Golpes a la Unión Europea

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Ataque en Niza, Francia.

Ataque en Niza, Francia.

SIGUEN SUCEDIÉNDOSE LOS COLETAZOS TRAS LA DECISIÓN DE GRAN BRETAÑA DE SEPARARSE DE LA UNIÓN EUROPEA

El terror golpeó nuevamente al mundo en los últimos días y especialmente a Francia, país que se está convirtiendo en un objetivo de carácter prioritario de los criminales que atacan y causan graves daños en nombre de causas religiosas. No sin dejar de olvidar lo ocurrido en Turquía tras el fallido intento de golpe de estado que provocó decenas de muertos y grave inestabilidad política y social en esa nación.

En Niza, Francia, según el último balance provisional del gobierno galo, han muerto 84 personas atropelladas criminalmente por un solitario asesino terrorista, que conducía un autobús lanzado contra la multitud que reunida atestiguaba la celebración de la fiesta nacional francesa en el ‘Paseo de los Ingleses’ y además de los fallecidos se reportan al menos 202 personas heridas, de las cuales se dice que 50 se encuentran en estado crítico.

Hay elementos para señalar que el individuo que perpetró la masacre está vinculado al autollamado llamado ‘Estado Islámico de Siria e Israel’ (ES), conocido como ‘ISIS’ por sus siglas en idioma inglés: ‘Islamic State of Israel and Siria’, grupo fundamentalismo que pregonan actuar bajo las normas divinas del Islam que basadas en lo que aducen dicta su libro rector ‘El Corán’, debe atenderse la orden divina de acabar con todos los infieles a través de una ‘Guerra Santa’ o ‘Yihad’.

La noche que debía de ser festiva en Niza al igual que en el resto de Francia, acabó en tragedia pues la celebración por la fiesta nacional francesa del 14 de julio cedió su lugar a las cruentas escenas de terror que han circulado ya por todo el orbe, en donde se aprecia al multi-asesino de Niza, que embistió fieramente con el autobús a la multitud circulando a gran velocidad a lo largo de casi dos kilómetros dejando un reguero de muerte.

De nuevo surgen las voces que claman la ineficiencia de los servicios de inteligencia y las fallas de los sistemas de seguridad nacional y europeos, pues al igual que lo ocurrido en casi todos los ataques terroristas ocurridos en los últimos meses, se evidencia que hubo descuido en controles migratorios y de inteligencia para la prevención de crímenes, especialmente los de corte terrorista causados por asesinos afectados con ideales fundamentalistas en los que buscan encubrir sus barbaros instintos asesinos que rayan en salvajismo.

Y aun no se salía del asombro de lo ocurrido en Francia, cuando se dio a conocer que otra nación padecía horas de terror, y es que Turquía vivió un intento de golpe militar llevado a cabo la noche del viernes por una facción del Ejército y el premier turco ha informado de que la situación se encuentra “ampliamente bajo control”, sin embargo la cifra de muertos tras la rebatinga subió a 265 personas.  El número incluye a 161 que eran en su mayoría civiles y oficiales de la policía, y 104 partidarios del golpe.

El presidente de Turquía, acusó a los golpistas de tratar de asesinarlo y comenzó una depuración de las fuerzas armadas, que hacía 30 años que no usaban la fuerza para llevar a cabo un golpe de Estado exitoso.

En un momento del levantamiento, un ministro dijo que algunos comandantes militares habían sido tomados como rehenes por los golpistas. Este sábado aún había focos rebeldes aislados, pero el Gobierno dijo que la situación estaba bajo control. Las autoridades de Turquía arrestaron a casi tres mil sospechosos de participar en el fallido golpe de Estado, luego de sofocar un alzamiento de rebeldes que utilizaron tanques y helicópteros militares para tratar de derrocar al presidente Tayyip Erdogan. Ha trascendido que entre los arrestados estaba un comandante del Ejército que figuraba entre los oficiales militares de más alto rango de Turquía. Un eventual derrocamiento de Erdogan, que ha gobernado Turquía desde el 2003, habría constituido otro evento trascendental para Oriente Medio, cinco años después de las revueltas de la Primavera Árabe que hundieron a la vecina Siria en el caos de la guerra civil.

Aún así, el golpe de Estado fallido podría desestabilizar al país miembro de la OTAN, que se encuentra entre la Unión Europea y el caos de Siria y ha sufrido atentados del Estado Islámico mientras libra otra guerra con los separatistas kurdos.

Estas revueltas llaman poderosamente la atención porque Turquía es elemento esencial para la estabilidad europea. Su situación geográfica a medio camino entre Oriente Medio y Europa la convierten en un puente, corredor de hidrocarburos, muro contra las guerras de Oriente Medio y freno para impedir la llegada a Europa de refugiados.

Turquía es miembro de la OTAN y tiene, tras Estados Unidos, las Fuerzas Armadas más poderosas de la Alianza Atlántica, por encima de Francia o el Reino Unido, si no se tiene en cuenta el arsenal nuclear de estas dos últimas potencias. Como dato relevante, vale destacar que desde la base aérea turca de Incirlik, Estados Unidos bombardea al llamado Estado Islámico.

Turquía es oficialmente candidato a integrar la Unión Europea, aunque esa promesa, que lleva décadas arrastrándose, se aleja aún más tras el fallido golpe de Estado y la represión que desató.

Las relaciones europeas con el país son tan delicadas y difíciles de manejar que la noche del viernes todos los gobiernos del bloque, excepto el lituano, esperaron a que Washington condenara el golpe para emitir sus condenas.

El presidente Recep Tayyip Erdogan es un verdadero dolor de cabeza para la Unión Europea y para las diplomacias del bloque y el silencio de las capitales europeas durante las primeras horas de un golpe militar en un Estado miembro de la OTAN podría hacer que Erdogan desconfiara aún más de los líderes del continente. La Alianza Atlántica no juega ningún papel en un caso de golpe de Estado pues está únicamente para defender a sus miembros de un ataque externo. Grecia sufrió un golpe militar en 1967 sin que su estatus en la OTAN cambiara.

A corto plazo, Turquía es la pieza maestra del rompecabezas en el que se ha convertido la política migratoria europea después de que entre primavera de 2015 e invierno de este año pasaran por su territorio rumbo a Grecia más de un millón de refugiados huyendo de las guerras, el terrorismo y la represión en países como Siria, Iraq o Afganistán.

Turquía aceptó en marzo cerrar la puerta a los refugiados. A cambio, los europeos prometieron pagar 6,000 millones de euros, acelerar las negociaciones de adhesión a la UE y –promesa clave porque Erdogan podría venderla como un éxito a su población– eliminar la exigencia de visa para los ciudadanos turcos que viajan a Europa. El golpe y la consiguiente represión ponen en el aire un acuerdo que fue tachado de ilegal por las principales ONGs de derechos humanos e incluso por el Alto Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas. La eliminación de las visas obligaría a Turquía a cumplir una lista de 72 requisitos, entre ellos, acomodar su legislación terrorista a la Convención Europea de Derechos Fundamentales y respetar la independencia judicial. Erdogan sabe ahora que la UE difícilmente podrá eliminar la visa a los ciudadanos turcos. Sin ese incentivo, los europeos –cuyo objetivo prioritario en la gestión de la crisis migratoria es que llegue a Europa la menor cantidad posible de refugiados– deberán buscar otra fórmula para evitar que Turquía abra la puerta de Grecia a los más de 2.5 millones de refugiados sirios e iraquíes que viven en el país.

Uno de los pretextos fundamentales por los cuales Reino Unido decidió salir de la Unión Europea es por el alto y creciente número de inmigrantes, que a su juicio, les arrebatan posiciones y oportunidades que consideran exclusivas.

Y por si a la región europea no le faltaran más problemas, siguen sucediéndose los coletazos tras la decisión de Gran Bretaña de separarse de la Unión Europea, lo más reciente es la critica que le ha dado la vuelta al mundo en torno a quien es ya la Primer Ministro de esa nación, sin que para ello se haya realizado una elección popular.

Las otrora críticas británicas ampliamente reiteradas del sistema electoral en Estados Unidos, -(ejemplo de ello, 2016)- de repente parecen huecas y sin sentido cuando se comparan con la extraña y sorprendentemente no democrática forma de elección que acaba de ocurrir en su propio país. Por supuesto, todo se remonta a David Cameron. El primer ministro británico que, por temor a que no ganaría la reelección en el 2015, intentó hacer un llamado a los euroescépticos de Gran Bretaña con la promesa de un referéndum sobre su lugar en la Unión Europea. Cuando Cameron terminó ganando la elección general con comodidad, se reforzó el sentimiento de que también podía ganar el voto de permanecer en la Unión Europea. Él no podría. Después de que la campaña para permanecer fue ampliamente criticada como mediocre, el voto para salir de la Unión triunfó.

El día en que los resultados se dieron a conocer, Cameron dijo a la opinión pública británica que iba a renunciar. En Gran Bretaña, no hay líneas reguladas de sucesión para cuando un primer ministro deja el cargo, no hay un equivalente de un vicepresidente estadounidense que asciende sucesivamente.

Esto es en gran parte debido a la diferente naturaleza del gobierno en los dos países. En Gran Bretaña, el primer ministro es un jefe de gobierno más que un jefe de Estado; su posición se basa en su capacidad para obtener el apoyo de una mayoría en el parlamento en lugar de la elección directa.

Esto significó que el Partido Conservador, del cual Cameron era el líder, tendría que tener una competencia de la dirigencia interna para determinar quién debe encabezar el partido en el Parlamento. Por consecuencia, esa persona entonces dirigiría el país.

Ese proceso incluía una serie de diferentes etapas. En primer lugar, los nombres serían propuestos para el cargo. Entonces, suponiendo que había más de dos candidatos, los parlamentarios conservadores realizarían una votación entre sí. Habría un número de rondas de votación, con cada candidato con la menor cantidad de votos eliminado hasta que sólo hubiera dos restantes. Estos dos candidatos serían luego sometidos a un voto de la membresía general del Partido Conservador, que definiría a su nuevo líder en septiembre.

Sin embargo y contra todos los pronósticos, el resultado final de este proceso, dejó a muchos con ganas en términos de democracia. Gran Bretaña tiene a más de 46 millones de potenciales votantes en una población total de 64 millones. El número total de miembros del Partido Conservador es de alrededor de 150,000 y hay reglas internas que inhiben a los nuevos miembros de ser elegibles para ser votados. Luego entonces, al menos en teoría, el futuro de Gran Bretaña sería decidido por aproximadamente 0.23% de la población total.

La complicación inició antes de la competencia por el liderazgo interno; incluso comenzó cuando Michael Gove, uno de los principales activistas del Brexit, repentinamente decidió entrar en la carrera, lo que provocó que Boris Johnson, otro Brexiteer de alto perfil y uno de los favoritos para ganar la nominación, se saliera repentinamente de la contienda, al parecer por temor de que el voto de salida se hubiera dividido. Al principio había cinco candidatos. Entonces uno fue eliminado y otro abandonó la carrera. En la segunda ronda de votación, Gove quedó en último lugar y fue eliminado. Esto dejó a dos candidatas, la favorita, Theresa May, y el caballo negro, Andrea Leadsom, para encabezar a los miembros del partido en una votación. Gran Bretaña se preparaba para un verano más de las campañas políticas.

Los ciudadanos de Reino Unido votaron para que se dejara de pertenecer a la Unión Europea.

Los ciudadanos de Reino Unido votaron para que se dejara de pertenecer a la Unión Europea.

El lunes, sin embargo, descubrimos que ese voto no ocurriría. Leadsom, ministra de Energía y una fiel partidaria del Brexit, anunció que ella también se saldría de la carrera. Su decisión se produjo después de las críticas generalizadas de sus comentarios acerca de la falta hijos de May. (May, secretaria del Interior de Gran Bretaña desde el 2010 y una seguidora de permanecer en la Unión Europea, ha dicho que es incapaz de tener hijos con su marido desde hace mucho tiempo debido a razones de salud). May ahora gobernará el país.

May no está siendo electa, per se. Desde 1997, ha sido un miembro del Parlamento, en representación de Maidenhead, un área cerca de Londres. Mantuvo su asiento en la elección del 2015, ganando un nada despreciable 65.8% de los votos del estado —más que los que actual primer ministro Cameron ganó en su propia circunscripción de Witney-. En términos de procedimiento, por lo menos, no hay nada realmente malo con lo que ha pasado: En las elecciones generales de Gran Bretaña, los electores votan por su miembro local del Parlamento en lugar de por la cabeza del partido.

La cosa es que todo el mundo sabe que no es así como funciona en la práctica. Mientras que los británicos pueden votar por sus diputados locales, éstos están influidos por la dirigencia de los partidos y sus plataformas. Para ponerlo en contexto, 35,453 personas votaron directamente por May en el 2015. En el reciente referéndum, 17,410,742 votaron para dejar la UE. Algunas encuestas habían sugerido que May estaría al tú por tú con Leadsom en la votación por el liderazgo de septiembre.

No es de extrañarse que muchos hoy defiendan las elecciones generales en Gran Bretaña. En teoría, en el país no se deberá de tener una hasta el 2020, pero dadas las circunstancias excepcionales, es posible que se convoque a una pronto.

El Partido laborista de oposición actualmente tiene sus propios problemas de liderazgo. El partido está dirigido por Jeremy Corbyn, un obstinado de la vieja guardia que se convirtió en líder de izquierda inesperadamente el año pasado. Corbyn, un reacio sobre permanecer, en el mejor de los casos es aborrecido por muchos de sus propios diputados y ahora se enfrenta a su propio desafío en la búsqueda del liderazgo, es popular entre la membresía del partido, pero con los electores en general, ¿quién sabe?

Lo que todo esto significa es que es probable que Gran Bretaña ahora tenga otra elección que va a decidir la forma indirecta en la que el Brexit debería ocurrir —o tal vez incluso si esto debe ocurrir en absoluto-. Pase lo que pase, muchos esperan ser decepcionados y preguntarse sobre por qué realmente fue su voto en el referéndum sobre la Unión Europea.

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