Crece protesta magisterial

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Ruben MartinLas fotografías eran más que elocuentes. Filas y filas de policías apostados en el Eje Central y la calle Madero, frente al Palacio de Bellas Artes, para impedir que la marcha del magisterio disidente pudiera ingresar al Zócalo de la Ciudad de México.

La manifestación del viernes 17 de junio, en la que participaron más de 14,000 personas, fue vigilada por más de 4,500 policías, es decir, un policía por cada tres manifestantes. Se trata, sin duda, de una de las manifestaciones con más acoso policiaco en la historia reciente del país. Finalmente la orden autoritaria del jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Mancera, se impuso y se impidió a los maestros disidentes y a los miles de capitalinos que los apoyaron llegar al Zócalo de la capital. De facto, sin declaratoria de por medio, se impidió el uso de espacios públicos para la libre manifestación, como si se hubiera decretado un Estado de excepción por causas de guerra.

Estas imágenes y estos datos dan cuenta, por sí mismo, de cómo la lucha del magisterio disidente, agrupado en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), en contra de la reforma educativa, ha escalado de un conflicto gremial para convertirse un conflicto social de enormes proporciones. Es actualmente el conflicto social más importante que hay en el país.

La historia de este conflicto es conocida. Apenas llegó a la presidencia, el presidente Enrique Peña Nieto anunció la implementación de una reforma educativa en el país; era tanto su empeño en este proyecto que el nuevo presidente la puso como el primer punto del Pacto por México, el acuerdo de gobernabilidad que firmó con los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD). Desde un comienzo la CNTE cuestionó ese proyecto, pidió diálogo y negociaciones para que sus puntos de vista fueran tomados en cuenta y presentó propuestas educativas y pedagógicas alternativas a las oficiales: jamás fueron tomados en cuenta. La CNTE cuestionó desde entonces que la de Peña Nieto no era una reforma educativa sino una reforma administrativa-punitiva que ponía en riesgo sus derechos laborales. El gobierno de Peña Nieto quizá pensó que imponer su reforma educativa sería un día de campo, pero ha terminado en un campo de batalla.

En estos tres años, las manifestaciones del magisterio disidente han tenido distintos ciclos y ha logrado que el conflicto se extendiera prácticamente a todos los estados de la República y no quedara confinado a las entidades donde históricamente la CNTE ha tenido más presencia: Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Guerrero y la Ciudad de México. En este ciclo reciente de protestas, el magisterio disidente ha cobrado fuerza en entidades como Tabasco, e incluso en Jalisco, donde en 2015 se dieron las más grandes manifestaciones de maestros fuera del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

La protesta del magisterio disidente ha escalado a tal grado que el gobierno de Peña Nieto se ha desenmascarado y en lugar de diálogo y negociaciones ha respondido sólo con mano dura y represión.

La represión estatal contra el magisterio disidente se ha manifestado de distintos modos: detención de dirigentes de la sección 22 de Oaxaca y de la sección XVIII de Michoacán, en tanto que están pendientes de ejecutarse decenas de órdenes de aprehensión; cese de más de cinco mil maestros sólo por participar en el paro magisterial del 15 de mayo y cese de miles más que se han negado a la mal llamada evaluación educativa; despliegue de decenas de miles de policías federales y de la gendarmería para reprimir manifestaciones magisteriales en distintos estados del país; prohibición de facto del derecho de manifestación y expresión en distintos estados y en la capital del país donde los maestros han sido levantados de dos plantones, “encapsulados” por miles de policías para impedirles la libre manifestación y la prohibición para manifestarse en el Zócalo de la ciudad de México.

Y todo esto acompañado por una de las campañas propagandísticas más intensas en medios oficialistas que tiene como propósito difamar y estigmatizar a los maestros. Pareciera que se decretó contra los maestros disidentes un estado de excepción. Pero ni con todos esos medios represivos, ni con el virtual estado de excepción se ha contenido la protesta magisterial. Al contrario, va creciendo y encuentra cada vez más eco y resonancia en muchos sectores de abajo.

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1 comment

  1. LUIS JIMENEZ 26 junio, 2016 at 23:34 Reply

    Rubén, ¿por que no nos platicas de los cientos de plazas asignadas en Oaxaca a personas que no son maestros y/o que no están frente a grupo por contar con una “comisión sindical” … y que obviamente no quieren ser evaluados porque se descubriría que: o no tienen la preparación para ser maestros y/o no dan clases y/o no existen?…. platícanos de los negocios multimillonarios de los líderes magisteriales que hoy defiendes.
    Platícanos del éxito de la demanda laboral del grupo de 200 maestros Jaliscienses en contra de la ley de educación que violaba sus derechos…. triunfo que no necesitó: protestas violentas, quemar policías, entorpecer vialidad en carreteras y avenidas afectando a miles de trabajadores, quemar autos y edificios públicos etc etc …. cuéntanos Rubén, ¿o sólo nos vas a hablar del punto de vista de los seguidores de AMLO?

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