Del BREXIT al BREGRET

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Los ciudadanos de Reino Unido votaron para que se dejara de pertenecer a la Unión Europea.

Los ciudadanos de Reino Unido votaron para que se dejara de pertenecer a la Unión Europea.

MÁS DE 2.7 MILLONES DE BRITÁNICOS SE PRONUNCIARON POR UN SEGUNDO REFERÉNDUM 

Más de 2.7 millones de británicos se pronunciaron por un segundo referéndum que decida definitivamente si Reino Unido permanece o no como estado asociado de la Unión Europea. Consideran que 52% de votos con el que se impuso el llamado Brexit es un margen demasiado estrecho. Muchos de los británicos que votaron en favor del Brexit ya lo lamentan, y bajo el hashtag #Bregret (una mezcla de Britain y regret), mostraron su arrepentimiento en las redes sociales.

Y es que una pregunta que muchos pensaban nunca tendrían la posibilidad de responder les fue planteada a los británicos este 23 de junio: ¿debe Reino Unido seguir siendo parte o no de la Unión Europea (UE)?, y la mayoría votó a favor de abandonar la UE. Tras un dramático conteo, los resultados oficiales han sido: 17, 410,742 a favor de la salida, contra 16, 577,342 a favor de permanecer, con una participación del 72% de los electores potenciales. Así, la salida de Reino Unido constituye un duro golpe para el proyecto europeo, en cuyos orígenes estuvo la idea de evitar otra gran guerra en el continente tras el desangramiento que supuso la Segunda Guerra Mundial.

La decisión británica de abandonar la UE 43 años después de ingresar en su antecesora, la Comunidad Económica Europea, tiene nombre: Brexit, vocablo que es una abreviatura de dos palabras en inglés, Britain (Gran Bretaña) y exit (salida), que significa la salida del Reino Unido de la UE. Se convirtió en la palabra más pronunciada al hablar del referendo, aunque solo se refería a una de las dos opciones, pues existía otra, la alternativa Bremain (Britain y Remain: permanecer) que no tuvo el mismo éxito mediático, ni tampoco en las urnas.

Los orígenes del término Brexit parecen remontarse a 2012, cuando estaba en boga Grexit, utilizado para especular sobre la salida de Grecia de la UE en los momentos más intensos de la crisis en ese país.

Ahora bien, tras los resultados de la consulta, técnicamente el ejercicio no es vinculante para el gobierno británico, ya que los parlamentarios podrían bloquear el Brexit, pero los analistas coinciden en que ir contra la voluntad popular sería un suicidio político. Al respecto, el primer ministro, David Cameron, ya sucumbió al resultado de las urnas: el mismo viernes en que se conoció el triunfo del Brexit anunció su dimisión al cargo, que se hará efectiva antes de octubre.

Nunca antes un país miembro ha abandonado esta unión política y económica de 28 países que, desde sus inicios, no ha hecho más que expandirse.

Además de haberse equivocado al convocar a un muy peligroso referéndum con mucho riesgo de salir derrotado, los principales errores de David Cameron en su fallida campaña por la permanencia de Gran Bretaña en la EU  fueron diversos, como por ejemplo, no estar convencido y no haber creído en lo que defendía, y es que vale recordar que en el Partido Conservador son pocos quienes no tienen un discurso reticente contra la UE, incluso defendiendo la permanencia en ella. David Cameron, que en su juventud coqueteó con el ala euroescéptica del partido, fue presionado en la campaña y llegó a reconocer que «yo también soy euroescéptico», aunque recomendaba seguir por motivos económicos, lo que supone el acceso a un mercado de 500 millones de personas.

Otro frente, ha sido la enorme influencia de los tradicionales y poderosos medios de comunicación escrita, porque a diferencia de lo que sucede en occidente, donde se ha querido enterrar a la prensa de papel antes de tiempo, rotativos como «The Sun» y «Daily Mail», aun habiendo perdido público, conservan tirajes de más de un millón de ejemplares. Los lee un público popular, que fácilmente se deja influenciar por lo ahí publicado entorno a los asuntos públicos. Ambos han sido visceralmente antieuropeos. «The Sun» se ha apropiado además por dos veces de la imagen de la Reina en portada, presentándola como partidaria del Brexit. El principal periódico conservador de prestigio, «Daily Telegraph» también había  pedido la salida.

El resultado también ha sido consecuencia de una fallida campaña del Partido Laborista que empezó tarde y sin ganas, en contraste con el férreo activismo del polémico y carismático Boris Johnson, político mediático del perfil de Donald Trump, personaje, que ha roto el molde aburrido del burócrata británico y sin duda al día, es el más popular en Reino Unido.

Pero sin duda alguna, un factor fundamental que jugó un rol determinante en las votaciones del viernes fue el temor que se sembró contra la inmigración, y es que aunque se vende el éxito del multiculturalismo del nuevo Reino Unido, muchos británicos sienten que cada vez se reconocen menos en la fachada multirracial de su nuevo país. El discurso xenófobo de que los inmigrantes saturan los servicios sociales y ganan los empleos no concuerda mucho con los datos reales pero ha calado. Cameron además se equivocó gravemente cuando prometió bajar la inmigración a cien mil al año, cuando en realidad son más del triple: 330,000.

Así las cosas, según el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, el proceso de salida arrancaría una vez que Reino Unido notificara formalmente al Consejo Europeo su deseo de abandonar la UE. Ésta negociaría un acuerdo fijando los términos de la salida. El plazo para alcanzar dicho acuerdo es de dos años, salvo que el Consejo Europeo decida ampliarlo por unanimidad. Este plazo empezaría a contar desde el momento en que Reino Unido realizara la notificación formal de que quiere abandonar la UE, pero no antes. Para realizar este proceso, la UE adoptará un mandato de negociación y nombrará a un jefe negociador.

Reino Unido no podría participar en el proceso de negociación de este acuerdo. Aunque el plazo marcado por el Tratado para conseguirlo es de dos años, no se delimita la prórroga que puede decidir adoptar el Consejo Europeo. Éste deberá votar el acuerdo por mayoría cualificada, lo que facilitaría su adopción, pero el Parlamento Europeo tendría poder de veto, pues su visto bueno es necesario antes de la decisión del Consejo.

La salida de Reino Unido se haría efectiva cuando el Consejo Europeo adoptara el acuerdo alcanzado. En caso de no haber acuerdo, Reino Unido saldría automáticamente de la UE dos años después de haber notificado de manera formal su salida (si hubiera prórroga este plazo se alargaría) y pasaría a operar bajo las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), con lo que el 90% de las exportaciones británicas quedarían sujetas a aranceles.

Mientras duren las negociaciones del país miembro para establecer los términos del acuerdo de salida, Reino Unido continuaría siendo miembro de la UE y se le seguiría aplicando el acervo comunitario. Ahora bien, a efectos políticos, el país quedaría muy debilitado porque no se tendría en cuenta su opinión en asuntos europeos y su turno de Presidencia europea (primera mitad de 2017) quedaría en el aire.

El primer ministro, David Cameron, ya anunció su renuncia para octubre.

El primer ministro, David Cameron, ya anunció su renuncia para octubre.

En el acuerdo de salida no es posible fijar los términos de la futura relación entre Reino Unido y la UE, por lo que se está hablando de la necesidad de llegar a dos acuerdos.

Por una parte, uno trataría sobre los términos de la salida de la Unión y el otro sería de carácter comercial, que establecería cómo serán las relaciones con la UE una vez que la salida sea efectiva.

Sin embargo, este proceso de negociación comercial, que podría desarrollarse de forma paralela al acuerdo de salida, podría llevar cinco años, incluso más de diez. Así, por ejemplo, el acuerdo comercial entre Reino Unido y Canadá, que se cita como un posible modelo a seguir ante el ‘Brexit’, comenzó a negociarse en 2009, se terminó en 2014 y su resultado final aún no ha sido ratificado a pesar de estar ya en el año 2016.

Ahora en cuanto a las consecuencias del Brexit, la incertidumbre generada por la salida del Reino Unido de la UE se extenderá al conjunto de la Unión, especialmente a aquellos Estados miembro donde las fuerzas euroescépticas y populistas tienen más peso. Además, hay alerta de que si ganaba el ‘sí’ al ‘Brexit’, como ha ocurrido, el crecimiento económico empeoraría e incluso podría llevar a la economía británica a una recesión.

Y como ejemplo basta un botón de muestra ya que el triunfo de los partidarios de la salida de Gran Bretaña de la UE llevó al terreno negativo a las bolsas de valores desde Asia a América, un terremoto financiero, con epicentro en Europa, que destruyó riqueza con valor de 2 billones de dólares. Ese fue el tamaño de las pérdidas registradas el viernes en las plazas financieras del mundo. Como si en un solo día se hubiera evaporado una economía 1.5 veces más grande que la mexicana, la décimo tercera de mayor tamaño en el mundo.

Este vuelco no tardó en ser vitoreado por extremistas, como el  virtual candidato republicano a la presidencia de los  Estados Unidos, Donald Trump, que casualmente llegó a Reino Unido el viernes para visitar sus campos de golf de Escocia justo cuando el resultado de la votación del referéndum fue anunciado.

Su primera reacción fue un tuit que provocó muchas respuestas críticas: “Acabo de llegar a Escocia. Este lugar está enloquecido con la votación. Acaban de recuperar su país, así como nosotros recuperaremos Estados Unidos. ¡Sin juegos!”, dijo.

El problema es que Trump no se tomó la molestia en revisar el hecho de cómo había votado Escocia —uno de los cuatro países que componen el Reino Unido—: el 62% de los escoceses votaron a favor de la permanencia en le Unión Europea, según los datos oficiales.

Hay coincidencia hasta ahora de que el Brexit que ganó exaltando campañas de riesgo y miedo, generará una elevada incertidumbre política y económica y motivará una mayor volatilidad financiera. También dará fuerza a quienes piden que se alcen más barreras y propaguen discursos xenófobos, como es el caso del racista Donald Trump en Estados Unidos.

La decisión, adoptada por un estrecho margen, ha provocado consternación en Europa y una sensación de temor en un sector de la sociedad británica, consciente de las consecuencias que puede acarrear este triunfo del Brexit. Muchos analistas se han esforzado estos días en subrayar los aspectos económicos de la salida, pero el principal impacto del resultado de la consulta es en el ámbito político. La salida de Gran Bretaña crea una enorme fractura en la Unión Europea UE, incluso en el mismo Reino Unido, pues ahora se comienza a decir que regiones como Escocia e Irlanda del Norte, están tentadas a abandonar Gran Bretaña para quedarse en el seno de la UE, como probablemente desea una amplia mayoría de estos territorios. La nación puede quedarse partida tras un periodo de inestabilidad que pondrá en peligro los equilibrios en los que ha basado su convivencia.

En el terreno de la economía, los británicos notarán en su propio bolsillo las consecuencias del Brexit, que va a generar a corto plazo una caída de la libra, una subida de la prima de riesgo, inflación y un descenso del Producto Interno Bruto PIB, respecto a los socios.

David Cameron, que ha metido a su país en un grave problema y, sobre todo, ha hecho tambalear los cimientos de la UE sin necesidad alguna, ya que esta consulta sólo estaba justificada por una huida hacia adelante del líder conservador, que necesitaba fortalecer su liderazgo en el partido. Ante esta nueva y cruda realidad, el futuro de Gran Bretaña y de Europa va a ser mucho peor porque la unión hace la fuerza y ahora todos en el contexto global seremos más débiles tras esta irracional decisión de la que los británicos, irónicamente ya se están arrepintiendo.

Horas después del triunfo del ‘Brexit’, sus defensores han reconocido que algunas de sus promesas de campaña -como el fin de la “libertad de movimientos” para reducir la inmigración o la desviación de 430 millones de euros semanales a la seguridad social- no van a poder cumplirse con la salida de la UE. La sensación de incertidumbre total que se respira en el país han provocado lo que ya se ha bautizado el “Bregret”: el arrepentimiento por la ruptura con Europa.

El resultado del viernes pasado dejó al Reino Unido dividido. La poca diferencia entre quienes estuvieron a favor de permanecer en la UE y aquellos que prefirieron separarse del bloque se siente con fuerza. El 52 por ciento que decidió que era tiempo de recuperar la autonomía política no alcanza para que las voces que no están de acuerdo se acallen. Por eso, en estos últimos dos días, fueron varios los movimientos y las personas que se mostraron a favor de hacer hasta lo impensado para frenar la salida de Gran Bretaña. Las firmas para que se celebre una nueva votación popular sobre el Brexit suman ya tres millones. Ayer por la mañana, la petición oficial al Parlamento británico superaba ya el millón de apoyos, que no dejan de crecer. Para que una petición entre a debate en el Parlamento basta con 100,000 firmas.

Los firmantes exigen que se celebre una segunda consulta siempre que la participación esté por debajo del 75 por ciento o que menos de un 60 por ciento de votantes se manifiesten a favor o en contra del Brexit. La petición llevaba online desde mediados de mayo. En el referéndum del jueves, la participación se situó en un 72 por ciento y ganó la opción de separarse de la UE con un 52 por ciento de apoyos.

El texto pide a los parlamentarios la “implementación de una norma por la cual si el voto por salir o quedarse (en la UE) está por debajo del 60 %, con una participación inferior al 75 %, debería convocarse otro referéndum”.

Al respecto, la ministra principal escocesa, Nicola Sturgeon, dijo que el Parlamento escocés podría bloquear la salida del Reino Unido. En declaraciones ha sostenido que pediría al Parlamento autónomo, donde su partido tiene 63 de 129 diputados, que denegara el “consentimiento legislativo” para que el gobierno de Londres procediera con la retirada. Sturgeon admitió sin embargo que el gobierno británico podría disputar la necesidad de tener que recibir consentimiento de Edimburgo para proceder con el Brexit.

De acuerdo a los especialistas que analizaron cómo serán los pasos a seguir y cuánto tardará el Reino Unido para abandonar la UE, la salida durará años. De hecho, hasta cuatro. El reordenamiento de las relaciones diplomáticas, las políticas sociales y públicas y el acomodamiento del comercio no será cuestión de meses, pero las consecuencias ya lo son. Es por eso, que el Partido Liberal-Demócrata ya tiene la mirada puesta en las próximas elecciones generales, que tendrán lugar en 2020 y que podrían de alguna forma frenar la separación de la isla. Tim Farron, el líder del partido, aseguró que intentará en los comicios que los británicos vuelvan al bloque. De acuerdo al político, los isleños fueron engañados durante la campaña del Brexit y necesitan repensar la decisión que tomaron el viernes pasado.

Pero mientras allá el asunto del Brexit es análogo al día después de una tremenda borrachera, aquí en México, el coletazo ya nos alcanzó y no fue solo en la paridad peso – dólar que repuntó, sino también en el anuncio de la autoridad hacendaria de un nuevo recorte al gasto público como medida para blindar la economía y mantener las metas fiscales ante la salida de Reino Unido de la UE. El recorte será de casi 32 mil millones de pesos, en tanto que también se ha dicho que la Comisión de Cambios está sesión permanente y atenta al mercado, por si se da un fenómeno especulativo que presione fuertemente al peso mexicano, que de ser así entonces utilizará los diferentes instrumentos a su disposición como las reservas internacionales, 177 mil millones de dólares, así como la reciente ampliación de la línea de crédito flexible del Fondo Monetario Internacional (FMI).

En México, a juzgar por la conferencia de prensa que encabezó  el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, se sigue pensando que aquí no pasará gran cosa. No obstante, esto podría convertirse en el nuevo “catarrito” de esta década. Mal hacen las autoridades financieras y monetarias en minimizar el tema y mandar el mensaje de que aún hay tiempo para recortar masivamente el gasto (sí, se anunció un nuevo recorte pequeño que continúa siendo insuficiente para eliminar ya el déficit público) y de que nuestras relaciones comerciales con la Gran Bretaña son en realidad poco significativas. Mal ha hecho también Roberto del Cueto, subgobernador de Banxico (en ausencia de Agustín Carstens, quien está en Basilea), en no ver “ningún riesgo” que preocupe en el sistema bancario mexicano que está “bien capitalizado”.

La economía global sólo necesita un detonante del pánico para pasar al colapso total. ¿Lo será el Brexit? Puede ser. Lo importante es que la burbuja se ha inflado hasta un punto en que sólo basta el alfiler que la haga estallar para desencadenar la nueva debacle que de seguro va a llegar. Contra eso nada podrán hacer la buena voluntad política, los instrumentos de política monetaria y fiscal, y menos aún los supuestos sólidos cimientos macroeconómicos que tiene el país.

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