La reforma, con sangre entra

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Ruben MartinLa mal llamada reforma educativa ha sido uno de los proyectos centrales tanto del gobierno de Enrique Peña Nieto, como de los partidos coaligados en el Pacto por México. La presentación de esta reforma ocurrió en los primeros días del sexenio de Peña Nieto y fue también uno de los acuerdos más celebrados por los representantes de los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD).

Se ha defendido con el pretexto de mejorar la calidad de la educación en el país, pero en su aplicación se acusa solamente a los maestros del deterioro de la enseñanza pública en toda la nación.

Para la aplicación de la reforma educativa, el gobierno de Peña Nieto tuvo qué hacer a un lado a Elba Esther Gordillo Morales, cacique del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) bajo acusaciones de corrupción, y dejar en su lugar a un dirigente dócil con el gobierno en turno, como ha sido el caso del jalisciense Juan Díaz de la Torre. No es que Elba Esther Gordillo no tuviera méritos suficientes para ser acusada de corrupción, pero no se le apartó del SNTE y está en la cárcel por corrupta, sino porque estorbaba el proyecto de la reforma educativa del gobierno. Bastó un golpe de mano y el SNTE se aplacó y aceptó con una docilidad sumisa la reforma educativa.

No ha ocurrido así con las diversas corrientes del magisterio disidente agrupadas en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), nacida de una coyuntura de lucha para exigir democracia sindical en 1979.

Desde que el proyecto de reforma educativa se presentó por el gobierno y cuyas leyes y reglamentaciones se discutieron y aprobaron en el Congreso de la Unión, la CNTE ha desplegado una lucha en contra de ese proyecto del gobierno peñista.

Desde un comienzo, los dirigentes del CNTE han sostenido que no están en contra de una reforma educativa, pero sí contra el proyecto de Peña Nieto.

Cuando el proyecto de reforma estaba en las instancias legislativas, primeros meses de 2013, los representantes de la CNTE propusieron abrir un proceso de diálogo y discusión a fondo de una verdadera reforma educativa, que partiera de una concepción pedagógica y que tomara en cuenta a los diversos actores del sistema educativo. Es un hecho que no toman en cuenta los medios comerciales oficialistas, que únicamente consigna que el magisterio disidente se opone a la reforma.

Se oponen a la reforma de Peña Nieto porque responsabiliza solamente a los maestros de la mala educación y porque, en vez de ser un proceso de profundos cambios pedagógicos, se trata de una reforma administrativa-laboral dirigida especialmente a los maestros disidentes y que participan en procesos de organización encaminados a la democracia e independencia sindical.

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Aurelio Nuño.

Por eso, desde un inicio el gobierno de Peña Nieto, sus secretarios y ahora especialmente el titular de Educación, Aurelio Nuño Mayer, han tratado de aplicar la reforma a garrotazos, criminalizando, amenazando y reprimiendo a los grupos magisteriales que se han movilizado para cuestionar este proyecto.

Peña Nieto y su delfín Aurelio Nuño se comportan como viejos maestros autoritarios que obligaban a aprender las tablas de multiplicar a reglazos y el abecedario con coscorrones, bajo el viejo lema de que “la letra, con sangre entra”.

Es lo mismo que quieren hacer con la reforma educativa, que entre a garrotazos y con sangre, pero hasta ahora no han podido debido a la lucha tenaz y organizada de la CNTE. Por eso, contra lo que dice Aurelio Nuño, quienes participan en este paro no son una minoría, sino contingentes amplios que rechazan una reforma a garrotazos y que exigen una reforma educativa de fondo.

 

@rmartinmar

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