Encuentro Trump-EPN, ¿qué dijeron sin decirlo?

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Rossy Garbbez

Rossy Garbbez

En la reciente visita a México del candidato republicado a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, tuve la oportunidad de analizar, durante el discurso, los gestos y movimientos de los participantes.

Sobre la estatura: En el lenguaje no verbal la persona más grande, que abarca mayor espacio y tiene mayor altura, se percibirá con más dominio y poder. Así lo pudimos observar cuando vimos a Peña y a Trump entrar juntos al recinto donde darían sus declaraciones: Donald Trump transmitía mayor autoridad por el sólo hecho de ser más alto y corpulento.

Sobre la gesticulación facial: Durante el tiempo que estuvieron en el atril, los dos expresaron un rostro con labios apretados y con la mandíbula bastante tensa. Mientras habló Peña Nieto, Trump se limitó a ver hacia el frente y evitó mirar a Peña; en cambio, cuando fue el turno de Trump, Peña Nieto mostró atención regresándolo a ver.

Algo que no quiero pasar por alto es la forma de mirar de Trump: siempre con la barbilla elevada, transmitiendo soberbia y superioridad, haciendo con ello que quienes lo acompañen se puedan llegar a sentir inferiores. Ello quizá es una estrategia de campaña para minimizar a los oponentes.

La visita de Trump causó indignación entre los mexicanos.

La visita de Trump causó indignación entre los mexicanos.

Sobre el lenguaje corporal: La forma en que colocamos los brazos y las piernas delatan lo relajados o tensos que estamos ante algún escenario. En este caso, cuando Trump se colocó en el atril, puso una postura de bloqueo llamada “Hoja de parra”, que consiste en colocar una mano sobre la otra por la parte frontal estando de pie, poniendo así una barrera en su cuerpo para protegerse.

Los gestos ilustradores deben de confirmar las palabras, cosa que no hizo Peña Nieto: mientras habló, no mostró énfasis, ni dio fuerza a sus palabras con ademanes y los pocos que hizo fueron muy cortos y un tanto reprimidos.

Aunque Trump dijo que estaba feliz, sus labios y su rostro mostraban lo contrario: no comunicaba eso. Trató de mostrar las palmas de las manos al hablar, lo cual es una connotación que dice que no tiene nada que esconder. Me queda claro que tiene asesores de quienes ha aprendido el control de emociones a través de sus gestos reguladores que usó durante esta visita.

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