La nueva soberanía política

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A estas alturas de la crisis del sistema liberal, sólo los ilusos creerán que el crimen organizado y los negocios capitalistas ilegales funcionan por afuera y en contra del Estado. Hay infinidad de pruebas para mostrar que estas organizaciones consiguen sus objetivos con el apoyo y el respaldo de las agencias gubernamentales y sus operadores.

La detención de Sergio Kurt Schmidt Sandoval por fuerzas federales el pasado 19 de agosto en su casa de Bugambilias, y las evidencias de sus relaciones, contactos y protección que recibía de parte de gobernantes, políticos y empresarios es la confirmación fehaciente de que en Jalisco, como en el resto del país, los negocios del crimen organizado no funciona sin la complacencia del poder público.

Esto a pesar del juego tonto de autoprotección con el que la clase política local de Jalisco pretende hacernos creer que una facción de ellos son inocentes e ingenuos y no sabían quién era Sergio Schmidt. Las evidencias indican que todos están embarrados y comprometidos.

A grandes rasgos, se sabe por versiones periodísticas y por fuentes que han hablado fuera de grabadora, que Sergio Schmidt arrancó su historial delictivo con el acompañamiento de un hijo de un connotado político priista. Por el asalto bancario más grande de la historia de Jalisco, en Lagos de Moreno en 1981, pasó un corto tiempo en la cárcel pero salió antes de que cumpliera su condena gracias a esa relación política. En ese asalto bancario participó Jesús González Márquez, hermano de quien sería gobernador de Jalisco a partir de marzo de 2007.

En el gobierno de Emilio González Márquez, eran recurrentes las versiones de que Sergio Schmidt ejercía una influencia notable en las áreas de seguridad, reclusorios y del poder judicial. Varios cuadros panistas criticaban al gobernador por permitir la injerencia de este personaje a quien el gobierno federal acusa de ser el operador financiero del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Ahora, tras su detención, se muestra que el “objetivo estratégico 101” del gobierno federal, también tenía relaciones relevantes con políticos del partido Movimiento Ciudadano.

Sergio Schmidt es acusado de ser el operador financiero del CJNG, pero todo indica que, además de esa función, desempeñaba un papel clave de vinculación con los personajes de la clase política y empresarios de la entidad.

Este breve recuento permite afirmar que el presunto operador del CJNG era conocido por políticos relevantes de los partidos que ejercen el poder en la entidad, que era difícil desconocer conocer su historial, y que se sabía de su peligro potencial una vez que desapareció el regidor de Puerto Vallarta, Humberto Gómez Arévalo, a quien Sergio Schmidt amenazó públicamente.

En síntesis, los esfuerzos de políticos del PRI, PAN y MC para deslindarse de Sergio Schmidt son vanos. Políticos de estos partidos han admitido que lo conocían, y todo indica que cumplía la función de vínculo entre la organización del crimen organizado que controla la plaza con la clase política gobernante.

Esto nos lleva a un asunto político fundamental: la noción de soberanía política definida por la teoría liberal no existe más en México y en Jalisco, es una ficción.

Los representantes elegidos supuestamente por el pueblo para hacerse cargo del poder público no responden únicamente al pueblo. La mayoría de ellos responden a los poderes fácticos, y entre ellos, uno de los más poderosos, por su capacidad económica y de ejercicio de la violencia, es el crimen organizado.

Si esto es cierto, debemos cuestionar la ilusa teoría liberal que dice que la soberanía política que reside en el pueblo y éste la delega en representantes para gobernar en los poderes públicos. Ya no es así, y nunca ha sido así, pero ahora queda más claro y evidente cuando de facto quien manda en un territorio, quien ejerce la soberanía no sólo en el ejercicio de gobierno y sus políticas, sino en la decisión de quién vive y quién muere es el llamado “jefe de plaza”.

El cártel del crimen organizado, que controla un territorio para la operación de los negocios del capitalismo ilegal, es el verdadero soberano político y la clase política se convierte en su operador y sirviente. Ésta es la nueva realidad política de los tiempos del capitalismo neoliberal, de la acumulación por despojo y de la economía del terror que tenemos en el México contemporáneo.

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