¿Y la transparencia?

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Sonia Serano-04Después de lo sucedido en torno a la elección de comisionados para el Instituto de Transparencia, por el fracaso de dos convocatorias, tendríamos que preguntarnos si ya es momento de preocuparnos por el futuro de la transparencia en el estado.

En los avances democráticos del país, se ha optado por dejar algunas responsabilidades, especialmente las que tienen que ver con el ejercicio de derechos de los mexicanos, en organismos ciudadanos. El problema es que los partidos políticos no han resistido la tentación de meterles mano y han buscado siempre integrarlos con quienes después puedan servirles.

De alguna manera, nos hemos acostumbrado a que eso suceda porque, también hay que reconocerlo, se generan márgenes que permiten el ejercicio de esos derechos o el reclamo cuando son violados.

Los dos espacios que quedarán disponibles en el Instituto de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Itei), por el vencimiento del nombramiento de los comisionados Francisco Javier González Vallejo y Vicente Viveros, son dos de las rebanadas del pastel que los partidos políticos partieron al comenzar la actual Legislatura. Es decir, ese acuerdo al que llegan las fracciones parlamentarias para repartirse, según la fuerza que alcanzan, los nombramientos que deberán aprobar.

Según los trascendidos de ese reparto, una de las posiciones era para el Partido Acción Nacional (PAN) y la otra para Movimiento Ciudadano.

Hasta ese punto, todo parecía normal y dentro de las prácticas que se dan en la política jalisciense.

Sin embargo, las cosas no salieron bien. Y no me refiero a la actuación del diputado independiente Pedro Kumamoto y a los integrantes del Consejo Consultivo quienes, seguramente, creyeron que sería un proceso apegado a la ley y a la convocatoria, y  trataron de llevarlo de esa manera.

La duda que surge es quién tuvo el poder de meter mano en el proceso, aprovechando la confianza de quienes lo tenían bajo su responsabilidad, para romper el acuerdo que habían hecho en lo oscurito los mismos partidos y, sobre todo, por qué de pronto el interés desenfrenado en el Instituto.

También podríamos cuestionar a quién le molestó de sobre manera esa intervención, que prefirió “reventar” los dos procesos que se siguieron, antes de permitir que otro se saliera con la suya.

Porque podríamos suponer que el control de los partidos políticos sobre los organismos ciudadanos existe, pero nos quedaba un dejo de inocencia por un cierto margen de libertad en su actuación. De estas incógnitas, sin duda la que sigue es qué tipo de comisionados habrá en la siguiente conformación del Instituto y qué opacidad estarán obligados a defender.

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