Aviso de represión

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Ruben MartinEl movimiento magisterial que se opone a la reforma educativa crece en todo el país, en contra de lo que esperaba el gobierno con sus amenazas de despidos, encarcelamientos y mano dura. A medida que pasa el tiempo el paro magisterial, iniciado el 15 de mayo por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), no sólo se ha reforzado en los estados donde esta organización está consolidada: Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, sino que se ha extendido a otras entidades donde antes el magisterio disidente casi no tenía presencia.

Por ejemplo en Nuevo León, donde los maestros de esa entidad desafiaron el control autoritario de los charros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y han salido a la calle en manifestaciones masivas e incluso con paro en escuelas.

En Jalisco, las corrientes del magisterio disidente que integran la CNTE pusieron a temblar el control charro del SNTE en los procesos de renovación de las dirigencias de las secciones sindicales 16 y 47 y tuvieron que echar mano de las viejas artimañas, como impedir el registro de planillas, el fraude electoral y los grupos de choque para tratar de impedir que una planilla independiente pudiera ganar la elección.

La fuerza de la movilización social que ha desplegado la CNTE se manifiesta especialmente en los bloqueos carreteros en Oaxaca y Chiapas. En Oaxaca el magisterio disidente ha montado entre 22 y 26 bloqueos y en Chiapas cerca de 10, en tanto que los maestros de Tabasco bloquearon tres importantes carreteras de esa entidad la semana pasada.

El mantenimiento de los bloqueos da idea de la resonancia que ha tenido la convocatoria de la CNTE para exigir la derogación de la reforma educativa. Si pensamos un poco en la “tecnología de los bloqueos”, veremos que no se trata sólo de la colocación de piedras, llantas, pedazos de madera u otros objetos que impidan el paso de vehículos. Un bloqueo es esencialmente una acción colectiva mantenida por un nutrido grupo de personas que tiene que repartirse distintas tareas para su mantenimiento (desde la comida, la vigilancia, los objetos para bloquear, medios de comunicación, etcétera), y para ello es necesario el apoyo no sólo de los maestros sino de pueblos, comunidades, barrios y organizaciones que se suman a dicha iniciativa. Dicho de otro modo: los masivos bloqueos en los estados del sureste no podrían mantenerse sin apoyo popular.

Esto da idea de que el movimiento ya no es sólo magisterial, sino también popular y que lucha no sólo contra la reforma educativa, sino contras las reformas que ponen en riesgo sus derechos, territorios e intereses.

En Oaxaca, por ejemplo, la reforma energética pone en riesgo el territorio de cientos de pueblos al alentar el despojo.

Y el movimiento magisterial no sólo se extiende entre los trabajadores de la educación, sino entre otros sectores del país y con notables muestras de solidaridad en el extranjero.

Pero en lugar de que el gobierno escuche los reclamos y atienda las demandas del magisterio disidente, llegan avisos de represión. Así se puede deducir de las amenazas lanzadas por el gobernador de Chiapas, quien reprodujo casi textual una frase del represor Gustavo Díaz Ordaz y dijo que “Hemos sido tolerantes a excesos criticables” para referirse a los maestros; en tanto, el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, declaró el viernes 1º de julio que el tiempo del diálogo con la CNTE se agotó y que el gobierno federal actuará “en breve” para desbloquear las carreteras en Oaxaca y Chiapas.

En lugar de deliberación, diálogo y negociación con un movimiento social donde participan cientos de miles de trabajadores de la educación, el gobierno federal y los estatales están advirtiendo la represión. El anuncio de Osorio Chong y la diatriba represora de Velasco de Chiapas son inquietantes, pues anuncian el despliegue de operativos para levantar los bloqueos mediante el uso de la fuerza.

Lo que ocurrió el domingo 19 de junio en el poblado de Nochixtlán, donde murieron once personas y se hirió de bala a casi un centenar, podría multiplicarse por varios  tantos si el gobierno de Peña Nieto se empeña en apostar por la represión en lugar de la vía del diálogo y la deliberación democrática. El reclamo del magisterio disidente es justo, no debemos permitir que ocurra una masacre en su contra.

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