Concentración de ingresos: círculo vicioso de desigualdad

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El Gobierno federal debe impulsar el combate contra la desigualdad social.

El Gobierno federal debe impulsar el combate contra la desigualdad social.

SI NO SE COMBATE LA DESIGUALDAD, LA POBREZA CONTINUARÁ EXPANDIÉNDOSE A LA MAYORÍA DE LAS CAPAS SOCIALES

Mientras el proceso electoral del pasado domingo 5 de junio mantuvo pendientes todas las miradas de los mexicanos, a la par, las malas noticias en cuanto al desempeño económico nacional siguen siendo la constante y quizá por ello también, uno de los factores fundamentales para que el PRI gobierno haya recibido el rechazo de una sociedad que se siente defraudada y desilusionada al haberse cansado de esperar una condición de bienestar que no termina de llegar y es que si bien es cierto que el entorno internacional es el detonador de muchos de los males que nos aquejan en materia económica, también lo es que no se aprecia que las políticas de austeridad y racionalización del gasto impacten de manera positiva en la población, pues los recortes presupuestales han privilegiado reducir los apoyos en materias prioritarias como asistencia social, infraestructura e inversión productiva, y aunque se diga que la reducción del gasto gubernamental ha inhibido los groseros gastos superfluos de operación del aparato burocrático nacional, los excesos siguen dándose en el derroche de carretadas de dinero en gastos de representación, de pago a decenas de asistentes innecesarios, combustibles, servicios de comunicación, traslados, hospedajes y un sinnúmero de conceptos más que serian interminables, rematados al final con el burdo concepto que justifica todo lo injustificable, -gastos varios-.

 Los indicadores compuestos del ciclo económico de México, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se quedaron sin cambios en mayo, respecto del mismo nivel que alcanzaron en abril.

De acuerdo con la lectura de los indicadores líderes como la actividad industrial, el desempeño de las empresas que cotizan en Bolsa, el Producto Interno Bruto (PIB) y la confianza del consumidor, entre otros, el índice para México alcanzó un registro de 100.1 puntos. Esto significa que se quedó ligeramente arriba de la tendencia de largo plazo, por tercer mes consecutivo, dinámica en la que no se había encontrado desde abril del año pasado.

Carlos Slim, la persona más rica de México.

Carlos Slim, la persona más rica de México.

Al comparar el ciclo mexicano con el de los países miembros, para identificar la fase de desacople en la que se encuentra la economía, resulta que mantiene una dinámica por arriba del promedio de las economías de la OCDE, que es de 99.4 puntos.

La media de los países miembros también se mantiene en la lectura de mayo sin cambios, tal cual estaba en abril, pero por debajo del nivel del inicio de año, cuando alcanzó 99.7 puntos.

Estas estadísticas mensuales se utilizan para identificar señales tempranas de puntos de inflexión en la actividad económica y negocios de los países. La dinámica del ciclo de negocios mexicano se encuentra ligeramente arriba de la que ofrece Chile, cuyos indicadores líderes se encuentran en 100 puntos. Y lejos del ciclo de Estados Unidos que, al comparar la lectura del indicador respecto de la que tienen los demás miembros, se sitúa a la cola del listado, con 98.9 puntos.

Es decir, la primera economía del planeta estaba en mayo por debajo de su tendencia, donde se ha mantenido desde junio del 2015.

En el comunicado, donde la OCDE ofrece una lectura de los indicadores para el grupo de las siete mayores economías miembros, es decir Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Japón, Italia y Canadá, evidencian que Estados Unidos se encuentra en una fase del ciclo “con signos de estabilización”.

Esto porque es el cuarto mes consecutivo que el indicador está en la misma lectura de 98.9 puntos, lo que significa que ha dejado de perder fuerza, tal como lo había mostrado la caída del indicador desde junio del 2014, cuando estaba en 100.8 puntos.

La metodología de los indicadores compuestos de la OCDE es base para la que utiliza el INEGI para integrar sus indicadores adelantados, que en la lectura de mayo se ubicó debajo de la tendencia de largo plazo, al observar un valor de 99.4 puntos y una disminución de 0.01 puntos respecto de la del mes anterior.

Así pues la economía azteca y su sistema financiero enfrentan un entorno internacional complejo, de tal suerte que no pueden descartarse nuevos episodios de volatilidad y que los riesgos para la segunda economía latinoamericana incluyen una menor demanda externa y episodios de mayor volatilidad financiera.

Entre estos factores, se encuentran la incertidumbre sobre la rapidez y los tiempos del proceso de normalización de la política monetaria en Estados Unidos.

Ahora, si bien se anticipa que dicho proceso sea gradual y ordenado, no se puede descartar que, a medida que se aproximen las fechas en que tendrán lugar las decisiones de política monetaria de la Reserva Federal de ese país, se presenten nuevos periodos de volatilidad.

La economía mexicana y sus problemas no son un tema nuevo: bajo crecimiento, continua incidencia de pobreza en la población, baja productividad en todos los factores de producción, entre otros. Sin embargo, bien podría decirse que quizá el problema más importante, pues impacta de forma transversal a todos los demás, es la creciente desigualdad económica.

Hace unos días, investigadores del INEGI, presentaron una corrección realizada a la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), para lo cual emplearon datos fiscales proporcionados por el SAT para el año 2012, con un resultado escalofriante. De acuerdo con sus resultados, el 1% más rico del país captura 17% de todo el ingreso nacional; así el 10% más rico captura 50.2% del ingreso nacional. Mientras, el 50% de menos ingresos apenas captura 11.8% del ingreso.

Estos niveles tan elevados de concentración del ingreso impactan de forma negativa en el crecimiento económico, afectan la vida pública y, por ende, la vida democrática del país, formando un círculo vicioso de desigualdad económica y política.

Es predecible que si la desigualdad en ingresos es tan elevada, la desigualdad en riqueza lo sea aún más, y esto representa un serio problema que impacta de forma más fuerte en la igualdad de oportunidades en la sociedad y, por lo tanto, en la movilidad social dentro de la misma.

Un país de baja movilidad social es un país que no puede alcanzar altos niveles de desarrollo, pues condena a un elevado porcentaje de la población a vivir en las mismas condiciones en las que nacieron y, por tanto, termina limitando las capacidades productivas del país, en particular en lo referente a la formación de capital humano.

En pobreza, los mecanismos causales también resultan más o menos evidentes: una menos movilidad social condena a un número muy importante de personas a seguir en la pobreza. En México, las trampas de pobreza existen y su transmisión intergeneracional es un fenómeno recurrente. La desigualdad de oportunidades es un amplificador de las trampas de pobreza.

En la vida democrática del país, la desigualdad también representa un profundo obstáculo. En la democracia liberal, la elevada concentración del ingreso y la riqueza son poco deseados en la medida que minan la igualdad entre ciudadanos y permiten incidir de forma extraordinaria en la toma de decisiones colectivas.

La desigualdad económica en México facilita la captura institucional, y en la medida que esto sucede enfrentamos peores gobiernos, más separados de la realidad de la vida pública y más al servicio de intereses privados sobre los públicos.

En el contexto de las pasadas elecciones en el país, los efectos negativos de la desigualdad están de forma directa o indirecta relacionados con el malestar social.

Más allá de grandes reformas, el país requiere hacer un combate frontal a un problema presente en la gran mayoría de otros problemas, y la forma de hacerlo es a través de un gasto público mucho más progresivo y una recaudación fiscal orientada a contener el crecimiento de la gran brecha que cada vez se abre más entre todos los mexicanos.

Si no actuamos de forma decisiva en el combate a la desigualdad y sus efectos podríamos encontrarnos que la acumulación de la riqueza se sigue ubicando en el más bajo porcentaje de la población y que en contraste la pobreza sigue expandiéndose a la mayoría de las capas sociales. Una situación así no sólo iría en detrimento de nuestra economía, sino que sería profundamente inmoral y tóxica para la vida pública del país.

 

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