Clinton y Trump, en intensa campaña electoral

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Hillary Clinton y Donald Trump.

Hillary Clinton y Donald Trump.

CLINTON LLEGA CON UN AS BAJO LA MANGA: SUMA A SU CAMPAÑA AL MAYOR ACTIVO DE SU PARTIDO, MICHELLE OBAMA

La candidata presidencial a la Casa Blanca, Hillary Clinton, retomó el jueves su campaña después de tres días de reposo a causa de una neumonía, al tiempo que un nuevo sondeo mostró que la ventaja que alguna vez tuvo sobre el republicano, Donald Trump, prácticamente se esfumó. Hace justo una semana, Clinton tuvo que ser auxiliada al retirarse de una ceremonia pública en Nueva York por un desmayo, y poco después se reveló que había sido diagnosticada con una neumonía tres días antes, pero su equipo de campaña optó por mantener la información en secreto. Luego del acto público del jueves, Clinton dijo que sus asesores más allegados sabían que ella estaba enferma, pero aseguró que decidió minimizar el problema para no interrumpir su campaña. Según se ha dicho, durante su convalecencia, la exsecretaria de Estado aprovechó esos días de relajación para “reflexionar” y tomar distancia, algo que la agitada agenda de la contienda electoral no permite demasiado, pero también para replantearse frente a un fenómeno mediático como lo es Trump, que ha crecido de manera importante tras su tristemente célebre visita a México, donde le espetó al Presidente Peña en público y en privado, lo que ha venido diciendo desde que inició su campaña, lo que le significó a Peña Nieto un vendaval de críticas de las cuales no podrá reponerse fácilmente, pues tras el embate del “huracán Trump” el Gabinete Presidencial sufrió los cambios más relevantes desde la toma de protesta del Presidente, y es que su mayor incondicional, Luis Videgaray Caso, hoy ex Secretario de Hacienda fue sacrificado y la razón pudiera ser la que profusamente se difundió extraoficialmente en redes sociales al señalarse que habría sido él quien le recomendó a Peña reunirse con Trump, incluso quedó documentado que el propio ex Secretario recibió al candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos de América en uno de los hangares presidenciales del aeropuerto de la Ciudad de México, actos que también fueron duramente criticados pues al nefasto magnate neoyorquino se le dio un trato de Jefe de Estado.

Pero la ira no solo se desató en México; en Estados Unidos, la candidata republicana y puntera aun por breve margen en las encuestas Hillary Clinton descalificó el encuentro y fue tajante al decir “no” a la misma invitación que dice el Gobierno Federal le fue también enviada a ella.

Y es que han sido días difíciles para la ex Primera Dama, apenas el miércoles, la médica que la atiende, Lisa Bardack, divulgó un comunicado de dos páginas donde afirmó que Clinton se recuperaba de una neumonía “leve, no contagiosa”, pero que está “apta para servir” como Presidenta.

Trump no se quedó atrás. El candidato republicano a la Casa Blanca eligió un programa televisivo para hacer públicos los detalles de su salud, incluido sus problemas de colesterol y sobrepeso, aunque él opina que tiene la constitución física  de una persona de 35 años.

El magnate, de 70 años, presentó en el programa televisivo “Dr. Oz” un resumen médico realizado por su doctor, Harold N. Bornstein, en el que se detallan su nivel de colesterol, que controla con el medicamento ‘rosuvastatin’, y su masa corporal, en el margen bajo del sobrepeso.

No obstante, el informe médico indica que en general la salud de Trump es “excelente” y el historial médico apunta que sólo fue hospitalizado una vez, cuando tenía 11 años, por una operación para extirparle el apéndice.

Más allá de las polémicas sobre la salud de los candidatos, Clinton necesitaba retornar a la campaña electoral. En los últimas jornadas, y además de la polémica generada por la falta de transparencia sobre su salud, la demócrata ha tenido que calmar otra controversia, la suscitada tras calificar a la “mitad” de los votantes de Trump de “deplorables” con ideas “racistas, machistas, homófobas, xenófobas, islamófobas”.

Una encuesta de la red CBS y el diario The New York Times divulgada el jueves mostró a Clinton con una apretada ventaja de dos puntos sobre Trump (44 por ciento frente a un 42 por ciento). Sin embargo, cuando el mismo sondeo incluyó en el cuestionario a los otros dos candidatos minoritarios en disputa –el libertario Gary Johnson y la ambientalista Jill Stein– Clinton y Trump quedaban empatados en 42 por ciento. Este escenario, considerados los cuatro aspirantes, es el mismo que describió el miércoles un sondeo de una universidad norteamericana. El estudio también mostró una enorme división de género en la disputa electoral: Trump tiene una ventaja de dos dígitos entre los electores hombres, al tiempo que Clinton tiene una superioridad equivalente entre las mujeres.

Cuando faltan menos de ocho semanas para la elección presidencial de Estados Unidos, Donald Trump y Hillary Clinton desarrollan una intensa campaña electoral con muy poca ventaja entre ambos candidatos.

El descontento con los candidatos de los partidos principales está muy extendido. Entre quienes dicen que tienen la intención de votar a favor de Trump o Clinton, un poco más de la mitad expresan un fuerte apoyo. El resto afirma tener dudas acerca de su candidato, o votarán para frustrar al oponente.

En general, solo el 43 por ciento de los votantes probables se describen como entusiastas ante la perspectiva de emitir su voto en noviembre. 51 por ciento de los partidarios de Trump dicen que están entusiasmados por la votación; 43 por ciento de los partidarios de Clinton afirman lo mismo.

Clinton fue muy criticada la semana pasada al sugerir que la mitad de los partidarios de Trump tenían puntos de vista que los convertían en personas “deplorables”, y por los intentos de su equipo de campaña para ocultar su diagnóstico de neumonía.

Pero tras la pausa, Clinton parece llegar con un as bajo la manga y es que a partir del jueves suma directamente a su campaña a quien quizá es el mayor activo del partido demócrata en este momento, Michelle Obama.

La primera dama de los Estados Unidos, cautivó en la Convención Demócrata celebrada en julio en Filadelfia y ahora, en la recta final de la campaña, pondrá su carisma y popularidad al servicio de la candidata presidencial del partido. Apenas el viernes, la esposa del presidente Barack Obama hizo campaña por Clinton y su compañero de fórmula, el senador Tim Kaine, en la Universidad George Mason, en el norte de Virginia, un estado donde ganar es vital tanto para la candidata demócrata como para su rival republicano, Donald Trump y la respuesta fue inmejorable, Michelle se ganó al electorado.

El papel de la primera dama en lo que resta de la campaña será en cierto modo de “animadora” y “motivante” en actos como el de este viernes y se decantará por destacar aspectos “personales” de la ex secretaria de Estado, como el hecho de que es una mujer “tenaz”. Michelle hablará “probablemente de la Hillary Clinton a la que conoce personalmente” y de algunas de sus cualidades no mencionadas a menudo en la prensa pero sí por sus amigos: “Empatía, sentido del humor y compasión”. Es muy posible que también haga hincapié en los mismos temas que planteó en su discurso ante la Convención Demócrata y, en un tono “optimista”, presente una Presidencia de Clinton como “la oportunidad de que Estados Unidos avance hacia una nación más inclusiva”, habrá que recordar la parte medular de su discurso cuando dijo: “Me despierto cada mañana en una casa que fue construida por esclavos. Y veo a mis hijas, dos jóvenes negras, inteligentes y hermosas, jugando con sus perros en los jardines”, afirmó la primera dama en un momento de ese discurso ante la convención eufórica, con la voz quebrada.  -No le hizo falta decir más para enviar un mensaje optimista sobre cómo ha evolucionado y progresado el país, en claro contraste con la visión apocalíptica que normalmente ofrece Trump.- “Y gracias a Hillary Clinton, mis hijas, y todos nuestros hijos e hijas, ahora dan por sentado que una mujer puede ser presidenta de Estados Unidos”, enfatizó también, antes de poner al auditorio de la convención de pie.

No hay duda de que ese discurso fue “extremadamente eficaz”, otro factor que “obviamente” puede ayudar a Clinton: la alta popularidad de la primera dama, que estaba en el 64 % en agosto, seis puntos más que antes de la convención.

Seguramente habrá actos en los que Michelle Obama y Clinton aparecerán juntas, y verá también a la primera dama haciendo campaña en solitario hasta el 8 de noviembre sobre todo en los estados más reñidos como Virginia. Así pues, la mejor medicina para Hillary no es la que haya recibido de parte de los médicos que la atienden, sino la integración a su campaña de un nuevo factor que podría ser decisivo en su eventual victoria, Michelle Obama.

Así pues, una neumonía ha bastado para que las dudas sobre la capacidad de gestión de Hillary Clinton como futura presidenta de Estados Unidos hayan comenzado a surgir. Y algunas de estas alarmas han saltado en los mercados, ya que la candidata demócrata es la favorita de las bolsas estadounidenses.

Michelle Obama.

Michelle Obama.

Históricamente, las bolsas han registrado mayores rentabilidades cuando el presidente ha sido demócrata por lo que las dudas por el posible advenimiento de una ‘era Trump’ podría tensar los mercados, que hasta ahora daban por hecho la llegada de la primera mujer a la Casa Blanca.

No obstante, la enfermedad de Clinton no ha sido suficiente para que las bolsas ‘enfermen’. A pesar de que el margen entre ambos candidatos se haya estrechado en las últimas semanas, “la neumonía de Hillary no es una amenaza”, siempre y cuando no evolucione a algo peor. Con las encuestas tan ajustadas entre ambos candidatos, la perspectiva de que gane Trump se va haciendo cada vez más plausible. Y los analistas ya están contabilizando los posibles daños de su subida al poder.

Desde el mercado de dinero, creen que el desarrollo de la economía en una posible ‘era Trump’ tendrá más relación con el ciclo económico en el que nos encontramos que con el presidencial. Asimismo, según vaya pasando el tiempo se irán diluyendo los efectos de su elección y la economía volverá a seguir su curso natural.  No obstante, uno de los problemas que podría tener el vecino país del norte con Trump es la política comercial que quiere implantar el candidato, especialmente con China, con quien “probablemente se estableciesen medidas para limitar las importaciones de bienes provenientes de este país”. Una medida poco recomendable ya que el país asiático es uno de los grandes depositarios de la deuda estadounidense.

Hablado de elección cerrada, vale destacar que diez son los estados norteamericanos que, por su movilidad electoral, se llaman “swing states”: Pensilvania, North Carolina, Virginia, Ohio, Wisconsin, Colorado, Nevada, Florida, Vermont y Iowa. Pero uno de ellos se transformará en el campo de batalla de los últimos dos meses de campaña: Florida.

El Sunshine State es el swing state (estados bisagra, los que no siempre se inclinan por el mismo partido) que entrega más votos electorales al candidato que lo gane. No hay que olvidar que en los Estados Unidos la elección no es directa, sino que se hace a través del Colegio Electoral.

Cada Estado, de acuerdo a su población, entrega un número preestablecido de electores. California entrega 55 y vota demócrata, Texas entrega 38 y vota republicano, New York entrega 29 y vota demócrata. Florida también aporta 29 electores pero ha cambiado de preferencias históricamente.

Los candidatos y sus principales alfiles, se van a “matar” estas últimas cuatro semanas para ganar el voto de los electores de la Florida. Otra característica del voto norteamericano es que no es obligatorio, por lo que, tanto Trump como Hillary creen que motivando a la gente para ir a votar saldrán beneficiados.

Un tema excluyente en el “Estado del Sol” es su estructura demográfica. El sur de la Florida es la parte más poblada y allí Hillary es favorita. Pero el tema crucial es por cuánta diferencia ganaría para saber cuánto debería descontarle Trump en el resto del Estado para tener alguna esperanza. Broward, Miami, Dade y Palm Beach son condados críticos para los dos partidos y pueden determinar la suerte del resultado. Allí seguramente va a ganar Clinton, pero muchos analistas coinciden en que la diferencia debería ser de entre 200,000 y 250,000 votos para superar la ventaja que el republicano le pueda sacar en el resto de los condados.

Por eso para Trump es imperativo reducir esa diferencia ya sea persuadiendo a que eventuales votantes de Clinton no vayan a votar o expandiendo su propia base de adherentes.

El senador Marco Rubio, que fuera rival de Trump en las primarias y que va también por su reelección en el escaño de la Cámara Alta, dijo que “cada voto cuenta”. Recordó que hace cuatro años Mitt Romney perdió el Estado por 74,309 votos y eso le significó perder la presidencia. Hoy se presume que la situación puede ser similar hacia uno u otro lado.

Si Clinton no saca una buena ventaja en esos tres condados del sur, el Estado se irá “para la estrella de los reality shows”. Muchos le prestan atención al resultado en Weston, un condado al norte de Miami, lleno de venezolanos exilados del chavismo (lo llaman Westonzuela) porque también corre con una estadística de votar siempre al que termina en el Salón Oval.

El Estado se llenará de visitas pesadas en estos días que siguen. Trump, casi es un local en la Florida porque vive allí parte del año en su propiedad en Palm Beach, sabe lo que vale dedicarle tiempo personal a ganarlo. El candidato vicepresidencial de Hillary, el senador por Virginia Tim Kaine, ha admitido que su presentación como compañero de fórmula de Clinton en la Florida International University en el oeste del condado de Dade (paradójicamente muy cerca de donde Trump tiene su famosa propiedad de golf, el Trump National Doral) no fue casualidad, como así también que él sea un bilingüe fluido en español.

En estos días el huracán Hermine justamente le impidió cumplir varias presentaciones en tres ciudades importantes del norte del Estado, donde Hillary es menos popular. Antes de que se desatara la tormenta, el candidato a la vicepresidencia por los republicanos, Mike Pence, sí pudo hablar en su visita a Sarasota, sobre la costa del Golfo de Mexico.

Hoy el promedio de las encuestas dan un 44.3% para Clinton y un 41.6% para Trump, es decir una diferencia de 2.7

En estas cuatro semanas, el tema de los votantes registrados será otra cuestión a mirar con atención. La fecha límite para registrarse es el 11 de Octubre. Los demócratas tienen una meta ambiciosa de registro de votantes, aunque la historia reciente parece desmentirlo. Desde agosto de 2014 a agosto de 2016 los registros de votantes republicanos aumentaron 6.5%, sólo superados por los que se registran como “independientes o no adheridos a ningún partido”, con el 6.8 por ciento. En el mismo tiempo, el registro de votantes demócratas solo se incrementó 1.9 por ciento. 

Los demócratas se ilusionan en sumar para sus filas a los seguidores del republicano Jeb Bush, ex gobernador del Estado y ex rival de Trump en las primarias para con quien el hermano del ex presidente sólo tuvo palabras duras y que siempre se parecieron más a las de un contrincante permanente que a las de un eventual adversario interno pero con quien, en el fondo, se comparte un diseño de país común.

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