Reclamos contra el Brexit

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Miles de personas marcharon contra el Brexit.

Miles de personas marcharon contra el Brexit.

MILES DE PERSONAS MARCHARON EN LONDRES EN PROTESTA CONTRA LA SALIDA DE REINO UNIDO DE A UNIÓN EUROPEA

Caos político, miedo económico, desafíos constitucionales y sin plan a la vista para encauzar el imprevisible futuro, se es el retrato del Reino Unido días  después del triunfo del ‘brexit’. Un país desestabilizado, camino de una probable recesión, con Escocia nuevamente tentada por la desunión y sin saber cuál será su papel en la escena internacional.

Miles de personas marcharon el sábado por el centro de Londres en una colorida y ruidosa manifestación en protesta contra la votación de la semana pasada a favor de la salida británica de la Unión Europea, un resultado que ha sumido a Reino Unido en un caos político y que divide al país.

La mayoría de los manifestantes eran adultos jóvenes, -los mismos que no salieron a votar contra el brexit- muchos de los cuales portaban banderas de la Unión Europea, mientras otros llevaban carteles con consignas como “Estoy con la UE” y cantaban “¿Qué queremos hacer? Estar en la UE“, mientras marchaban por el distrito de Westminster.

Autobuses llenos de turistas les alentaban y muchos autos tocaban sus bocinas en señal de respaldo. Gritos de “por tu culpa” se oyeron cuando la marcha pasó por delante de la residencia oficial del primer ministro, David Cameron, quien anunció el referendo en 2013, abogó por la permanencia en la UE y finalmente anunció su renuncia un día después de la votación.

Muchos de los manifestantes dijeron que se habían quedado atónitos con el resultado de la votación del 23 de junio.

Hay que recordar que Londres votó en un 60 por ciento a favor de permanecer en la UE en el referendo. Los jóvenes en su mayoría optaron por permanecer en el bloque, pero el 52 por ciento de los electores de todo el país se inclinaron por el llamado “Brexit”.

El triunfo del Brexit generó una batalla dentro del Partido Conservador por la sucesión de Cameron, mientras el principal partido de la oposición -el laborista- atraviesa un profundo debate y la mayoría de sus parlamentarios busca retirar el apoyo al líder Jeremy Corbyn, tras lo que consideran una tenue contribución a la campaña por la permanencia británica en la UE.

La manifestación terminó de manera pacífica con un recorrido por las afueras del Parlamento británico. La policía no tenía inmediatamente disponible un cálculo del nivel de participación, pero se estima fueron unos 50 mil asistentes.

Según un sondeo, el 16% de los británicos que votó en la consulta cree que Gran Bretaña se quedará en la UE y el 22% no sabe si el país finalmente saldrá. Asimismo, el 48% de los votantes cree que debe haber elecciones legislativas antes de que comiencen las negociaciones de salida con la Unión Europea.

Los ministros Theresa May (Interior) y Michael Gove (Justicia), ambos rivales en la carrera por la sucesión del primer ministro David Cameron, anunciaron que no iniciarían el proceso de Brexit antes de finales de 2016 o incluso en 2017, provocando reacciones de indignación como la del presidente francés, François Hollande. La decisión del Brexit “ha sido tomada” y “no puede ser aplazada o anulada”, declaró Hollande, en línea con otros dirigentes europeos que piden la activación lo antes posible del artículo 50 para terminar con la incertidumbre sobre la actual situación.

En la batalla que sigue, la política, entre los conservadores, la ministra de Interior Theresa May, de 59 años, se sitúa como favorita a la sucesión de David Cameron: cerca de un centenar de diputados le han dado su apoyo, contra la veintena que respalda a Michael Gove, según los medios británicos.

El ‘brexit’ ya se ha cobrado varias víctimas políticas. La primera David Cameron, un euroescéptico, convertido en creyente de la causa europea, pero convocar el referéndum fue, el peor error que ha cometido un primer ministro desde que Anthony Eden creyó que podría salir victorioso invadiendo Egipto en 1956, para recapturar el Canal Suez.

La manifestación en Londres.

La manifestación en Londres.

Con la carrera por la sucesión abierta, comenzó la cacería. La elección del líder se transformó en la más encarnizada disputa por el poder en el Partido Conservador desde la salida forzada de Margaret Thatcher. El ministro de Justicia, Michael Gove, amigo personal de Cameron, padrino de su primer hijo, había liderado la campaña del ‘brexit’, empleando especial ferocidad contra él. Si Cameron se sintió dolido y traicionado por Gove, no sería el único. Boris Johnson, el gran vencedor del referéndum, en la cima de su popularidad, tampoco vio venir la puñalada por la espalda de quien había sido compañero del ‘brexit’ y director de la campaña.

Boris Johnson, el favorito a suceder a Cameron, salió despedido de la carrera por el liderazgo antes incluso de haber entrado en ella. Gove lo asesinó políticamente, en una maniobra brutal, que avergüenza a sus colegas, pero después de todo, quizá el país deba agradecer a Gove haberle librado de Boris Johnson. La ira desatada por su actuación favorece a su principal rival, Theresa May. La política “no es un juego”, afirmó en la presentación de su candidatura la ministra del Interior, para añadir: “Es una tarea seria con consecuencias reales en la vida de la gente”. May es una mente fría y un par de manos seguras.

Por otro lado, desde el jueves se han registrado 331 denuncias por actos racistas, cuando la media es de 63 semanales, según publicó el Consejo Nacional de Jefes de Policía británico. Una oleada xenófoba que se ha condenado durante la marcha con pintadas de corazones azules y amarillos, mensajes y tuits a favor de la inmigración como el de Antonio Cimminio: “Orgulloso de ser europeo. Orgulloso de vivir en una sociedad multicultural y diversa”.

La manifestación, convocada en las redes sociales, se ha convertido en trending topic mundial con el hastagh #marchforeurope. Su organizador, el británico Kieran MacDermott declaró, “si nos hacemos oír, podemos proporcionar la munición que necesita el Parlamento para arreglar este caos y reconsiderar el brexit”.

Con la protesta del sábado, los participantes quieren que su voz sea escuchada y tenida en cuenta, pero todos los diputados conservadores que han presentado su candidatura para convertirse en el nuevo líder del partido han dejado claro que no van a revertir la decisión del ‘brexit’ que más de 17 millones de británicos han apoyado.

Los economistas de JPMorgan han advertido a los inversores que deben prepararse para asistir a un largo e incierto proceso de negociaciones entre Londres y Bruselas para implementar el deseo de los británicos de abandonar la Unión Europea. Según el escenario planteado, la salida efectiva de la Unión Europea  podría llegar en 2019, aunque las negociaciones sobre el acceso de algunos sectores de la economía británica al mercado europeo se alargarán más.

En paralelo, se espera que Escocia convoque otro referéndum de independencia poco antes de que se haga efectivo el Brexit, también en 2019. La incertidumbre sobre la futura relación de Reino Unido con Europa generará una huida de inversores del país en los próximos años, y los efectos parece que apenas comienzan.

En la semana que concluyó, una relativa calma retornó a los mercados, las bolsas recuperaron gran parte del terreno perdido y el oro, el dólar y las tasas de los bonos soberanos estadounidenses y alemanes se mantuvieron sin mayores cambios; lo que pareciera indicar que persiste la preocupación sobre las aún no claras posibles consecuencias políticas y económicas del brexit.

A pesar de que algunas encuestas mostraban que los británicos estaban a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea y que algunos inversionistas habían tomado previsiones ante tal eventualidad, liquidando sus inversiones en libras esterlinas y tomando posiciones en activos considerados de bajo riesgo como el dólar, oro y bonos soberanos alemanes y estadounidenses, tal parece que otro gran número de inversionistas confiaba en que la población británica finalmente iba a optar por su permanencia en la Unión. Y es que en los dos días siguientes a conocerse la victoria del brexit con el 52% de los votos, éstos salieron masivamente a vender sus inversiones y a posicionarse en los activos menos riesgosos, lo que ocasionó que las bolsas europeas, asiáticas y estadounidenses cayeran estrepitosamente, la libra esterlina se hundiese a su menor nivel en 30 años respecto del dólar, y el precio del petróleo retroceda por debajo de los 48 dólares por barril. En contraste, el precio del oro subió, el dólar se apreció frente al euro y otras monedas, y las tasas de los bonos soberanos estadounidenses y alemanes a 10 años bajaron, estos últimos a niveles negativos.

Los inversionistas tienen diversas interrogantes tras el resultado del referéndum, como el liderazgo político en el Reino Unido, la relación futura del país con la Unión Europea, el impacto sobre los negocios y la inversión, las acciones que tomarán los bancos centrales de otros países, así como los políticos de los países miembros de la Unión durante la negociación del proceso de salida.

El primer ministro, David Cameron, ya anunció su renuncia para octubre.

El primer ministro, David Cameron, ya anunció su renuncia para octubre.

Tanto las autoridades del Gobierno británico como del Banco Central Europeo (BCE) ya han manifestado que la salida del Reino Unido de la Unión Europea afectará el crecimiento de ambos, lo que no es una buena noticia en un escenario de debilidad económica mundial. Ante esta situación  se ha reducido significativamente la posibilidad de que el Banco Central estadounidense (FED) eleve la tasa de interés de referencia en lo que resta del año. 

Con el fin de reducir la incertidumbre, las autoridades de la Unión desean que las negociaciones de la salida del Reino Unido se inicien lo más pronto, aunque entienden que primero se debe resolver la situación política en ese país, cuyo primer ministro, David Cameron, presentó su renuncia una vez conocido el resultado del plebiscito (claramente no puede ser parte de la negociación de una decisión con la que no estaba de acuerdo), la que se haría efectiva en octubre. Pero las negociaciones de su salida del bloque europeo no serán fáciles para el Reino Unido, ya que tanto Francia como Alemania han advertido que un país que no forma parte de la Unión no puede tener los mismos privilegios de los que gozan sus miembros, y que para acceder al mercado común se debe aceptar la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas (vale recordar que una de las razones que motivaron que la población británica votara por el brexit fue la promesa de la supuesta recuperación del control de sus fronteras y de la inmigración). Consiguientemente, el comportamiento futuro de la economía global y de los mercados dependerá de cómo manejen los políticos la negociación del proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Muchas son las interrogantes ya la especulación, ¿qué pasará tras el Brexit? No hablamos de este año o de los movimientos en las bolsas a corto plazo. Sino del futuro de la Unión Europea. ¿Cómo será la Unión del año 2030? ¿Habrá sido el referéndum en las islas el inicio del fin del proyecto europeo? ¿O tendrá pocas consecuencias a medio plazo? ¿Cómo veremos este mes de junio de 2016 dentro de veinte años? ¿Cómo un momento decisivo o como una de esas noticias que generan mucho ruido cuando ocurren y que con el paso del tiempo se relativizan?

Ninguna de estas preguntas tiene una respuesta clara. Lo cierto es que en los últimos días hay muchas explicaciones del pasado y muchas previsiones sobre el futuro. Pero pocos acuerdos. Da la sensación de que cada analista comenta lo que ha ocurrido y anticipa lo que está por venir de acuerdo a sus preferencias ideológicas. Y eso por no hablar de los políticos: el que está interesado en defender el proyecto europeo predice innumerables males; los euroescépticos anuncian una nueva era.

Así, los liberales sueñan con que el referéndum sea la chispa que prenda la mecha de la rebelión anti-intervencionista. Los británicos se han ido ahogados por el entrometimiento de Bruselas, dicen, y la Unión Europea tendrá que dar marcha atrás y construir un modelo más abierto, capitalista y competitivo si no quiere morir asfixiada bajo el peso de la burocracia comunitaria.

Angela Merkel, François Hollande y Matteo Renzi defendían que la decisión británica servirá para dar “un nuevo impulso a la Unión Europea”.

Todo esto está muy bien, pero no son visiones demasiado compatibles entre sí. Habrá quien diga que ganarán los políticos, porque al fin y al cabo son los que tienen el poder. Pero el camino que marcan desde París y Berlín es precisamente el que las encuestas dicen que sus ciudadanos no quieren. El Euroescepticismo crece en parte porque se ve a Bruselas como un monstruo distante y poco fiable, que organiza las vidas de las personas sin que éstas tengan nada que decir.

Y queda el proyecto de las élites. Una Europa abierta, más liberal, menos intervencionista y al mismo tiempo con unas instituciones comunitarias más fuertes y sometidas a un mayor control. En el que los países ceden parte de su soberanía al mismo tiempo que los ciudadanos se implican más en el proceso de construcción europeo.

Cada uno escogerá el modelo que más le guste. Y durante unas semanas podrá pensar que será el que triunfe. Probablemente, ahora mismo nadie sabe cuál será el ganador. Aunque hay tres alternativas claras sobre la mesa: Fortalecer la Unión Europea, es la opción de Hollande, de Renzi, de Rajoy, de Juncker y de casi todos los líderes europeos. Aprovechar la salida de los británicos para dar más poder a Bruselas y construir un verdadero Gobierno comunitario, con algunos cargos reforzados; por ejemplo, un ministro de Economía de verdad, con más poderes que el actual comisario de Asuntos Económicos.; una Europa a dos (o tres) velocidades, ésta es la opción que está de moda en algunos círculos británicos. En parte porque es la que menos costos acarrearía para ellos mismos y en parte porque encaja con la visión de ciertas élites europeas.

Eso sí, tampoco es nada sencilla de poner en práctica. La idea sería algo así como crear una Europa a dos (o tres) velocidades, con Francia y Alemania comandando a los países que realmente quieren una integración política. El euro serviría como pegamento, aunque no todos los países de la Eurozona tendrían por qué comprar el pack completo. En paralelo, el resto del Viejo Continente se integraría en un mercado común único sin que hubiera demasiadas diferencias entre la situación de países extracomunitarios (Suiza, Noruega, Reino Unido) y los que, estando en la Unión, se cuecen aparte como Suecia, Dinamarca, o ¿Irlanda? Por último, dentro de esta alternativa, no hay que olvidar la opción del Brexit sin Brexit (sería la opción 2.1). Es decir, que a lo largo del proceso de negociación se llegue a algún tipo de acuerdo que cambie las cosas. Nadie quiere decirlo en voz alta, pero no es ni mucho menos imposible. En Bruselas no se plantea el escenario de forma oficial, porque parecería una concesión a los británicos, pero el proceso será largo y puede tener sorpresas.; también no hay que dejar de lado que pudiera al igual que en Gran Bretaña, haber en otros países Frexit, Nerdexit... u otros y es que los juegos de palabras con  la inicial del país seguida de la palabra exit, como Brexit están a punto de llegar a un punto de no retorno, pero no se puede descartar. De hecho, no habían pasado ni un par de horas desde que se conocían los primeros resultados oficiales del referéndum en el Reino Unido y los populistas de toda Europa estaban pidiendo su propia consulta. No parece probable que en Francia u Holanda se vaya a convocar un referéndum. Y mucho menos que lo ganen los euroescépticos. Pero nada es imposible. Sería el fin de la Unión Europea y la vuelta a un continente cerrado, con fronteras, sin moneda ni mercado común y mucho más nacionalista. El daño para la economía y el comercio sería terrible.

La salida del Reino Unido se está viviendo como un drama. Pero a medio plazo, sobre todo si sigue integrado en el Espacio Económico Europeo de una forma u otra, las consecuencias serían manejables. Sin embargo, una ruptura de la Unión implicaría sí o sí una revisión de todo tipo de acuerdos económicos y de cooperación. Por eso nadie habla de esta opción… pero eso no quiere decir que no exista.

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