Europa empieza entre 2005 y 2007, ya que al analizar sus resultados electorales desde 1970, la curva da un vuelco en 2005, en tanto que los partidos conservadores son estables en el mismo periodo. Se trata pues de  un fenómeno conocido y estudiado, en los últimos 15 años ha habido un declive de la socialdemocracia y los cambios ligados a la globalización pueden explicarlo. Las modificaciones en el comercio, la inmigración, la relación entre economía y Estado hacen que las clases populares sientan desamparo.

El PSOE del Ex presidente Zapatero era en aquellos años uno de los últimos reductos de la socialdemocracia. Pero el ambiente fuera de España ya era distinto. Hoy en día España se agrieta. La crisis territorial ha golpeado al PSOE y los socialistas no pueden contentar a la vez a sus votantes del centro y la periferia, que a su vez son distintos en sus necesidades y demandas, incluso en la manera de pensar y visualizar la política en términos generales. Ahora bien, contrario a lo que se pudiera pensar la crisis económica española no ha significado para los partidos socialdemócratas una caída tan significativa, es cierto que se han relacionado las épocas de incremento del paro de diversas actividades económicas con castigo a los partidos en el poder, especialmente cuando son socialdemócratas, pero el declive no solo es esto. En la década de los noventa hubo una crisis menor en España y el PSOE se estremeció pero resistió. Las decisiones del gobierno Zapatero fueron importantes para perder el poder en 2011, pero no explican por sí solas una catástrofe así. En España se añaden fenómenos propios a la crisis económica: corrupción, conflicto generacional y pérdida de confianza en el llamado “establishment”, o “sistema” como lo conocemos aquí. Los ciudadanos se sienten ignorados y a la hora de salir a votar se dan cuenta que es más de lo mismo, porque son los mismos partidos los que subsisten, quizá por ello ha causado furor por lo menos ahora en México el asunto de los candidatos independientes, figura que seguro tendrá que desgastarse conforme transcurra el tiempo y ejercicio de los mismos en el poder, luego entonces, el PSOE, por trayectoria y generación, se ha convertido en un representante del establishment. Por otro lado, la competencia crece y la unión de estos fenómenos produce una demanda de partidos nuevos y surgen dos emprendedores institutos políticos: Podemos y Ciudadanos. Al contrario que en otros países –donde los nuevos partidos aparecen sobre todo a la extrema derecha–, al PSOE le nacen dos partidos a los lados.  Según datos estadísticos, un 24.6% de las personas que recordaban haber votado al PSOE en 2011 votaron por Podemos en diciembre de 2015. Otro 8.5% lo hizo por Ciudadanos. Para entonces el PSOE ya había perdido votantes que se abstuvieron. Muchos de esos otrora potenciales votantes nunca regresaron a simpatizar con el PSOE: en diciembre de 2015, Podemos logró el voto del 34.3% de las personas que no votaron en 2011 y Ciudadanos el 15%.

También esta crisis parte de una cruda realidad, en las pasadas elecciones de julio el PSOE obtuvo sólo el 22.6% de los votos, es decir desde entonces el partido ya no era lo que había sido antaño. 

El PSOE está en la franja de votos de otros partidos socialdemócratas que no temen por su supervivencia. Quizá es su zona de confort para un nuevo equilibrio multipartidista y desde allí podrá ganar y perder gobiernos. Pero está en la parte baja de esa franja, y sobre todo, con tendencia negativa.

La señal más clara de que el tiempo de Pedro Sánchez al frente del PSOE se agotaba, así como su pretensión de encabezar el gobierno español había llegado cuando Felipe González lo golpeó públicamente en una entrevista de televisión al declarar: “Me siento engañado por Sánchez. Él me dijo después de las elecciones del 26 de junio que iba a abstenerse para que gobierne Rajoy”, dijo. Irritado, calificó de desastrosos los resultados del partido al mando de Sánchez, tanto en los dos últimos comicios generales como en los del fin de semana pasado en Galicia y el País Vasco.

La voz de González representaba a un núcleo amplio y poderosísimo del partido. Quedó bien claro cuando se revelaron los nombres de los 17 dirigentes que renunciaron a la conducción para tumbar a Sánchez. Allí figuran los delegados de Susana Díaz (favorita a asumir el liderazgo), los presidentes regionales de Valencia, Ximo Puig, y de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y la ex ministra Carme Chacón, entre otros.

Atrincherado en la sede madrileña del partido, Pedro Sánchez convulso por el embate propinado, tomando decisiones erróneas y aduciendo inexperiencia y falta de oficio, sucumbió frente a los apetitos disfrazados de “ante todo España”.

El PSOE quedó roto en dos. El desenlace de esta guerra de poder influirá de manera decisiva en los planes del conservador Mariano Rajoy para formar un gobierno después de nueve meses de bloqueo institucional.

Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez.

Habrá que recordar que uno de los principales pecados de Sánchez fue la obsesión y el empecinamiento al negar convalidar la investidura de Rajoy, mientras sin éxito  pretendía negociar con otras fuerzas opositoras para llegar a encabezar el gobierno, cuando quizá lo mejor que pudo haber pasado es haber realizado un ejercicio critico de introspección e impulsar a otro miembro de su partido para que pudiera asumir el poder, más la testaruda pretensión de ser él o nadie lo cegó y sin quererlo cavó su propia tumba, cuando de haber sido otro su proceder continuaría como principal líder, sin embargo el error supo ser aprovechado por la disidencia interna quienes en la coyuntura lo arrinconaron y obligaron a dimitir.

La tensión había llegado a niveles insoportables cuando Sánchez retó a sus críticos a enfrentarlo en unas elecciones primarias el 23 de octubre. Sus enemigos políticos decidieron ejecutarlo antes. La conspiración se cristalizó cuando la mitad más uno de los miembros del órgano de conducción del PSOE renunció en bloque. Según los estatutos del partido, eso hace caer automáticamente a toda la cúpula, incluido el Secretario General.

El socialismo quedaría entonces en manos de una comisión política permanente, que pretende encabezar Verónica Pérez, dirigente de confianza de la presidenta regional de Andalucía, Susana Díaz. Ese organismo decidiría la estrategia del partido ante el proceso de investidura presidencial.

El Congreso de los Diputados tiene hasta el 31 de octubre para designar por mayoría a un presidente del gobierno. En caso contrario, ese día se convocarán nuevas elecciones para diciembre.

Con el golpe a Sánchez, las nuevas autoridades del PSOE podrían abstenerse en una sesión que se convoque en las próximas semanas para convalidar a Rajoy, que a principios de septiembre se quedó a seis votos de ser investido. De no hacerlo, el PSOE se enfrentaría a unos comicios generales en situación de acefalía y sin un candidato de consenso.

En medio de la tensión, nadie del sector crítico del partido anticipó cómo definirán su posición ante el futuro de Rajoy. La prioridad seguramente ahora será desactivar la resistencia de Sánchez, o como dirían por acá, realizar “operación cicatriz”, tomar control de la sede del PSOE y definir un plan para evitar una fractura que condene al partido a más derrotas.

Así pues, a más de nueve meses de negociaciones que no llegaron a ningún lado, España debe afrontar ahora la fractura abierta de uno de sus partidos más importantes, luego del cónclave repleto de enfrentamientos, insultos y lágrimas, que culminó con la renuncia de Sánchez.

El estallido de la actual confrontación interna, de una mordacidad superior a la que enfrentó a guerristas y renovadores en los años noventa, responde a esa parálisis que ha incapacitado al PSOE para reconstruir su vocación de mayoría social. Pedro Sánchez se ha mostrado un líder insustancial que, carente de ideas con las que articular un proyecto estratégico, se ha apoyado en Podemos para minimizar sus sucesivas derrotas electorales y resistir en su cargo mediante una impugnación simplista del disminuido gobierno de Mariano Rajoy. El célebre «no» se ha convertido en la única seña de identidad de un partido que durante tres décadas se había significado como el gran estabilizador de la política española.

Los disidentes de Pedro Sánchez lo acusan de haber «podemizado» el PSOE. Una artimaña que en todas las latitudes se ha usado para de un partido “menor” saltar sobre la estructura orgánica de otro instituto político, mayoritariamente en su sector crítico con la línea oficial. Entre las múltiples fracturas internas que han quebrado la unidad socialista se encuentra la que establecen las responsabilidades de gobierno; no es en absoluto casual que la oposición a Sánchez provenga de los dirigentes territoriales obligados a hacer política concreta, y no simulaciones, personajes que tan solo el hecho de pensar en negociar con los intransigentes e inexpertos cuadros de Podemos les provoca escozor.

La paradoja es que fueron esos barones, liderados por Susana Díaz, quienes encumbraron a Sánchez en el PSOE tras la renuncia de Rubalcaba, dimitido por un fracaso en las elecciones europeas de mucha menor escala que los cosechados consecutivamente por su sucesor. Sánchez fue en realidad un invento de la nomenclatura territorial que lo vieron “maleable” por su procedencia burguesa y su discreta trayectoria universitaria. Lo que pasó después es un proceso que nos ha tocado ver y padecer en todas partes y a toda escala, un buen día Sánchez se levantó asumiendo que con su cargo era un “todopoderoso”, que no dependía de nadie, que no le debía nada a nadie, decidió emanciparse y apeló a su victoria en las primarias para investirse de sus propias aspiraciones. Susana Díaz, que lo había respaldado como solución transitoria hasta sentirse en condiciones de lanzar ella misma su candidatura, se convirtió en su peor enemiga. Y el intento de Sánchez de superar el acoso y sus sucesivas derrotas electorales trazando acuerdos con Podemos lo llevó en picada hacía, por lo menos ahora, el fracaso político.

El PSOE ha quedado en manos de una comisión gestora que deberá convocar un nuevo comité federal, su órgano directivo entre congresos, para que éste decida si pasa del “no” a Rajoy que mantuvo Sánchez hasta el fin, a una abstención que desbloquee la crisis institucional. Recodemos que España es comandada por un gobierno en funciones dado que ni Rajoy ni el propio Sánchez pudieron ser investidos tras las dos elecciones consecutivas que se celebraron el 20 de diciembre de 2015 y el 26 de junio de 2016.

Por mandato constitucional, el próximo 31 de octubre se disolverá automáticamente el Parlamento para dar paso a unas terceras e insólitas elecciones generales. Quedan pocos días para el 31 de octubre, pero el rey Felipe VI tendría que celebrar una ronda de consultas con los representantes de los partidos parlamentarios para encargar la formación de Gobierno al candidato que cuente con suficientes apoyos. La investidura de Presidente en España puede ser en una primera sesión parlamentaria, en caso de que el candidato obtenga mayoría absoluta (176 de los 350 escaños del Congreso) o en una segunda sesión, 48 horas más tarde, en la que necesita más “sí” que “no”.

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