La composición multirracial de EU: la esperanza de vencer a Trump

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Hay más fuerzas sociopolíticas en busca de cerrarle el paso a Trump.

Hay más fuerzas sociopolíticas en busca de cerrarle el paso a Trump.

SI LOS INMIGRANTES CON DERECHO A VOTO NO SALEN A HACERLO, ESTARÍAN PRÁCTICAMENTE CAVANDO SU PROPIA TUMBA

Una nueva crisis amenaza al mundo y ha tenido ya su principal área de influencia a nuestro vecino país, se trata no del regreso del racismo, porque nunca se ha ido, pero sí del recrudecimiento de las diferencias entre grupos sociales que de alguna manera han prendido tras las hociconas de Donald Trump, quien no ha hecho otra cosa más que encender la polémica con comentarios racistas y xenófobos, mediante lenguaje y acciones violentas. Esto se ha exponenciado tras la decisión de los británicos de salir de la Unión Europea y prácticamente colocar una barrera de distancia entre ese país y el resto de Europa, algo así como lo que Trump quiere hacer con México al insistir en que mandará levantar un muro en la frontera a costa del pueblo mexicano. Pero otro de los factores que le ha dado relevancia a estas actitudes es la desconfianza que existe en la autoridad actual, la que sea, la de aquí, la de Estados Unidos, la de Gran Bretaña, todas.  La gente confía muy poco en el Gobierno, la empresa privada, las organizaciones no gubernamentales o los medios de comunicación. Y peor aún, instituciones que antes estaban por encima de toda sospecha, ahora no logran eludir la ola de suspicacia que azota a las demás. Esta pronunciada desigualdad económica es uno de los factores que contribuyen a fomentar otra de las tendencias del mundo de hoy: la desconfianza. Todas las encuestas que sondean los índices de confianza en diferentes países descubren que ese valor está en picada. En los últimos años, por ejemplo, las crisis económicas y políticas han mermado la confianza de la opinión pública en “los expertos”, y los múltiples escándalos sexuales y financieros han hecho tambalear la credibilidad de la Iglesia católica.

Salvo contadas excepciones. A veces, una población normalmente escéptica decide depositar toda su esperanza en ciertos líderes o movimientos políticos. Es una reacción bipolar: todo o nada. Con la confianza está pasando algo parecido a lo que ha sucedido con la economía: el ganador se lo lleva todo. De pronto, aparecen individuos que logran despertar una expectativa casi parecida a la fe, que rompe todas las suspicacias. Hemos visto cómo la confianza de la gente en ciertos líderes se mantiene a pesar de su comprobada propensión a tergiversar la realidad, adulterar estadísticas, hacer promesas incumplibles, lanzar acusaciones infundadas o, simplemente, mentir. Donald Trump es un buen ejemplo de esto. Los medios de comunicación dan un recuento diario de las afirmaciones que hace Trump y que, al verificarse, resultan falsas. Esto, sin embargo, no hace mella en el entusiasmo de sus seguidores. Muchos simplemente creen que quienes mienten son los periodistas que dicen revelar la falsedad de las afirmaciones del candidato. Para otros, los hechos no importan. Trump les ofrece esperanza, novedad y reivindicación, elementos que conforman un paquete irresistible, y del cual ellos no se van a desencantar por datos y hechos incómodos.

Algo parecido acaba de pasar con el “brexit”. Uno de los sucesos más insólitos del día después del referéndum en el cual los británicos votaron la salida de su país de la Unión Europea, fue ver y oír a los líderes del “brexit” negar las promesas y datos en los que basaron su campaña. No, el monto de dinero que envía Reino Unido a Europa es menos de lo que ellos dijeron. No, ese monto no se va a ahorrar ni va a ser invertido en mejorar el sistema de salud. No, el salir de la Unión Europea va a resultar en menos inmigrantes, y así podríamos enlistar decenas de mentiras más.

Por ahora lo seguro es que no tienen idea de cómo van a llenar los vacíos institucionales y regulatorios que se crean con esta decisión. Todas estas amargas verdades dijeron frente a los micrófonos los líderes del “brexit” el día de su victoria. Los mismos líderes que tan solo unas horas antes, y durante meses, mantuvieron todo lo contrario. De nuevo, ni los hechos ni los datos importan. Datos y hechos son para los expertos y al parecer la gente está harta de los expertos.

Y estos son solo dos ejemplos de muchos otros que hemos visto en España, Italia y otros países de Europa, así como en América Latina.

Se ha puesto de moda hablar de un mundo posfactual. Un mundo donde a pesar de la revolución en la información, Big Data, Internet y demás avances, los hechos y los datos no importan, al parecer la tendencia es que las emociones, las pasiones y las intuiciones son las fuerzas que guían las decisiones políticas de millones de personas a quienes no parece importar las consecuencias que inexorablemente traerán consigo las decisiones determinadas por la pasión y no por la razón.

El ganador se lo lleva todo, ya lo decíamos antes y es que ésta es una de las tendencias en los países donde la desigualdad económica se ha agudizado: unos pocos ganadores (el famoso 1%) se lo llevan todo. O, para ser más precisos, los ganadores captan una altísima proporción de los ingresos y acumulan la mayor parte de la riqueza del país.

Trump ha felicitado a los británicos y subrayado las coincidencias entre su candidatura y el Brexit.

Según él, los británicos “han votado para retomar el control de su propia política, fronteras y economía”, que, en efecto, son temas de su campaña.

Pero la victoria podría terminar saliéndole el tiro por la culata para el virtual candidato republicano cuando se hagan evidentes los altos costos que deberán pagar los británicos.

Lo cierto es que el próximo escenario del enfrentamiento: libre comercio-integración vs. proteccionismo-aislacionista, será el 8 de noviembre en Estados Unidos (EU). Si Trump se impone, será un impulso para todos los movimientos ultranacionalistas que reclaman referéndums en Europa. Lo anterior sin dejar de recalcar que su victoria tendría un efecto muy negativo sobre México y el Tratado de Libre Comercio (TLC) en América del Norte.

La esperanza real de vencer a Trump está en la composición multirracial de EU. Ése es el equivalente del binomio viejo-joven en Gran Bretaña. La clave está en la movilización del voto, pues si los inmigrantes con capacidad de sufragar no salen a hacerlo, estarían prácticamente cavando su propia tumba.

Para México, el Brexit tiene una doble enseñanza: a) la votación fue inspirada en argumentos falsos o verdades a medias; b) el miedo y los prejuicios orientaron el sufragio. Si fue así en Gran Bretaña, no hay mucho que esperar del otro lado de la frontera, particularmente en los sectores de la población blanca que apoyan a Trump.

Final y afortunadamente, las encuestas recientes muestran que Clinton está subiendo y Trump descendiendo. A ello hay que agregar la crisis por la que atraviesa el equipo del virtual candidato republicano y la ventaja que tiene Hillary en materia de financiamiento. Sin embargo, la campaña formalmente aún no empieza y sería apresurado echar a volar las campanas, más aun, cuando por otro lado tenemos el antecedente de que las empresas encuestadoras no pasan por el mejor momento de su historia y no gozan por ahora de la credibilidad de antaño tras los resultados que en la realidad no han sido compatibles con los escenarios previstos por las casas consultoras.

Hillary Clinton.

Hillary Clinton.

El brexit supone una verdadera reconvención al proceso de globalización creciente desde el final de la Segunda Guerra Mundial, así como una buena sacudida a lo que el general Wesley Clark denominó la “clase de los accionistas”. Que defiende la idea de que la economía mundial ha sido diseñada a medida de los accionistas mediante el decremento de impuestos, la desregulación y las tasas de interés reducidas. Todo esto solo ha hecho beneficiar a la gente rica, a expensas de la clase trabajadora en todo el mundo.

Los mercados financieros fijan su atención en la política, y eso no es bueno, pues los procesos políticos siempre van acompañados de una gran incertidumbre. Al menos hoy, lo que abunda es la incertidumbre, o mejor dicho, gobierna la incertidumbre.

En el asunto del recrudecimiento del racismo, Barack Obama, el primer presidente afroamericano ha dicho recientemente que Estados Unidos no es un país dividido, tras conocerse la enésima matanza en el país de las armas de fuego. Sin embargo, el asesinato por parte de Micah Xavier Johnson de cinco policías blancos el viernes da un giro al debate sobre el abuso policial y racial.

Pese a las declaraciones de Obama, Estados Unidos parece un país más dividido racialmente ahora que en las últimas décadas. Así lo ponen de manifiesto informes sociológicos, estadísticas policiales y una sucesión de víctimas relacionadas con disparos entre policías blancos y ciudadanos negros a lo largo y ancho del país. Incluso en los años 60 y 70, cuando hubo una gran tensión entre la vigilancia policial, los derechos civiles y el movimiento contra la guerra, nunca se vio nada parecido a lo que ha sucedido en Dallas.

Ocho de cada diez negros creen que la cuestión racial es un problema no resuelto. Hay expertos que consideran que la difusión de vídeos grabados con dispositivos móviles en los que aparecen negros muertos a manos de policías blancos ha reforzado la convicción de los afroamericanos de que la situación ha cambiado muy poco en los últimos sesenta años.

Las movilizaciones de afroamericanos para protestar por el abuso de agentes blancos contra los negros y la impunidad judicial que, a su juicio, existe sobre estos actos de violencia han crecido en los últimos años.

El movimiento Black Lives Matter (la vida de los negros importa) es uno de los más activos. Este grupo, que convocó la marcha en la que murieron los cinco policías en Dallas, nació en 2012, cuando murió en Ferguson el menor negro Trayvon Martin, que caminaba desarmado, a disparos de un vigilante vecinal blanco.

En el vecino país, pese a lo que se diga, el mundo de los blancos y los negros está totalmente dividido. Según estadísticas, en 2014 la media de ingresos en los hogares negros era de 43,000 dólares al año, mientras que en el caso de los blancos ascendía a 71,300. En tanto que el 71% de los afroamericanos reconoce haber sufrido alguna discriminación en su vida, mientras que un 11% indica que las padece a diario.

Los encuestados se quejan menos del racismo institucionalizado, que también existe. De los 1,963 senadores que ha habido en la historia de Estados Unidos sólo nueve han sido afroamericanos. El que más alto ha llegado ha sido el senador de Illinois Barack Obama. En la actualidad, hay dos de 50 en la Cámara Alta, mientras que en la Cámara de Representantes se cuentan 46 legisladores negros del total de 435 miembros. Este techo de cristal para negros y latinos, las dos grandes minorías de Estados Unidos, es aún más visible en las cárceles, donde si se atiende a los porcentajes de población en el país se descubre que los afroamericanos y latinos superan a los blancos.

¿Y cómo actúa el presidente del país ante el conflicto racial? Obama sabe que tiene que hilar muy fino en este tema tan espinoso. Aunque es el primer mandatario afroamericano de la historia de Estados Unidos, desde el primer momento quedó claro que no hablaba como los demás políticos negros, quienes históricamente han hecho del discurso racial el tema central de sus campañas. Obama ha tenido que mantenerse al margen de todas las controversias raciales. Sobre todo, después de que se pusiera de parte de un profesor negro de Harvard que había sido detenido en el jardín de su casa por un policía blanco en 2009. Entonces, los comentarios del presidente incendiaron el debate y tuvo que rebajar el tono por miedo a que pudiese afectar a su partido. Pase lo que pase en estos meses, Obama dejará la presidencia sin haber logrado cerrar la ya larga brecha racial de Estados Unidos.

Esta crisis ha alcanzado niveles pico tras la muerte de los cinco policías blancos que vigilaban una manifestación convocada por el movimiento, Black Lives Matter (“La vida de los negros importa”), nacido hace cuatro años de las redes sociales. La organización denuncia el abuso de la violencia de agentes blancos sobre los negros y la impunidad que, a su juicio, pende sobre estos crímenes. El movimiento toma su nombre de un hashtag surgido en 2012 y que, solo en las últimas 24 horas, se ha empleado 1, 300,000 veces en Twitter. El movimiento Black Lives Matter comenzó en julio del año 2012 y desde entonces su nombre se ha empleado en numerosas protestas, manifestaciones y publicaciones en las redes sociales vinculadas a la reclamación de los derechos civiles de los negros.

En julio de 2012, la justicia norteamericana exculpó a George Zimmerman, un vigilante vecinal que disparó y mató a Trayvon Martin, un adolescente negro de 17 años. Martin paseaba desarmado bajo la lluvia y comía una bolsa de golosinas en el momento de su muerte. El acusado justificó que le disparase como un acto en defensa propia. Alicia Garza, una activista social de California, publicó en Facebook un mensaje de protesta sobre el veredicto que concluía con las frases “Gente negra. Los amo. Nos amamos. Nuestras vidas importan”. Una amiga suya, Patrisse Cullors utilizó el hashtag #BlackLivesMatter, y se volvió viral. Las dos decidieron constituir el movimiento junto a una tercera activista, Opal Tometi, de Brooklyn (Nueva York), en torno a una página web.

Barack Obama

Barack Obama, primer presidente afroamericano.

Dos años más tarde, en agosto de 2014, 500 personas de 18 ciudades distintas de Estados Unidos se reunieron en San Luis (Misuri) convocadas por Black Lives Matter para protestar por la muerte en Ferguson de Michael Brown, un afroamericano de 18 años que falleció después de recibir seis disparos de un agente de policía, Darren Wilson. El Departamento de Justicia había concluido que el acusado no había violado los derechos civiles del adolescente.

El hashtag volvió a activarse en una convocatoria en junio de 2015, después de que un supremacista blanco de 21 años asesinase a nueve negros en una iglesia en Charleston (Carolina del Sur). Un mes después, Hillary Clinton emplea la frase “sí, las vidas de los negros importan” en un discurso y el lema se consagró.

Ya en junio del año pasado, un policía blanco en Texas amenazó con un arma a una menor negra que participaba en una fiesta en una piscina. La menor, Dajerria Becton, se puso a gritar cuando la policía obligó a los participantes a tirarse al suelo. La imagen de la joven en bikini se volvió viral rápidamente. Black Lives Matter reunión a 800 personas desfilaron por las calles de la pequeña ciudad de McKinney.

La muerte el pasado miércoles de Philando Castile, un afroamericano de 32 años, mientras buscaba su licencia de conducir ha sido uno de los últimos incidentes y el detonante de la protesta pacífica que culminó en un tiroteo en el que un francotirador mató a cinco policías blancos.

Este fin de semana la unión americana se volcó como nunca antes se había visto en una jornada de manifestaciones unos reprochando la muerte de los policías blancos y otros quejándose de la brutalidad policiaca.

En este contexto, autoridades de Louisiana han dicho que el destacado activista del movimiento Black Lives Matter, DeRay McKesson, fue arrestado durante una protesta en Baton Rouge.

En el momento de su detención McKesson estaba filmando la protesta y caminando por la autopista Airline. No estuvo claro de inmediato el motivo de su detención.

Manifestantes protestaban contra el asesinato el martes de Alton Sterling, de 37 años. Alton Sterling murió por disparos de dos agentes de policía blancos en el estacionamiento de una tienda la semana pasada. El incidente quedó registrado por cámaras de seguridad.

McKesson, un ex educador, es una de las caras más conocidas del movimiento Black Lives Matter. Logró respaldo a nivel nacional tras abandonar su empleo y su casa en Minneapolis en agosto de 2014 para trasladarse a Ferguson, Missouri, para documentar el aumento de las tensiones raciales tras la muerte de Michael Brown a manos de un policía.

Frente a lo anterior, el presidente, Barack Obama ha destacado el papel de los “buenos activistas” de este movimiento. La mayoría, dijo, “quiere ver una mejor relación entre los policías y la comunidad para que puedan sentir que les están sirviendo a ellos”. Obama también ha apuntado que en ‘Black Lives Matter’, como en otros grupos, siempre “habrá tipos que digan cosas estúpidas o imprudentes”.

Es una lástima ver como el vecino país del norte se convulsiona entre luchas intestinas que para muchos parecían superadas, peor aún, que ante esta ola de manifestaciones existan tipos como Donald Trump que a diario descalifica y utiliza lenguaje y actitudes racistas que nada abonan a alcanzar la serenidad que tanto urge en Estados Unidos y que no solo se limita a la histórica e inaceptable diferencia que desde siempre se ha hecho entre negros y blancos, donde los hispanos también forman un tercer frente que tampoco es bien visto por los otros dos grupos. Para muestra bastan pocos ejemplos, como cuando Trump se lanzó contra el Juez Gonzalo Curiel –nacido en Indiana de inmigrantes de México– al señalar públicamente que no podía ser imparcial en un caso judicial –que involucra a la Universidad Trump– por su “herencia mexicana”. Según el torcido y falso argumento del casi candidato republicano a la presidencia, el juez Curiel tiene un conflicto de interés. Trump no ve cómo un latino puede ser justo con él después que anunció que quiere construir un muro entre México y Estados Unidos. En política nada es coincidencia. Trump, en unos pocos días, criticó públicamente a cuatro hispanos prominentes: al juez Curiel, a la gobernadora republicana de Nuevo México, Susana Martínez, y a los periodistas Tom Llamas, de la cadena ABC, y Jim Acosta, de CNN. Estos indignos ejemplos parecen ser en ocasiones el motor que impulsa a muchos ultranacionalistas a defender la consigna de la doctrina Monroe, con una especial variante. América para los americanos, pero los de Estados Unidos.

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