El salario como disputa política

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Ruben MartinPasaron tres décadas para que la clase política mexicana (casi toda) se diera cuenta de que el salario de los trabajadores mexicanos perdía poder adquisitivo vertiginosamente. Con el salario mínimo actual, apenas se puede comprar 21 por ciento de todo lo que se compraba con el sueldo oficial de 1987: 79 por ciento es el tamaño de la caída de los ingresos de los trabajadores.

El sueldo de los mexicanos no se vino abajo por causas naturales, porque sean flojos o por mala suerte: fue una decisión central de la política económica neoliberal de privatización, desregulación de la economía, firma de acuerdos comerciales con 46 naciones, flexibilización de las leyes laborales y control de la fuerza de trabajo que tuvo como intención deliberada bajar el costo de la mano de obra para atraer inversión privada, extranjera y nacional, y dar rienda suelta a otro periodo de acumulación de capital centrado en el aumento de la explotación, así como en la apuesta por políticas extractivistas de recursos para la acumulación de capital por despojo.

Esta política económica tenía en la mira el deterioro deliberado del salario mínimo, de modo que el que el salario de un trabajador mexicano apenas le alcance para 20 centavos de un peso de hace 29 años no es un asunto fortuito: fue el resultado planeado de una política de deterioro del ingreso de los trabajadores para favorecer los procesos de acumulación de capital.

Centralmente, esa política fue promovida y asumida como política de Estado en los gobiernos priistas de Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Enrique Peña Nieto, y en medio, de los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón.

La primera fase de reorganización del capitalismo mexicano, orientado a la atracción de inversión privada y hacia el mercado externo, fue un acuerdo sellado entre priistas y panistas.

En tanto, las dirigencias del PRD mencionaban el tema del aumento salarial sin que fuera un aspecto central de su plataforma política: estaban más entretenidos en obtener prebendas del sistema electoral (más financiamiento a partidos, más acceso a medios, más reparto del pastel…) que en mirar en serio el deterioro del ingreso de la clase asalariada mexicana.

Mancera

Miguel Ángel Mancera.

Y ahora resulta que casi todas las fuerzas están preocupadas por el mísero salario mínimo que se paga en México. El tema del aumento lo tomaron como bandera política el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, acompañado del Partido de la Revolución Democrática (PRD); lo planteó de modo cínico e hipócrita el Partido Acción Nacional (PAN) en el referéndum nacional en la elección intermedia federal de 2015, cuando sus dos gobiernos federales no hicieron absolutamente nada para mejorar el ingreso de los trabajadores. Y ahora se suma a esta demanda el partido Movimiento Ciudadano, quienes promovieron un acuerdo entre Mancera y el presidente de Guadalajara, Enrique Alfaro, para buscar el aumento del salario mínimo.

Como suele ocurrir con la clase política, es una intención instrumental: plantean el tema del salario porque saben que puede ser redituable en términos electorales. A lo mejor sí están preocupados por la suerte de los trabajadores mexicanos, a lo mejor no. Lo cierto es que la demanda por aumento salarial que vienen exigiendo desde hace 25 años distintos sindicatos y contingentes de trabajadores mexicanos, apenas se pone en el centro de la atención de los políticos profesionales.

Dado su afán de conseguir votos, es probable que en los próximos años el salario mínimo aumente un poco más de la inflación, como ha sido en las dos últimas décadas, pero será totalmente insuficiente para alcanzar lo que se tenía antes de las políticas neoliberales. Se trata en realidad de migajas ofrecidas a cambio de que algunos candidatos o partidos recojan votos.

La suerte de los obreros mexicanos y la vida digna que se merecen, no pasa por el cálculo electoral de algunos partidos y candidatos. Depende de su propia suerte. Nadie los emancipará por ellos, menos unos políticos en campaña.

 

@rmartinmar

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