La ilusión de la ciudadanía

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Ruben MartinEs común escuchar a ciudadanos que creen el cuento de igualdad que ofrece el capitalismo liberal, criticar y cuestionar a aquellas personas que no confían en la ley y no denuncian delitos.

Sea buen ciudadano, pague sus impuestos, exija sus derechos, respete la ley y acuda a denunciar a quien la viole. Esta parece ser la síntesis del proyecto de participación política que el capitalismo liberal ofrece a los integrantes de la sociedad, a los ciudadanos. El núcleo de esta oferta política nos dice que todos somos iguales frente a la ley, y que aquellos que la violen serán sancionados para el resguardo del cuerpo político.

Es una de las falacias centrales del sistema liberal: no existe tal igualdad de los ciudadanos en una sociedad basada justamente en la desigualdad. Si esta igualdad no ha existido en las sociedades del capitalismo liberal, menos existe ahora en México en el contexto de guerra y barbarie que estamos viviendo.

Es una ilusión o incluso una tontería liberal exigir a las personas que acudan ante la ley, que se denuncie agresiones o casos graves como asesinatos o desapariciones y que se sigan los pasos que fija el supuesto Estado de derecho cuando en muchas partes eso es sinónimo de muerte.

Ese riesgo ocurre en muchas partes del país. Un caso extremo ocurre en Chilapa, Guerrero donde personas como Bernardo Carreto, fue asesinado por buscar a tres hijos que le desaparecieron el 10 de mayo de 2015.

Según el canon liberal, el señor Bernardo Carreto debió denunciar este grave delito de la desaparición de sus hijos y esperar que el Estado de derecho hiciera su parte, los encontrara y castigara a los responsables. Pero no ocurrió así.

Don Bernardo sí presentó denuncia, pero en lugar de que la autoridad lo ayudara, comenzó a recibir llamadas con amenazas de muerte, y “mensajes donde le exigían dejara de denunciar los hechos porque también a él lo iban a desaparecer”.

Don Bernardo Carreto dijo que este tipo de hostigamiento surgió luego que proporcionara su número en el ministerio público local.

El 22 de diciembre de 2015, el padre que valientemente buscaba a sus tres hijos desaparecidos, fue acribillado frente a otros miembros de su ya de por si desmembrada familia.

La historia la cuenta Emma Martínez en el portal Revolución 3.0 (http://revoluciontrespuntocero.com/la-muerte-es-el-destino-de-las-personas-que-piden-justicia-activista-asesinado-buscaba-a-sus-3-hijos-en-chilapa/).

Este es el tipo de justicia que está ofreciendo la maquinaria de muerte que es el Estado mexicano. Los que desaparecen son socios de los policías, o los policías desaparecen y entregan a las víctimas al crimen organizado, como ocurrió en Iguala con los normalistas de Ayotzinapa, o como ocurrió en Tierra Blanca y Papantla, Veracruz.

Pero lo mismo ocurre en Jalisco, como en San Gabriel, o en otros puntos del estado. Muchas veces la policía misma obliga a las víctimas a desistirse de denunciar los hechos, porque están coludidos y forman parte de la misma máquina narco-política que desaparece y asesina.

La guerra que tenemos en México terminó de desnudar el Estado de dominación que tenemos y terminó de mostrar la falacia del ciudadano igual ante las leyes. Las leyes sirven a los poderosos. Otros recursos, otras formas de encontrar justicia deben emerger desde abajo para enfrentar al narco-Estado y sus máquinas de violencia.

@rmartinmar

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