¿HILLARY O TRUMP?

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Hillary Clinton y Donald Trump.

Hillary Clinton y Donald Trump.

HILLARY NECESITA CONVENCER DE QUE ESTADOS UNIDOS NO QUIERE NI NECESITA QUE UN PERSONAJE AUTORITARIO DIRIJA EL PAÍS COMO TRUMP

La noche del jueves Donald Trump se erigió candidato del Partido Republicano, con lo que el controvertido magnate ha dado el salto definitivo del mundo empresarial a la política, hecho que parecía más que improbable cuando empezó la carrera por la nominación a la presidencia. Muy pocos de los presentes en Cleveland recordaban que hace unos meses la cúpula del partido le había dado cabida al magnate neoyorquino, convencida de que sería útil pero prescindible. Sin embargo, entre el entusiasmo de muchos de los delegados y la coreografía de una convención atípica desde el principio. En su coronación Trump demostró que ahora el partido está a su disposición y no lo opuesto.

Tras haber logrado domesticar a un establishment que ha tenido que admitir el fervor que despierta entre las bases del partido, el contendiente de Hillary Clinton en la elecciones de noviembre, pronunció un discurso populista que pretendía tocar la fibra del miedo entre sus potenciales votantes. El panorama que Trump describió antes de dar paso al festivo ritual del encumbramiento como candidato oficial, era de desolación, frustración y desasosiego en un país aparentemente amenazado por todos los flancos: la violencia en las calles, la invasión de inmigrantes indocumentados, el terrorismo acechante, la clase media estrangulada, los intereses foráneos que le arrebatan los trabajos a los estadounidenses. El mensaje fue directo y sencillo: hay que salvar a la nación del desastre inminente y sólo un líder fuerte como Trump puede devolverle el esplendor de antaño. Una apreciación pesimista que, según indican las encuestas, comparte el 67% de la población. Pero en esta puesta en escena que se repite cada cuatro años la dramaturgia de la unidad en torno al líder se empañó con la incómoda presencia de Ted Cruz, quien se alzó como un rebelde con una causa particular: el convencimiento de que si Trump pierde en las urnas contra Clinton, podría perfilarse como el único candidato capaz de rescatar a un partido que se dejó secuestrar por un intruso con instinto depredador.

En el penúltimo día de la convención el senador de Texas, ortodoxo en sus creencias religiosas y políticas, salió a defender los valores republicanos, la sacrosanta Constitución y el honor mancillado de su familia frente a lo que considera el atropello de Atila. Y lo hizo a sabiendas de que podía acabar en el foso de los leones antes de que su archirrival fuese proclamado candidato. Su sublevación les valió a Cruz y su esposa Heidi sonoros abucheos por parte de las huestes afines a Trump. Los cuatro días de la convención republicana sirvieron para mostrar las armas que Trump y los republicanos utilizarán en su intento para reinstalarse por los próximos cuatro años en la Casa Blanca. La primera táctica ha sido ir en contra de la virtual candidata demócrata, Hillary Clinton, quien para muchos representa un símbolo unificador dentro del partido republicano. Una parte sustantiva de la convención y de los principales discursos se centraron en criticar a Clinton en un intento descarado de no ir a lo específico de las propuestas de gobierno de Trump, pues no hay tales. La estrategia versus Clinton intenta claramente presentarla como “más de lo mismo”. 

En el segundo día de la convención, el gobernador de Nueva Jersey y ex procurador del estado, Chris Christie, tuvo uno de los discursos estelares. Éste fue el primer aliado de Trump al renunciar a su intentona presidencial y llegó a estar en la reducida lista de los candidatos a la vicepresidencia. Christie juzgó y condenó a Hillary con todo, atacándola especialmente por su conducta como secretaria de Estado. Mike Pence, el gobernador de Indiana y ungido candidato a la vicepresidencia, criticó a Clinton en el mensaje de aceptación de su candidatura: “Los estadounidenses pueden elegir a alguien que personifica, literalmente, el establishment de Washington, o a un líder quien luche diariamente por hacer grande a Estados Unidos otra vez”. Insistió en que sus problemas con la verdad y la justicia no han dejado respirar a Hillary y esto ha creado gran enojo e incertidumbre en la población. 

Es difícil saber si los republicanos lograrán resultados con su estrategia anti Clinton. Los optimistas demócratas señalan que durante décadas Hillary y su conducta pública ha estado bajo la lupa y no han hallado ni hallarán nada. Los pesimistas dicen que no es inmune a los ataques y cualquier otra nueva revelación de un escándalo de ella o de Bill Clinton, sería funesta. La segunda estrategia tiene que ver con el tema de la inseguridad.

Trump claramente está jugando con el tema de seguridad nacional y argumenta que bajo “su Casa Blanca” habrá un Estados Unidos más seguro.

Lo irónico del asunto es que no ha hecho pública hasta hoy una verdadera estrategia y planes que permitan regresarle la seguridad al vecino país del norte, luego entonces su discurso ha sido totalmente populista y simplista, hueco, vacío y sin contenido alguno más que las arengas y gritos acompañados de gesticulaciones que por sí solas no resuelven nada. El cenit de la unidad del partido republicano sobrevino cuando el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, insistió en que el Senado se asociaría con el presidente Trump para aniquilar el plan de salud de Obama, el Obamacare. Según McConnell, lo más importante es que Trump elija al nuevo miembro de la Suprema Corte en cuanto tome la presidencia. Durante la convención volvieron a surgir evidencias alarmantes de cómo Trump y su equipo manipulan la verdad. Las incongruencias entre el personal de campaña sobre el plagio en el discurso de Melania Trump mostró poca capacidad de coordinación. Además, reafirmó que para Trump mentir es algo natural y, sea lo que sea, no importa. Para ellos, la verdad no es algo que se ve en blanco o negro, se encuentra en una zona gris. 

El escándalo de plagio también mostró que Trump no tiene organización ni profesionalismo. Las distintas versiones de los miembros del personal de campaña se contradecían y desmentían la idea de que fuese un plagio. Más tarde, Meredith McIver, responsable del discurso de Melania, asumió la culpa y así se aclaró todo no sin antes mostrar la falta de estructura y honestidad de la campaña. Pero aun así, con todo ese desorden las probabilidades de que Trump llegue a la Casa Blanca siguen siendo, desafortunadamente grandes. En contraste, la virtual candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton, presentó este sábado en Miami al senador de Virginia, Tim Kaine, como su compañero a la Casa Blanca.

El magnate, Donald Trump.

El magnate, Donald Trump.

La ex primera dama y exsecretaria de estado, destacó que Kaine está preparado también para ser presidente de Estados Unidos y subrayó su idea de trabajo en equipo para criticar a Donald Trump. Tim Kaine comenzó su discurso de aceptación de la precandidatura demócrata a vicepresidente con un: “Hello, Miami. Hello everybody, Thank you, Thank you”. Y después, en perfecto español dijo: “Y bienvenidos a todos”, cosa que arrancó un sonoro alarido de los simpatizantes demócratas. Y Kaine siguió: “Bienvenidos a todos en nuestro país, ¿verdad? Porque somos americanos todos”, agregó. El legislador aceptó que mucha gente no lo conoce y aprovechó para presentarse y destacar su carrera y su trabajo por la justicia social, se definió como un hombre de fe. Recordó que antes de  ingresar a la facultad de Derecho en Harvard, en 1980, decidió tomarse un año para prestar un servicio social en Honduras.

En ese país enseñó a jóvenes sobre carpintería y a soldar y ellos le enseñaron español. Su tiempo en Honduras, aseguró, le cambió la vida en muchos sentidos. Y volvió a hablar en español: “Aprendí los valores, de mi pueblo: fe, familia y trabajo”, dijo Kaine y otro vez vino el alarido de los demócratas hispanos. “Los mismos valores de la comunidad latina aquí en nuestro país”, agregó. Tim Kaine dijo que el 16 de abril de 2007, el día de la masacre en el campus universitario de Virginia Tech, fue el peor día de su vida. El precandidato demócrata a la vicepresidencia dijo que Hillary Clinton y él no descansarán hasta que se implementen controles para la venta de armas, como la revisión exhaustiva de antecedentes de quienes las compran. 

A diferencia de la convención del Partido Republicano, que si brilló fue por las fuertes disputas internas en torno al candidato Donald Trump y su visión oscura del país, la del Partido Demócrata, que empieza este lunes en Filadelfia, se perfila más como un evento histórico donde el partido nominará a la ex secretaria de Estado Hillary Clinton como la primera mujer en Estados Unidos que disputará la presidencia de la nación más poderosa del mundo. Serán cuatro días de celebraciones adornadas con las figuras más prominentes de esta colectividad, al igual que estrellas de Hollywood y renombrados cantantes. Y todos, de momento, con un mismo objetivo en mente: asegurar una derrota del magnate neoyorquino en noviembre y empujar al partido a una posible reconquista del Congreso o al menos una de sus cámaras. Mañana, los demócratas intentarán pegar primero con los discursos de la primera dama, Michelle Obama, y del senador Bernie Sanders, único pero fuerte rival de Clinton durante la ronda de elecciones primarias. Ambos hablarán de la necesidad de “mantenerse unidos”, el tema fijado como eje para el primer día de la convención.

También serán llamativas las palabras de la señora Obama justo una semana después de que la esposa de Trump, Melania, plagiara frases de un discurso anterior de ella. El martes hablará el expresidente Bill Clinton, muy popular aún entre los demócratas y quien dejará el terreno servido para la intervención el miércoles del actual presidente, Barack Obama, y el vicepresidente, Joe Biden. A ellos, a lo largo de los días, se irán sumando muchas celebridades, como Katy Perry, Eva Longoria, Lady Gaga, Alicia Keys, Demi Lovato y muchas más. Los errores en la Convención Nacional Republicana en Cleveland parecen haber bajado el nivel de exigencia para la nominación en la reunión demócrata de esta semana en Filadelfia. Pero los demócratas no deben contar con eso para pavimentar el camino de Hillary Clinton hacia la victoria electoral en noviembre. Evitar acusaciones de plagio en el discurso de cualquier prominente orador a la convención permitiría a los demócratas jactarse de tener una mejor actuación que la de los republicanos en Cleveland. Eso y asegurar el apoyo del rival Bernie Sanders, en lugar del repudio que el senador Ted Cruz le dedicó a Donald Trump.

Hillary Clinton.

Hillary Clinton.

Pero los demócratas no deben engañarse. Los norteamericanos están estremecidos por los actos de violencia y terrorismo en ese país y en otros países, el último de los cuales fue el tiroteo en Munich. El problema favorece las posibilidades electorales de un demagogo como Donald Trump, que salió de la convención como el candidato de la ley y el orden que Estados Unidos necesita en un momento de crisis. Un número alto de norteamericanos está aceptando su discurso, de modo que la elección de noviembre será reñida. Así que en vez de reducir el nivel de exigencia para Hillary Clinton, las circunstancias han conspirado para aumentar ese nivel. 

Hillary necesita convencer a un público norteamericano nervioso de que Estados Unidos no quiere ni necesita que un personaje autoritario dirija el país. Necesita a alguien que pueda enfrentar con eficacia al terrorismo y que contenga la violencia racial sin abandonar el compromiso con la justicia para todos bajo el imperio de la ley, y tiene que convencer a los votantes de que ella es la candidata capaz de hacer eso. Muchos electores quizá no votarán por Trump por las dudas que revolotean en torno al aspirante sobre su falta de experiencia y algunos métodos cuestionables de hacer negocios, como el caso de Trump University. Pero muchos aún no se han decidido. Hillary no derrotará a Trump fingiendo que las dudas sobre ella no existen. De una vez por todas, Hillary tiene que admitir a los que no están comprometidos con su candidatura que cometió errores en la controversia de los correos electrónicos. Debe convencer a los escépticos que no es una enemiga de los negocios, pero también que no es una prisionera de Wall Street, y que entiende las frustraciones de las fuerzas progresistas que respaldaron a Bernie Sanders y que adoptará al menos parte de su agenda. Debe poner fin a su negativa desde hace meses de ofrecer una conferencia de prensa. Necesita presentar fuertes argumentos a favor del comercio y las relaciones internacionales para contrarrestar la visión de Trump sobre el papel de Estados Unidos en el mundo. Clinton también puede recordar a los votantes que ha hecho públicas sus declaraciones de impuestos desde hace muchos años. ¿Y dónde están las de Trump? ¿Oculta algo el candidato republicano? Con el clamor contra Hillary en la convención de Cleveland, es fácil olvidar que tiene un historial de servicio público que supera con creces al de Trump.

Luchar durante más de 20 años por que la atención médica esté al alcance de todos los norteamericanos es más importante que construir una pista de patinaje en Nueva York. El reto supremo consiste en trascender el escenario partidista para unir a un país dividido. Trump apela al miedo y a una nueva versión del aislacionismo. Ese mensaje es errado. Hillary debe recordar a los norteamericanos que esta nación se hizo grande relacionándose con el mundo y erigiéndose como un faro de libertad y justicia a pesar de los obstáculos que ha enfrentado. Esa es la manera de asegurar que Estados Unidos siga siendo una nación de avanzada. Es decir, hacer en esta convención todo lo contario que se hizo en la que se erigió a Trump. En el caso de los republicanos, ninguno de los dos expresidentes aún vivos (George H. y George W. Bush) o los dos últimos nominados del partido (John McCain y Mitt Romney) hicieron presencia en la convención, y ni siquiera le ofrecieron su respaldo. Es más, quizá el momento más destacado de toda la convención fue el discurso de la hija de Trump, Ivanka, que dejó a muchos soñando en que ojalá fuera ella la candidata. Cuando le llegó el turno al magnate, este soltó una diatriba de casi una hora y media que muchos comentaristas y expertos en los principales medios de comunicación catalogaron de pesimista, oscura y apocalíptica.

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