PRI: GRAN CRISIS, ENORME OPORTUNIDAD

1760
0
Compartir
¿Cómo van a ganar con un ejército de desconocidos?

¿Cómo van a ganar con un ejército de desconocidos?

EL PODER DE LA CONVERSACIÓN PARA GANAR ELECCIONES EN EL SIGLO XXI

Mario Edgardo Rodríguez*

Las recientes elecciones de gobernadores del pasado domingo 5 de junio arrojaron resultados sorpresivos para la mayoría de la dirigencia mexicana. Asumiendo la arbitrariedad del caso se pueden agrupar las explicaciones, los análisis y las narrativas dominantes sobre el resultado en “el PRI fue el gran perdedor, el fenómeno de los Independientes tuvo la fugacidad de una estrella, la alianza PAN/PRD, lidera la carrera hacia 2018”.

Paradójicamente, los resultados de hace exactamente un año atrás nos decían que “el PRI había cumplido con las expectativas, el PAN había fracasado y los independientes llegaron para quedarse hacia 2018”.

Ante dos narrativas notablemente diferentes, en dos períodos eleccionarios sucesivos, 2015/2016, me animo a reflexionar sobre el panorama electoral mexicano mirando la película y no las fotos.

Premio y castigo

Los datos indican que para los votantes mexicanos la alternancia llegó para quedarse. Apoyar un partido en un turno y a otro diferente en el siguiente no genera ruido en sus cabezas: el 68% optó por cambiar el signo partidario de su estado en los últimos dos años.

La asistencia a las urnas aumenta de manera significativa. Los electores toman el poder a través de su voto: en libertad premian y castigan.

Los votantes gritan su libertad, cada vez asumen menos compromiso a “libro cerrado” con sus identidades partidarias, entonces allí deberíamos mirar qué sucede en los partidos. Mucho se escribe sobre este punto, muchos tienen recetas o respuestas para las crisis partidarias en general, asociadas a cuestiones ajenas a los votantes: es que el candidato del partido era malo; lo que sucede es que el dirigente del partido B en realidad hizo que sus seguidores boicotearan al B y sufragaron en masa al partido A…

Pero, ahora, los votantes de este siglo son diferentes, tienen menos ataduras partidarias, son más propensos a evaluar cada elección en su particularidad y deciden por la opción que más lo representa en cada momento del país.

Más que respuestas, la política y los partidos en Latinoamérica necesitan reformular sus preguntas.

¿El modo de relacionarnos con los votantes sigue siendo rentable? ¿Mis estructuras gozan de imagen positiva en la gente? ¿Los grados de apertura, los mecanismos de participación de mi partido convocan a los ciudadanos?

Siglo XXI: el poder de las personas

A través de la democratización de la información y el creciente acceso masivo a la tecnología todos nos sentimos dueños del mundo: somos amigos a la distancia, pertenecemos a las comunidades de nuestros ídolos, conversamos, ellos nos reconocen. Construimos como nunca antes nuestra propia realidad.

Pero esas personas saben que la política no dialoga con ellos. Un joven que pertenece a la comunidad de seguidores Justin Bieber, uno de 300 millones, recibe al menos un mensaje semanal de su amado ídolo en el que es reconocido como el mentor de todo el éxito del artista. En política, ese mismo joven no conoce a sus dirigentes, pero sabe que estos viven encerrados en su propia lógica.

El mundo es otro, los electores ya son otros.

¿Cuántos nuevos afiliados hemos captado el último semestre? ¿El modelo del siglo XX en el que la dirigencia define oferta electoral consultando mayoritariamente a los propios sigue siendo eficiente, o es el tiempo de candidaturas partidarias con apoyo ciudadano en procesos internos de selección abiertos? ¿La estructura, nuestra fortaleza mayor, qué dice? ¿Estamos escuchándola?

He trabajado en varias campañas recientes en México acompañando a los militantes en el territorio, allí donde la batalla sucede. Esas personas nobles, comprometidas, transmitían el mismo hartazgo en la política que el que estructuralmente está definido en innumerables sondeos cualitativos. Los nuestros comparten la desazón del electorado; de ellos los partidos no se ocupan.

La promoción del voto en los partidos tradicionales se hace a través de los militantes, son quienes batallan en el territorio, son el último eslabón de la larga cadena vertical de mandos. Pero también son los olvidados.

Es decir, los candidatos entregan su primera inserción en el territorio a personas desmotivadas, olvidadas por las estructuras. ¿Es posible obtener votos nuevos de esa manera? ¿A qué votante seducimos con semejante desmotivación?

La gestión en el gobierno importa no ya como simple eslabón de una carrera individual, singular: el gobierno es de la gente y la gente evalúa los resultados sociales de cada gobierno.

Del mismo modo que en mi país el PJ, el PRI parece sumido en una crisis, que muchos ya definen como terminal.

Pero la crisis es oportunidad. El PRI debe asumir el desafío de mirar qué le pasa, qué hacen bien, qué hace mal y qué debe mejorarse.

Este problema debe abordarse desde la conversación: el otro existe. Es como dice hasta el cansancio el excelente profesor de GWU, Ricardo Amado Castillo: “la estrategia es la gente”. En ese camino es imposible extraviarse.

Un ejemplo argentino

¿El PRO de Argentina del presidente Mauricio Macri es un modelo de partido de este siglo? El PRO es un partido que apenas tiene una década de fundación, con presencia territorial en solamente dos estados; carece de una plataforma ideológica clásica en la que se definen de derechas, izquierdas, centro o socialismo y define su mantra en la gestión de la cosa pública.

El PRO es un partido que no dispone de partidarios locales, cuenta con una estructura pequeña en la cual la construcción es en base al diálogo y conocer directamente a los electores, que hace del disenso interno una fortaleza.

En las internas son los ciudadanos los que seleccionan a los candidatos. El Partido Justicialista (el PRI argentino) tuvo su último proceso interno en 1988. En México, ¿cuándo fue la última vez que los electores participaron de manera directa en la selección de los candidatos de los partidos?

* Master en Gobernanza y Comunicación Política, GWU. Miembro de Asacop (www.asacop.org), Consultor Asociado en Berensztein (www.berensztein.com) de Argentina

 

Compartir

Dejar un comentario