Emilio, el peor de los gobernadores: Macedonio Tamez

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El ex gobernador, Emilio González y el ex coordinador de Innovación y Desarrollo, Herbert Taylor.

El ex gobernador, Emilio González y el ex coordinador de Innovación y Desarrollo, Herbert Taylor.

EN SU LIBRO DE MEMORIAS “POLÍTICA Y CORRUPCIÓN”, EL DIPUTADO FEDERAL AFIRMA QUE MÁS DE LA MITAD DE LOS GOBERNADORES ESTÁN LIGADOS CON EL CRIMEN ORGANIZADO

Un jefe policíaco en México tiene, por lo general, “tres frentes de batalla”. El primero es la delincuencia que hay en la calle y el segundo algunos de sus policías ligados a la corrupción y a los delincuentes. El tercero “es el peor de todos, es el que da más coraje, que es el que representa la clase política”.

Ésta es una de las reflexiones que el diputado federal Macedonio Tamez Guajardo hace en su libro de memorias Política y Corrupción. El texto recoge sus experiencias en su paso por el Instituto de Ciencias Forenses, la presidencia municipal de Zapopan, la policía de Guadalajara y el Cisen. La cita concluye reiterando lo que ya alguna vez declaró a la prensa en Jalisco: “prefiero tratar con delincuentes que con políticos”, porque “cuando los políticos delinquen son los peores delincuentes”.

En el texto recuerda que no es el único que piensa de esa manera, pues un director del Cisen le aseguró que tenía “ocho frentes de batalla: siete cárteles y un gabinete”.

En la revisión de lo que sucede con la inseguridad y la violencia en México, Macedonio Tamez hace otros señalamientos fuertes. Concluye que cuando el panista Emilio González Márquez estuvo al frente del Ejecutivo, de 2006 al 2012, “sufrimos uno de los peores gobiernos que ha habido en Jalisco, no en balde es conocido en los medios como el ‘sexenio de la corrupción’”. También afirma que, según lo que vio cuando estuvo en el Cisen, “más de la mitad de los gobernadores estaban coludidos, directamente o a través de sus colaboradores, con el narcotráfico, o por lo menos lo toleraban para poder dormir tranquilos”.

En general, el libro es un catálogo de los casos más comunes de la corrupción en México, recogidos desde 1998, cuando el ex gobernador panista Alberto Cárdenas Jiménez lo nombró director de Ciencias Forenses, hasta el 29 de julio de 2011, cuando después de la peor experiencia de su carrera en el servicio público decidió renunciar al Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (Cisen).

Entre los puntos que destaca, están las peticiones para contratar a los amigos de los políticos. Esto, afirma, porque “en México se cree que cuanta más gente coloque uno en cargos públicos tiene más poder”.

Sus memorias incluyen también su paso por la presidencia municipal de Zapopan (2006-2009). Cita que el jefe de la policía de su antecesor dejó incluso por escrito algunas de las órdenes que dio para liberar a detenidos, así como casos en que se les devolvieron las armas que se les habían asegurado.

Recuerda un conflicto con una familia poderosa de ese municipio, porque uno de sus integrantes fue detenido cuando tenía sexo con otro hombre en su automóvil. Se negó a liberarlo sin que pagara la multa, lo que fue “una vergüenza para su familia, muy católica y conservadora. Eran dueños de un periódico que en venganza no dejó de criticarme con cualquier pretexto durante los siguientes meses”.

Relata, además, cómo algunos detenidos por delitos graves eran entregados a autoridades estatales y federales, que de inmediato los liberaban, poniendo en riesgo además a los policías municipales que habían llevado a cabo la detención.

Macedonio Tamez en la presentación de su libro.

Macedonio Tamez en la presentación de su libro.

Macedonio Tamez fue invitado por el ahora regidor de Guadalajara, Alfonso Petersen Farah, como titular de la policía tapatía, cuando el panista ganó la alcaldía. Su nombramiento se planeó después de una charla en la que ambos analizaron cuál debía ser el perfil de quien ocupara ese cargo.

En el libro, cuenta que el entonces presidente municipal electo le informó que le habían recomendado nombrar a un “hijo de la chingada”, pero Tamez Guajardo le dijo que el problema era que “muchos empresarios tienen una visión burguesa de la seguridad en la que sólo les interesa su protección personal: que no asalten sus negocios, no roben sus autos blindados, no secuestren a sus hijitos”.

Ante ello, le sugirió que encontrara a alguien que fuera “humanista y muy estricto a la vez. Que sea decente, inteligente y que tenga muchos güevos al mismo tiempo”. El desenlace de esa charla fue una invitación a hacerse cargo de la seguridad de los tapatíos y su aceptación, unos días después.

Así, llegó a la policía de Guadalajara en enero de 2007, encontrándose primero con dificultades para nombrar a quienes estarían en los puestos de mando, que fueran honestos e inteligentes.

Desde los primeros días, relata,  empezó a detectar los casos de corrupción y ligas con la delincuencia, por lo que comenzaron los procedimientos. Sin embargo, Macedonio asegura que se encontró con una dirección jurídica del ayuntamiento, donde se llevaban los procedimientos administrativos, “incrustada de una mafia de abogadillos, vinculados al partido en el poder, en este caso el PAN (…) A veces, esos miserables cobraban a los propios policías por exonerarlos o reducir las sanciones”.

Después, quienes habían sido separados de su cargo por cometer una falta “regresaban y, para colmo de males, lo hacían burlándose de nosotros”.

Sobre su paso por la policía de Guadalajara, Macedonio Tamez cuenta varias anécdotas. Como los elementos que vendían armas y fueron sorprendidos con un arsenal en la cajuela de su patrulla, por lo que se les envió al Ministerio Público federal, para no correr el riesgo de su exoneración en el jurídico del ayuntamiento.

También hay relatos sobre las solicitudes de regidores y diputados para que contratara a determinadas personas como policías, para que les asignara guaruras o para que se liberara a algún amigo, familiar o conocido que había sido detenido. Asegura que “los regidores del PAN eran los peores”. Los empresarios, cuenta, también exigían su protección personal con policías pagados con recursos públicos.

Pero también los priistas le pedían favores. Uno de ellos, un “diputado del PRI, que venía de Tonalá” y que había sido regidor en el gobierno anterior.  Acompañado por una diputada “presionó o amenazó” al presidente municipal Alfonso Petersen para que se recontratara a un hermano de la legisladora, que había sido despedido de la policía por su comportamiento inadecuado.

De los policías, admite que encontraron a los que cobraban por la protección a diferentes negocios, especialmente a giros restringidos y “también suelen cobrar, y esto es lo más grave, por dar protección a delincuentes (…) Se da este fenómeno con las narcotiendas”.

En el libro hay señalamientos también para los magistrados del Tribunal de lo Administrativo en el Estado, especialmente por las suspensiones que permiten operar giros negros, y hasta contra el cardenal Juan Sandoval y el presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, Felipe de Jesús Álvarez Cibrián. De este ultimo dice que es “servil al gobierno del estado” y que “ha llenado la institución que encabeza de políticos de medio pelo recomendados por los diputados que lo nombraron”.

Admite que, cuando por la vía legal ya no podía actuar, le quedaba la alternativa de filtrar a los medios de comunicación las irregularidades.

La inseguridad también ha sido convertida en México en un negocio. Ante la necesidad de actuar, los presupuestos para este rubro han crecido, lo que ha favorecido a empresas de asesorías y a proveedores, asegura Macedonio Tamez. Los políticos se llevan las comisiones.

Uno de los casos que recuerda es la compra dirigida de patrullas para Guadalajara, cuando el alcalde era el panista Emilio González. Menciona que cuando se cuestionó al ex gobernador sobre el tema, “el cínico declaró que él no veía ninguna irregularidad”, mientras que su secretario de Seguridad, Luis Carlos Nájera, afirmó: “no soy mecánico, soy policía”.

Sobre esa compra, afirma, “me enteré que el negocio había sido, entre otros, del coordinador de la fracción del PRI en aquella época”.

Tamez también fue funcionario federal, pues laboró para el Cisen. Entre las conclusiones de esta tarea, afirma que se encontró con que el gobierno federal es, “en términos generales, terriblemente ineficiente”. También que “la creatividad que existe en este país para el peculado es inagotable”.

En el Cisen, cuenta, había información suficiente para probar las ligas de alcaldes, gobernadores, diputados locales y federales con la delincuencia organizada “y, para decepción mía, no se hacía uso de ella”. Una vez preguntó a uno de los jefes por qué no se actuaba contra un gobernador que protegía al narcotráfico, quien simplemente le respondió: “de esas teclas no hay que tocar”.

Una de las tareas que cumplió en el Cisen, fue el trabajo psicológico con algunos delincuentes. En general, se encontró que no sienten culpa por lo que han hecho, que dicen amar a sus familias y están muy ligados con su religión.

En las conclusiones de su libro, Macedonio Tamez señala que “los mexicanos no cumplen con las normas espontáneamente, ni respetan los derechos de los demás; siempre que les conviene, los transgreden. Dicho de otra forma, los mexicanos en promedio son tramposos, faltan a la verdad, tienen tendencia a tomar lo que no es suyo y, con facilidad alarmante, pueden recurrir a la violencia”.

A pesar de lo anterior, rechaza lo que llama una “vulgaridad” del presidente Enrique Peña, de decir que “la corrupción es una cultura”. Se trata, más bien, de “un sistema que, basado en una crónica y endémica injusticia social, lleva a la gente a buscar satisfacer sus necesidades a través de cualquier vía”.

Cuando presentó este libro, Macedonio Tamez dijo que escribir era una forma de liberar lo que había vivido. En el mismo texto admite que una vez le reclamaron por qué no denunciaba. “¿A quién?, pregunté yo. Y hasta la fecha me lo sigo preguntando”.

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