EPN en su crisis terminal

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Ruben MartinEl periodo de mando de Enrique Peña Nieto se termina formalmente hasta el 30 de noviembre de 2018; sin embargo, en términos prácticos, su gobierno se encuentra en crisis terminal debido al fracaso de sus reformas, los casos de corrupción de su esposa y gabinete, de gobernadores de su partido y del aumento constante de asesinados y desaparecidos que confirman el estado de guerra que vivimos en el país.

La administración de Peña Nieto es un completo y rotundo fracaso para cualquier observador, incluso para los comentaristas liberales que al arranque del sexenio alababan sus capacidades políticas y reformadoras. Incluso los opinadores leales al sistema, algunos de ellos pagados, se dan el lujo de poner en entredicho al actual gobierno. Peña Nieto es un cadáver político, como su gobierno y el régimen político que lo sostiene.

La crisis terminal del gobierno de Peña Nieto se evidenció con el asesinato y desaparición de los normalistas de Ayotzinapa en septiembre de 2014, todavía cuando la mayoría de la prensa internacional y buena parte de la nacional le cantaba loas al actual gobierno. Luego de Ayotzinapa vino la revelación de la corrupción con el caso de la Casa Blanca del contratista Higa, de un empresario amigo cercano de Peña Nieto. Esta crisis se reflejó en la derrota del PRI en las elecciones intermedias de 2015.

Todas las maniobras y recursos de Peña Nieto para recuperarse han resultado infructuosos. A los casos antes señalados se han sumado nuevos escándalos de corrupción tanto en gobiernos estatales (como los de Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo), como en otros caso de presunto conflicto de interés entre un empresario que “presta” su departamento en Miami a la familia presidencial, como más casos de corruptelas de gobernadores priistas.

A esto se suma una justificada irritación social por el aumento en los precios de las gasolinas y la tarifa de la energía eléctrica que se prometió que bajaría con la reforma energética.

No fue así. Todo fue mentira.

Entre tanto, el magisterio disidente confirmó, mediante el paro magisterial iniciado el 15 de mayo, el fracaso de la reforma educativa de Peña Nieto.

El pésimo manejo del conflicto magisterial rompió la luna de miel que el inquilino de Los Pinos tenía con las cúpulas empresariales, lo que abrió un frente de conflicto con sectores de la burguesía mexicana.

Por si fuera poco, medidas de corte liberal, como la aprobación de las bodas con parejas del mismo sexo y la legalización del uso personal y médico de la mariguana, provocaron el enojo de la cúpula de la iglesia mexicana y las bases conservadoras que la siguen.

Por eso no sorprende que en la reciente encuesta del grupo Reforma 77 por ciento de los encuestados muestre su desaprobación hacia el actual gobierno.

Podría pensarse que el último reducto de apoyo de Peña Nieto se encuentra en su partido y en sus redes de control clientelar, pero no es así. Desde dirigentes priistas cupulares hasta militantes de base manifiestan su descontento con Peña Nieto.

El actual presidente enfrenta no sólo una crisis de imagen. Se trata de una crisis de legitimidad tan profunda que es imposible remontar.

La crisis no se debe únicamente a la incompetencia personal del inquilino de Los Pinos, y las loas que le han vendido sus allegados, sus voceros pagados en los medios y los empresarios beneficiados en la administración actual.

El único consuelo que le queda a Peña Nieto es que el país estaría en crisis incluso sino fuera él quien estuviera en la presidencia, dado que nos encontramos ante una crisis sistémica, y no solo de una crisis de forma personal de gobernar. Hablamos de la crisis terminal del sistema político de democracia representativa liberal incapaz ya de gestionar y mediatizar las necesidades y demandas de las clases sociales y el antagonismo social.

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1 comment

  1. Marco 19 agosto, 2016 at 13:10 Reply

    Para usted, la crisis no es por la forma en que ha gobernado Peña Nieto, su partido y allegados, sino del sistema democrático que es representativo y liberal es decir el sistema político mexicano. Que fácil tan ligera declaración, iba muy bien su artículo de opinión pero estrella el avión al final. Como si el sistema fuera un ente con vida propia, una fuerza que jala en dirección contraria a los intereses sociales. Nada más equivocado, el sistema lo alimentan y llevan, los grupos de interés políticos y económicos, y claro está Peña Nieto. La crisis se origina por malos gobiernos, es decir la forma personal de gobernar. Por lo tanto es equivocado decir que cualquiera en la silla presidencial, tendría los mismos resultados que Peña.

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