Venezuela: crisis económica, política y social

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Venezuela vive actualmente una de las más graves crisis de su historia. En la foto, Nicolás Maduro.

Venezuela vive actualmente una de las más graves crisis de su historia. En la foto, Nicolás Maduro.

LA PARANOIA DE MADURO CRECE AL IGUAL QUE EL HAMBRE Y LA POBREZA EN VENEZUELA; BUSCA AFERRARSE A LO QUE LE QUEDA DE PODER

No fue un dislate, ni una mentira lo que el reconocido José Mujica expresara hace unos días ante medios y que le ha dado la vuelta al mundo. Es por demás claro que en la nación venezolana el gobierno se ha pasado de rosca y que Nicolás Maduro está más loco que una cabra. El ex presidente uruguayo cuestionó la tensión que existe entre el dirigente de la Organización de Estados Americanos (OEA) y el mandatario venezolano, en relación a la cruda y difícil situación que padece el país sureño, porque nomás es duelo de palabrería y no se ve mucha acción: “Se dicen de todo y así no van a arreglar nada”. Así que, aunque sienta respeto por Maduro, precisó: “Eso no equivale a que no le diga que está loco. Está loco como una cabra”

Y es que antes, el disminuido líder de la República Bolivariana se fue con todo contra Luis Almagro quien detenta la presidencia de la OEA, ya que éste ha externado su intención de invocar la Carta Democrática de dicha organización, con la que se obliga a los integrantes del organismo a tratar la situación sociopolítica en Venezuela. En respuesta Maduro arremetió contra el de la OEA y le dijo: “Almagro ríndete. Es un traidor desde hace tiempo, yo se lo dije a Pepe Mujica. En algún momento contaré su historia (…) Fue una jugada maestra que hicieron los gringos, la CIA, con un agente, Almagro. Yo sé todo. Lo conozco muy bien. Sé sus secretos. Te secarás, Almagro. Estás seco”.

En respuesta, Luis Almagro dirigió una carta a Maduro. Ahí, de forma más o menos respetuosa, le aclaraba que no es agente de la CIA o un traidor, como el pseudo líder venezolano aseguró durante una rueda de prensa. “No soy traidor (…) Pero tú sí lo eres, Presidente, traicionas a tu pueblo y a tu supuesta ideología con tus diatribas sin contenido, eres traidor de la ética, de la política con tus mentiras y traicionas el principio más sagrado de la política, que es someterte al escrutinio de tu pueblo”.  Aunque antes eran bastante cercanos, las relaciones entre Almagro y Maduro se deterioraron a partir que la OEA recibió a representantes de líderes opositores venezolanos encarcelados.

Nicolás Maduro en un movimiento desesperado, busca por decreto la concentración del poder público en su figura, propasando los límites constitucionales bajo el argumento de un temporal Estado de Excepción, que incluso pretende llevar hasta el de Conmoción. Este Decreto alude a elementos para controlar intentos de desestabilización, dándole carta abierta al Presidente de mediar con la situación de manera que más le parezca conveniente. Además de suspender las atribuciones de la Asamblea Nacional en lo que respecta a la aprobación de contratos públicos y votos de censura para la remoción del Presidente.

Bajo un Estado de Excepción, la Asamblea Nacional retiene sus poderes de legislación, además que la Constitución Venezolana solo permite una prórroga como la que intercedió con sus 120 días de emergencia económica, pero de hacerse valer este Decreto, Maduro obtendría poderes que inutilizarían los esfuerzos de la Asamblea. Esta intentona se justifica en el hecho de que la oposición, la cual ocupa la mayoría legislativa para así lograr destituir a Maduro, pretende el desconocimiento de todos los poderes públicos e impulsa la interrupción del periodo del sucesor de Chávez.

La paranoia de Maduro crece al igual que el hambre y la pobreza en Venezuela, buscando aferrarse a lo que le queda de poder, utilizando argumentos patéticos. Pareciera que busca que el pueblo venezolano se rebele y lo saquen a tirones tanto de la presidencia como del país. En este escenario, lo que se espera es que se logre ejercer el referendo revocatorio hacia Maduro y que así inicie una  jornada electoral para quitar a este hombre que habla con pájaros y sueña con Hugo Chávez, que lo único que ha logrado, es perjudicar como nadie a su país.

Cruda como es la realidad, lo cierto es que tras 17 años de ensayos, la “revolución bolivariana” está tan muerta como su creador.

El chavismo no tiene nada que ver con la justicia y el futuro, sino con el paternalismo y la miseria.

Esa parte del espectro político identificado con una izquierda desfasada y beligerante confunde los fines (libertad, igualdad, bienestar material) con los medios equivocados (estatismo, burocracia, autoritarismo).

Maduro, que de maduro no tiene más el apelativo, fue parlamentario, ministro de Relaciones Exteriores, vicepresidente del país y presidente interino desde diciembre de 2012, durante la agonía de Chávez. En las elecciones nacionales de abril de 2013 derrotó por escaso margen al líder opositor Henrique Capriles. Su mandato, que se extiende hasta 2019, quedó severamente condicionado cuando la oposición logró la mayoría parlamentaria en los comicios de 2015.

Así pues, Venezuela se divide entre la oposición, a la que solo une su rechazo al chavismo de Nicolás Maduro y controla un Parlamento con escasa autoridad real; y el presidente Maduro, un personaje de opereta que tiene (o tuvo) mucho poder sin saber qué hacer con él, y un Tribunal Supremo de Justicia que siempre falla a favor del gobierno. El sistema democrático, con sus delicados contrapesos y mediaciones, se vició en sucesivos experimentos institucionales y la radicalización política.

Uno de los grandes detonantes de la crisis es que Venezuela no fue hacia una economía diversificada y eficiente, sino rentista y de monocultivo de una materia prima no renovable. No produce casi nada, salvo petróleo, poco y mal, e importa casi todo.  Ya no depende de ciudadanos libres y laboriosos sino de telepredicadores, militantes y oficinistas ineptos y corruptos. Mientras tanto, buena parte de la sociedad, sumisa y mendicante del Estado, sobrevive en la miseria y la apatía, o estalla periódicamente, cuando las cosas no dan para más, como es el caso.

Venezuela está viviendo actualmente una de las más graves coyunturas de su historia, con una marcada crisis económica y una tensión social que va en aumento como producto del diálogo inexistente entre el Gobierno y el grueso de la población que no lo sigue y quiere cambios, por medio del referendo revocatorio.

La manera como Nicolás Maduro ha enfrentado la crisis que él mismo ha desatado, es aumentando la represión y los controles.  

En contraste, la importación que nunca para en Venezuela a pesar del colapso económico y de la grave situación social que se padece es la de armamento represivo: tanquetas, bombas lacrimógenas, todo ese tipo de cosas. Todavía hace poco el gobierno toleraba medianamente la manifestación espontánea del pueblo, hoy la realidad es que la represión es la constante y quien se atreva a salir a la calle para reclamar su justo derecho es tratado peor que delincuente, lo que ya está obligando a muchas familias venezolanas a dejar su patria y emigrar hacia otras latitudes donde se pueda comenzar de cero, lejos de la barbarie en la que desgraciadamente se ha instalado el gobierno de Maduro.

Protestas contra Maduro.

Protestas contra Maduro.

La estrategia de Maduro es no acatar ninguna ley que provenga de la Asamblea Nacional, y para muestra está la de Amnistía que ha sido rechazada y también otra que se refiere a la entrega de vivienda, pero en la que el gobierno se niega a entregar la documentación legal que acredita a los poseedores como dueños legítimos, por lo que en cualquier momento se las pueden quitar. La Ley de Amnistía, que era una promesa muy fuerte por parte de la oposición, fue rechazada, la llevaron ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que la declaró inconstitucional y es que en ese país el máximo tribunal de la nación está supeditado al poder ejecutivo y como no si Maduro aumentó el número de magistrados del TSJ después de que perdió las elecciones parlamentarias (6 de diciembre de 2015). Incorporó a magistrados que eran candidatos a diputados del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) y que habían perdido.

En este escenario no hay duda que la nación sudamericana va de pique hacia un choque institucional fuerte.  Maduro hace muy poco insinuó que podría disolver la Asamblea y es que por ahora está gobernando con el TSJ y el alto mando militar.

El gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles, indicó que de nada ha servido la extensión del Decreto de Emergencia Económica porque cada día de gobierno de Nicolás Maduro representa un día de retroceso para el país y de hambre para el pueblo. Con este Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica, Maduro pretende, entre otras cosas, sin el más mínimo trámite administrativo, expropiar empresas e industrias privadas, distribuir alimentos básicos de manera discrecional y autorizar a organismos ajenos a las labores de seguridad ciudadana a actuar como sujetos represores.

Ya la escasez de algunos rubros alimenticios ronda el 80%. Venezuela es una olla de presión. Cada día son más frecuentes los episodios álgidos para satisfacer la demanda de alimentos. En los hospitales por ejemplo el desabastecimiento de medicinas llegó al 95%. ¿Cómo se puede vivir así? ¿Cómo se puede vivir en un país donde la tasa de inflación acumulada superó el 300% y se estima que a final de año esté sobre el 700%?

En tanto el pueblo sufre, Nicolás Maduro finalizó este fin de semana dos días de maniobras militares en toda Venezuela con el argumento de defender el país de una inminente “invasión extranjera”. Pero el ejercicio intenta demostrar que el atribulado régimen aún tiene control de las Fuerzas Armadas y además amedrentar a quienes desafían al mandatario. En la operación participa medio millón de milicianos civiles con la consigna de defender la soberanía.

En la primera jornada el ejército tomó los accesos terrestres y aéreos de la capital y el resto del país, sin previo aviso, provocando un caos vehicular. Las maniobras castrenses tienen lugar en el momento en que el Tribunal Supremo de Justicia declaró constitucional el Decreto con el cual Maduro implantó el Estado de Excepción y la Emergencia Económica por 60 días. Esas medidas previamente las había rechazado la Asamblea Nacional.

La economía de Venezuela depende principalmente en el petróleo. La salud financiera del país se encontraba en excelente condición cuando el precio del barril del crudo era de 100 dólares, entre 2013 y 2014.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Ahora, los precios del petróleo han caído tan bajos como a un promedio de 28.36 dólares, el precio más bajo en 12 años. Mientras los precios del crudo mantengan mínimos históricos, Venezuela continuará con problemas para crecer. La moneda de Venezuela, el bolívar, ha caído a un ritmo frenético. En 2015, un dólar equiparaba 175 bolívares. Ahora, un dólar representa 865 bolívares. Para ponerlo de otra manera, un bolívar vale 0.0011 dólares, menos de un centavo, según el sistema de intercambio no oficial. La mayoría de los venezolanos intercambian bolívares y dólares bajo un sistema de cambio no oficial porque el régimen de Maduro ha creado un sistema confuso que involucra tres intercambios oficiales de moneda: dos para diferentes tipos de importaciones y una para los venezolanos ordinarios. Los dos principales tipos de intercambio sobrevaluan el dólar, creando una alta demanda de dólares.

Venezuela ha estado al borde de una suspensión de pagos en los últimos dos meses. La nación apenas genera el suficiente dinero en exportaciones de petróleo para cubrir sus pagos de deuda. En 2016 Venezuela debe más de 10,000 millones de dólares en pagos por la deuda. Casi la mitad de esta obligación se debió pagar en octubre y noviembre de 2015.

Así pues, aunado a la grave situación económica y política, la falta de alimentos en Venezuela, así como las largas filas para obtener comida, escasa, mala y cara son un gran problema para la inestabilidad social en la nación sudamericana que cual olla de presión está a punto de desbordarse a consecuencia de la tiranía de un régimen instalado en la ignominia de una insatisfacción de poder que no conoce límites ni fronteras y que privilegia una causa fallida frente a la cruda e inaceptable realidad de un pueblo que está sumido a controles totalitarios y absolutistas, inmerecidos y reprobables que han detonado un triple crisis:social, política y económica.

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