¿Muere el PRI?

Compartir

Salvador Cosio-08¿Dejarán los auténticos priistas que Peña Nieto siga adelante destruyendo al PRI con sus decisiones equivocadas o actos quizá perversos? La moneda está en el aire y todo puede suceder, pero poco tiempo habrá que esperar para ver el desenlace.

Lo cierto es que Enrique Peña Nieto está ante circunstancias complejas como las que se enfrenta un mandatario al llegar el fin de su mandato. El Presidente de México apenas rebasó la mitad de su gestion sexenal y tiene ya un desgaste brutal, tanto como el que debiera tener cuando estuviera finalizando su gestion y ya incluso fuere inminente la entrega de la estafeta a su sucesor; además, debe añadirse que su partido es el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Peña está a punto de completar 44 de los 72 meses que debe ejercer como Jefe de Estado; y, dadas las dificultades con las que ha tenido que lidiar, es posible que en su mente esté latente el deseo de que pronto culmine su periodo sexenal al que aún restan poco más de 28 meses. 

Lo cierto es que Peña tiene su nivel más bajo de popularidad social. Eso provoca una situación acorde al impacto de los difíciles problemas que el gobierno y la administración pública a su cargo han carecido de capacidad para resolver o, al menos, atenuar. Los mismos que han sido causados tanto al crecer sostenidamente la aguda crisis económica, así como por la crítica inseguridad que también se intensifica diariamente.

Pero el Presidente adolece del pleno respaldo de la base principal del PRI: enfrenta un severo reclamo de dirigentes y activistas de los diversos gremios y grupos que conforman el tejido estructural básico de ese partido. Lo acusan de manipular totalitariamente las decisiones torales de ese instituto político, dejando de lado la democracia interna; y reclaman el que, alejándose de los trámites y procedimientos ordinarios que marcan los estatutos, determinó unilateralmente que el tecnócrata Enrique Ochoa Reza dejara la dirección general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Ello después de anunciar el enésimo golpe a la economía al incrementarse el costo de los servicios de energía eléctrica que surte el gobierno. Reclaman a Peña imponerlo como nuevo ‘gerente en turno’ de la dirigencia nacional priista que, por habérsele removido, dejó acéfala hace pocos días el ahora ex dirigente Manlio Fabio Beltrones. Entre tanto, la presidencia estuvo a cargo, por breves días, la prima del presidente, Carolina Monroy del Mazo.

Enrique Ochoa Reza no tiene arraigo con las estructuras, desconoce por completo la organización partidista en la que ha sido impuesto para coordinar, y carece de toda experiencia en práctica política y acción proselitista electoral. Su desarrollo profesional está ligado a la tecnocracia y ha sido un individuo a quien lo único que lo liga al PRI es que, parte de su familia, ha sido militante de ese instituto político. Por la amistad con políticos encumbrados se ha visto beneficiado al obtener encomiendas muy atractivas en el sector público sin haber jamás trabajado en forma directa en alguna actividad partidista. 

Cuando estuvo recibiendo los apoyos de la famosa ‘cargada’, conducida por los líderes nacionales de las organizaciones que conforman los sectores del otrora ‘partidazo’, repitió cual loro o merolico su oferta de que “se genere apertura a las bases militantes del PRI, además de fomentar la democracia y el acercamiento a las causas del pueblo”. Ello sin importarle que sus expresiones sean ofensivas hacia las bases militantes y cuadros dirigentes de estructuras que conforman el tejido sectorial y regional del PRI, por lo desaseado de su entronización al frente de la presidencia del tricolor.

Quizá pensando que con discursos plenos de cinismo y retórica podrá mágicamente convertirse en “el mejor político” para encabezar una nueva etapa en la vida del PRI. Ochoa pregona que bajo su comando ese partido será el adalid de la lucha social por hacer imperar el valor de la honestidad y la eficacia en la acción de los servidores públicos; y, en el climax del teatrito montado para imponerlo en la Presidencia del PRI, el “aprendiz de líder” ofreció convertirlo en un ente abierto, transparente y dispuesto al debate con autocrítica y propuestas constructivas, para forjar un ente que vigilará que gobernantes postulados por dicho partido cumplan sus compromisos sociopolíticos y actúen en apego a los principios y programas que lo rigen, prometiendo que exigirá la transparencia y rendición de cuentas tal como lo pide la ciudadanía.

El exdirector de la CFE, ahora improvisado en política partidaria, prometió reconvertir al PRI y empujarlo a la discusión abierta de los temas que inquieten a la ciudadanía, ofreciendo trabajar en extrema cercanía con los sectores y organizaciones de ese partido, queriendo que olviden que incumple los requisitos al carecer de militancia y no haber sido nunca cuadro dirigente. Y, como los niños que al taparse los ojos piensan que se vuelven invisibles, evade responder a quienes eso reclaman; son los mismos que señalan fue inventado e impuesto con el fin de manipular las candidaturas a diversos cargos que estarán en competencia en próximas elecciones locales y federales, como las que habrá en el Estado de México, Coahuila y Nayarit en 2018. Todo ello como preámbulo de los comicios para renovar el Poder Legislativo Federal y la presidencia de La República en ese año. 

Peña Nieto parece no inmutarse: en tan sólo 3 años, el PRI ha dejado de gobernar a más de 20 millones de mexicanos, evidenciándose la debilidad creciente tras los resultados de las elecciones federales del año pasado cuando, pese a ganar la mayoría en la Cámara de Diputados al Congreso de la Unión gracias a sus alianzas, sólo obtuvo 11 mil 766 votos más que el Partido Acción Nacional (PAN). Así mismo, en los comicios celebrados en 14 entidades federativas el último 5 de junio, captó sólo 18 mil 27 votos más que los panistas en relación a la suma de los sufragios emitidos válidamente en el conjunto de todas esas votaciones locales, sucumbiendo feamente en estados donde nunca antes había perdido y ahora sólo tiene el control en 7 de 32 congresos locales.

Suenan fuerte las voces de quienes aducen con firmeza que en aras de garantizarse el control absoluto para manipular la sucesión presidencial, y favorecer a sus incondicionales, Peña Nieto está debilitando cada día más al PRI. Los argumentos que claman ex líderes juveniles y partidistas, ex legisladores y ex gobernadores como Hugo Díaz Thomé, Ulises Ruiz, Ricardo Aguilar y María de los Angeles Moreno, es reflejo del sentir de muchísimos militantes y liderazgos priistas que, dolidos al ser desplazados arbitrariamente, creen que en su momento facilitarán la derrota mayúscula en los siguientes comicios, sin que deba desatenderse que  el Partido Verde, al igual que el Partido Nueva Alianza (PANAL), el Partido Encuentro Social (PES) e incluso el Partido Movimiento Ciudadano (PMC), coquetean con integrar una gran alianza con el PAN y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), ello para beneficiar específicamente al clan que lideran Margarita Zavala Gómez del Campo y su esposo Felipe Calderón Hinojosa.

La estrategia que está utilizando Peña Nieto para agenciarse en forma absoluta el dominio de las decisiones y acciones del PRI, y con ello mantener el férreo control de la sucesión presidencial en busca de imponer como candidato del PRI a cualquiera de sus alfiles –como Luis Videgaray-, le puede funcionar al lograr designar a su delfín como abanderado del PRI. Sin embargo, por el gran rechazo de fuerzas importantes de ese partido, estaría poniendo en grave riesgo el posible triunfo del PRI, dado que muchos de los más sólidos liderazgos partidistas que componen la mayor fuerza y que promueven el voto y movilización electoral, no cooperarían. Así, se estaría firmando la sentencia de derrota para quien fuere el candidato priista, que sería específicamente un fracaso del peñismo. No obstante, hay quienes señalan que, en el fondo, lo que puede ser es el que se esté ante un escenario de entrega pactada de la presidencia de la República, ideada para cerrarle el paso al precandidato más fuerte que es, sin duda, Andrés Manuel López Obrador, cabeza del partido Movimiento Regeneración Nacional (MORENA). Esto último porque ante la debilidad de cualquiera de los aspirantes visibles que pudieran ser designados por el PRI a candidato a la presidencia, fuere menos lesivo para el grupo Peña perder con su candidato con tal de evitar que, en su tercer intento, lograre ganar el colmilludo tabasqueño. Para ello podrían negociar y hacer ganar al ‘calderonismo-salinista’, tal cual sucedió en los comicios del año 2006: las cúpulas del priismo nacional traicionaron e hicieron perder a su entonces candidato presidencial, Roberto Madrazo Pintado, propiciando el fraude electoral que tuvo como fin dejar llegar a Calderón y bloquear a Lopez Obrador.

La llegada de Ochoa Reza parece la de quien se encargaría de pactar y prohijar derrota y traición, un sepulturero.

Hay quienes ven en esto algo que ya se estaba fraguando desde hace años cuando, según se decía, que el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari buscaba desaparecer al PRI para dar paso a la gestación del partido de la solidaridad nacionalista, enterrando lo que se comentaba eran, para el polémico ex mandatario, sólo atavismos arcaicos que debían dejar de existir para dar paso a la modernidad en el marco del famoso neoliberalismo.

Para muchos priistas, y también algunos periodistas o analistas del acontecer sociopolítico, Peña Nieto es similar a Carlos Salinas de Gortari, en cuanto a que antepondría su interés de grupo al del PRI y a los auténticos priistas. Esto porque, al parecer, no le importa mucho la suerte que pueda llegar a correr ese partido, y parece ser un instrumento de operación electoral que le funciona como maquinaria de acopio de poder que puede prescindir de él, siempre y cuando la destrucción del PRI le signifique preservar poder pero por convenio para ayudarle a ganar a Margarita Zavala o Rafael Moreno Valle, tal como ocurrió en 2006 con Calderón.

Habría que reiterar la pregunta: ¿dejarán los auténticos priistas que Peña Nieto siga adelante destruyendo al PRI con sus decisiones equivocadas o actos quizá perversos? Tienen la palabra los auténticos militantes y los liderazgos regionales de sectores y agrupaciones de ese partido; pero, acorde a la pasividad con la que hasta ahora han aceptado sumisamente la imposición del tecnócrata como nuevo dirigente nacional de su partido, parece todo indicar que no harán nada para evitar la destrucción y el fin de su partido. 

EtiquetaCosío
Compartir

Dejar un comentario