¿Ángeles vencerá a Enrique Alfaro?

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La regidora, única estrategia del PRI en Guadalajara. En la imagen: Ángeles Arredondo y Enrique Alfaro.

La regidora, única estrategia del PRI en Guadalajara. En la imagen: Ángeles Arredondo y Enrique Alfaro.

LOS PRIISTAS HAN RENUNCIADO A ENFRENTAR A SU ENEMIGO; HASTA EL DELEGADO REGIONAL, EUGENIO RUIZ OROZCO, TIENE ACUERDOS AL 2018

La estridencia de los reclamos de la regidora Ángeles Arredondo queda hasta ahora como la única estrategia del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en su papel de oposición en Guadalajara. No es necesario explicar entonces la fragilidad y poca efectividad que se puede esperar. Ha sido, más bien, ruido sin argumentos, facilitando el caminar del gobierno municipal tapatío.

Para todos los priistas queda claro hace tiempo lo que significa la carrera de Enrique Alfaro, de cara a 2018. Tendría que ser el objetivo. Sin embargo, el trabajo del tricolor en el espacio que comparten con su adversario ha sido superficial, más de sombrerazo que a profundidad.

Tal vez podríamos remontarnos a la elección del candidato a alcalde de Guadalajara por parte del Gobernador Aristóteles Sandoval Díaz, para confirmar cómo renunciaron a dar la pelea en la capital del estado. La búsqueda del espacio del que han salido los últimos gobernadores, que es la presidencia municipal tapatía, fue cedida a un amigo del mandatario, sin posibilidades en las encuestas.

Pero había otras características adicionales. Ricardo Villanueva Lomelí no era un priista, por lo que una vez como regidor, no pudo recuperarse anímicamente y se quitó con facilidad la camiseta que le habían prestado, para pedir refugio en el espacio en que se formó políticamente: la Universidad de Guadalajara.

La tristeza que embargó a Villanueva tras la derrota ante Enrique Alfaro, estuvo adicionada con otro ingrediente para cocinar su salida: él no estaba dispuesto a pelearse por el PRI.

De hecho, en una postura que para la ciudad podría considerarse de madurez política, pero que para los priistas fue una traición, determinó pactar con el alcalde. Esto consistió en llegar a acuerdos en aquellos temas en los que no había diferencias, especialmente si eran para resolver los problemas de Guadalajara, y discutir, más no pelear, en los que persistieran los diferendos.

Pero para ejecutar esos acuerdos no tuvo el respaldo de la regidora Ángeles Arredondo, quien llegó al cargo empujada por el padre del Gobernador, el magistrado Leonel Sandoval. Al primer conflicto, el de los comerciantes ambulantes, la edil decidió sacar las armas y dar la pelea. La perdió, porque le faltó fondo; sin embargo, al menos sacó la bandera de la oposición y aprovechó la principal debilidad de Enrique Alfaro: su carácter explosivo.

La imposibilidad de mantener el orden al interior de su bancada parece haber aumentado el desánimo de Ricardo Villanueva, quien a la primera posibilidad abandonó el barco y regresó a su refugio en la Universidad, donde consiguió que lo enviaran como rector al Centro Universitario de Tonalá.

Los priistas sabían que la coordinación de la bancada no podían dejársela a Ángeles Arredondo, por lo que se decidieron por otro amigo del Gobernador. Así, nombraron a Sergio Otal Lobo, quien se había hecho cargo del área de recursos humanos del Ejecutivo, en un trabajo que implicó, principalmente, dar espacios a todos los priistas que se lo pidieron, distribuyéndolos en las diferentes secretarías y, especialmente, fuera de la nómina de base, para que se diluyeran y no hubiera escándalos. También le tocó cruzar las peticiones, para que nadie quedara en la dependencia de quien lo había llevado y así evitar que se les acusara de favoritismos políticos o, peor aún, nepotismo.

En el espacio que dejó Villanueva, entró su suplente Ximena Ruiz Uribe, hija del ex alcalde de Guadalajara, Eugenio Ruiz Orozco. Su incursión en la política quedó marcada el primer día, cuando no llegó a su presentación, en la que sus nuevos compañeros ediles habían programado una conferencia de prensa.

El argumento oficial para la ausencia de Ruiz Uribe fue problemas de agenda. En los pasillos se aseguró que su padre tiene acuerdos con el alcalde Enrique Alfaro y no quiere que forme parte de los cuestionamientos de los priistas. Nada más hay que recordar el día en que Alfaro Ramírez asumió la presidencia municipal y agradeció a algunos políticos su apoyo a lo largo de su carrera; entre ésos estuvo Ruiz Orozco.

De esta manera, la salida de Villanueva del Ayuntamiento de Guadalajara debilitó aún más a la bancada priista, pues el resto de los regidores del tricolor han preferido asumir el cómodo anonimato.

Es por ello que la pelea política, prácticamente, la dan Ángeles Arredondo y, de manera formal pero más bien conciliadora, Sergio Otal.

En el caso de Ángeles Arredondo, sus formas han terminado por invisibilizar el fondo. Incluso, en la última discusión que tuvo con el presidente Enrique Alfaro, sobre la concesión de los baños en los mercados municipales, el alcalde salió victorioso, pues la acorraló hasta la conclusión de que defendía a priistas que se han aprovechado de esos espacios, sin que ingrese un peso al ayuntamiento y, mucho menos, al mantenimiento de los mercados.

De hecho, si revisamos los problemas que durante los primeros meses ha enfrentado el gobierno de Enrique Alfaro, por las asignaciones directas en comunicación o para la restauración de la estatua de la Minverva, o bien con problemas por servicios públicos como estacionómetros, mercados, basura y comercio informal, son más bien atribuibles al propio alcalde y a su equipo. El PRI sólo es observador o, en el mejor de los casos, una reacción.

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