PRI y Morena ponen cimientos de 2018

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Jonas-05Las elecciones del año 2018, el 5 de junio, sí marcan el futuro inmediato del calendario electoral, pese a que se pueda argumentar que las presidenciales del 2018 aún están “lejos” en términos de los eventos que pueden ocurrir. Con todo y las sorpresas que arrojen las urnas en Veracruz, Tamaulipas y Oaxaca –y en estos casos cualquier resultado deja pasmado al país, tanto si ganan los candidatos del Revolucionario Institucional (PRI) como si ocurre lo contrario–, el partido político del presidente Enrique Peña Nieto saldrá fortalecido de esta nueva prueba.

El fenómeno mexicano es digno de estudio en las facultades de Ciencias Políticas de todo el mundo. ¿Cómo es posible que el PRI se mantenga en la posición del partido más exitoso a pesar del enojo social con el desempeño de la administración peñanietista y la pésima imagen internacional que resulta de escándalos como los 43 de Ayotzinapa o la casa blanca?

Pero el Revolucionario Institucional no es sólo Peña Nieto y su gabinete. ¿Cómo explicar que personajes como el corrupto gobernador de Veracruz, Javier Duarte, o la gris gestión de Egidio Torre en Tamaulipas, no basten para sepultar a este instituto político al menos en esas entidades?

Es complicado ofrecer en unos pocos renglones una explicación completa. Pero debe atribuirse la larga vida del PRI y su éxito electoral, a la debilidad de la oposición. Salvo contados casos, los partidos políticos restantes presentan candidatos débiles, además de comportamientos y estructuras repudiadas por la ciudadanía. Puede decirse que, entre otros factores, uno con mucho peso es que los priístas ganan elecciones porque no hay más.

Después de esta elección hay que poner atención en Andrés Manuel López Obrador y su partido, Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Más avejentado y por lo tanto, más débil; lejos de ser el fenómeno de masas que fue hace años y sobre todo, identificado más por sus declaraciones escandalosas, López Obrador perdió terreno en un importante segmento de la población mexicana que aún forma parte de ese borroso sector que se ubica entre los pudientes y los muchos pobres (la clase media, dirían algunos académicos). Pero también es el único caudillo visible en la política nacional; el único político con aspiraciones serias que cuenta con el respaldo incuestionable de un partido político que como Morena, ya está afincado en estados tan importantes como Veracruz y la Ciudad de México.

Si no hay figuras consolidadas en Acción Nacional; si el Partido de la Revolución Democrática sigue el proceso de diluirse y claro, si los partidos políticos chicos están abocados a mantener el registro y aumentar sus ingresos públicos en algunas decenas de millones de pesos, sólo quedan el PRI y Morena.

El escenario político nacional no es bicolor o bipartidista. Hay una gran cantidad de figuras influyentes en escenarios locales y regionales; las condiciones económicas y sociales se modifican sustancialmente con unos pocos kilómetros de diferencia, pero una visión general permite constatar que sólo hay dos jugadores fuertes en el escenario de las elecciones presidenciales inmediatas.

Los comicios de 2016, la elección de 12 gobernadores y las urnas instaladas en 14 estados, así lo confirman.

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