Trump: la cara fea del imperio

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Ruben MartinLa invitación a visitar México que Enrique Peña Nieto hizo al candidato republicano Donald Trump pasará a los anales de la historia del país como una de las acciones presidenciales más cuestionadas, controvertidas, absurdas y estúpidas.

Sólo Peña Nieto, el artífice de la visita Luis Videgaray y el dirigente del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Ochoa, por oficio, defienden esta decisión. La mayoría de la población del país la repudia.

El rechazo unánime a la decisión de invitar al país al candidato que busca la presidencia de Estados Unidos basado en la promoción del desprecio y el odio a los mexicanos en particular y todos los migrantes en general, se verá reflejada en las siguientes encuestas. Si de por sí la imagen de Peña Nieto ya estaba en picada antes de su cuarto informe de gobierno y de anunciar la visita de Donald Trump (con una desaprobación de 77 por ciento según la encuesta de Reforma), los hechos de la semana pasada aumentarán sin duda el rechazo a la imagen presidencial.

Los entretelones de la invitación a Trump a México ya han sido develados de manera detallada tanto por columnistas, comentaristas y reportajes de medios tanto de México como de Estados Unidos. Gracias a ellos sabemos que la ocurrencia fue del secretario de Hacienda, quien convenció al inquilino de Los Pinos de que si no se invitaba a Trump ahora y ante la eventualidad de que ganara las elecciones el próximo 4 de noviembre, los mercados mexicanos colapsarían. Es decir, se justificó la visita del repudiado candidato republicano por motivos económicos. Sabemos también que la invitación a Trump fue muy controvertida al seno del gabinete, a grado tal que se pusieron sobre la mesa las renuncias de dos secretarios.

El mismo Peña Nieto confesó, en entrevista con Denise Maerker el 31 de agosto el mismo día de la visita, que con el encuentro albergaba la vana ilusión de cambiar la percepción de Trump sobre México. No fue así, pues incluso ante su cara el empresario le dijo que el proyecto de construir el muro sigue y horas más tarde, ya en Arizona, reiteró su intención de obligar a los mexicanos a pagar por él en un tono burlesco que atizó la indignación en México.

La estúpida decisión del gobierno mexicano fue aprovechada hábilmente por el equipo del republicano lo que le permitió ganar algunos puntos en la competencia electoral contra la demócrata Hillary Clinton. Trump usó de tapete a Peña Nieto.

Pero aunque se trate de la cara más fea del imperio, y no nos referimos a su feo rostro naranja sino a sus propuestas políticas, no debemos olvidar que la relación de subordinación estratégica de México a Estados Unidos va más allá de si gana un republicano o un demócrata, o si acá gobierna el PRI, el PAN.

Si bien Trump se ah empeñado en provocar el odio y el repudio de millones de mexicanos en ambos lados de la frontera, no debe perderse de vista que la construcción del muro empezó en 1990 durante el gobierno del republicano George Bush padre, y fue continuado en el gobierno del demócrata de Bill Clinton. Actualmente ya se han construido 1,050 kilómetros de muro en una frontera de 3,145 kilómetros. Es decir: un tercio de la frontera ya tiene muro. De modo que la amenaza de Trump es mera retórica electoral.

Lo verdaderamente preocupante, es que el muro fronterizo y la política antimigratoria ya son una realidad, no una promesa de Trump.

Trump amenaza con deportar a millones de mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos sin permiso legal. Si lo hace sólo estaría radicalizando la política migratoria que el demócrata Barak Obama ha hecho en sus dos periodos de gobierno. Obama ha sido el mandatario que más mexicanos ha deportado en toda la historia. Univisión informó que Obama ha deportado en su mandato cerca de 2.7 millones de personas, de los cuales la mayoría son compatriotas.

La política contra los migrantes continuara en Estados Unidos, bien gane Trump o bien gane Hillary Clinton. De hecho, conocedores detallados de la carrera política de Hillary Clinton, como Diana Johnstone, sostienen que “el principal motivo de preocupación” para el mundo (no solo para México) debe ser la candidata demócrata a quien ve incluso con el riesgo de provocar una guerra con Rusia y aumentar los conflictos en Oriente Medio.

De modo que la relación de México al país del norte, va más allá del odioso Trump. Tiene qué ver esencialmente con la defensa de los intereses imperiales de Estados Unidos, el papel de subordinación que nuestro país juega en esa relación y que tanto republicanos como demócratas defienden los intereses imperiales.

Lo que molesta a la mayoría es que Peña Nieto se comportó como vasallo en lugar de tener las agallas para cuestionar a la cara más fea del imperio. Gane Trump o gane Hillary Clinton, hay motivos de sobra para preocuparnos.

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