El éxito de Donald Trump

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Bruno Lopez-02-02¿Está loco Donald Trump, precandidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos?
¿Odia realmente a los mexicanos? ¿Son disparates las tácticas que utiliza en su campaña sólo para llamar la atención? ¿Por qué es tan exitoso Donald Trump? ¿Qué es lo que necesitamos saber para entenderlo?

Las interrogantes son muchas, y no somos pocos los mexicanos que nos hacemos esas preguntas una y otra vez. ¿Cómo es posible que un precandidato a la Presidencia de Estados Unidos recurra sistemáticamente a los exabruptos como estrategia electoral, justamente en el país donde nace y se estudia como ciencia la Comunicación Política?

Hay que empezar por decir que es el precandidato a quien se le ven más ganas de ganar. Para él no se trata de competir; se trata de ganar. Y todo lo que hace tiene un sentido muy particular: lo que Donald Trump dice ante los micrófonos es lo que piensan muchísimos estadounidenses, lo encuentran “políticamente correcto”, se identifican con su estrategia y lo ven como su vocero en temas que ellos mismos no se atreverían a promulgar públicamente.

Varios analistas políticos estadounidenses han escrito sendos artículos para tratar de descifrar el éxito de Trump, y gran parte de ellos han seguido la ruta argumentista de que se trata de un show man, de un hombre cuyo estridentismo electoral es su pase directo a las primeras páginas de los periódicos y a los horarios estelares de radio y televisión.

Pero otros estudiosos arrojan luces para entender a cabalidad este fenómeno: George Lakoff (Berkeley 1941), investigador norteamericano de lingüística cognitiva, publicó recientemente un artículo, Why Trump? en The Huffington Post, donde analiza la estrategia del precandidato que gana con mucha facilidad las elecciones primarias a pesar de que muchos republicanos no lo ven como uno de los suyos.

El investigador sostiene que los estadounidenses se inclinan por entender metafóricamente a la nación en términos familiares. Y que republicanos y demócratas, conservadores y liberales, cuya perspectiva divide al país, tienen como punto de confluencia esa visión moral de lo familiar: los progresistas son padres protectores, los conservadores son padres estrictos.

En el seno de la familia estricta, el padre es enérgico con su hijo, sabe lo que le conviene y trata de llevarlo por el camino del éxito. Si el hijo no obedece o no triunfa, puede ser considerado como un flojo o sin disciplina, así que si es pobre económicamente es por su culpa. Nada más por eso. Se trata de que cada quien se haga responsable de sí mismo. Ahí es donde Trump está estacionado: así es la filosofía que llevó hasta niveles insultantes en The apprentice, de la cadena NBC y que ahora reproduce en las primarias de Estados Unidos.

En general las políticas conservadoras emanan de la mentalidad del padre estricto y de esta jerarquía, apunta Lakoff: los disciplinados (Fuertes) por encima de los indisciplinados (Débiles); los Empleadores por encima de los Empleados; los Blancos por encima de los No Blancos; los Heterosexuales por encima de los Homosexuales.

Al existir la figura del padre estricto en la política conservadora, se espera que los hijos, o quien esté abajo en la jerarquía, reciba órdenes y aplique esta filosofía. Y en ese sentido se promueven acciones concretas para enfrentar cualquier tipo de situaciones. Por eso, Trump ofrece políticas públicas o actúa siempre bajo el esquema de lo que han llamado causalidad directa, no sistémica.

Es decir, ante un problema responde de manera directa con una solución particular, sin ponerse a analizar todo el sistema o los factores que inciden en ese problema.

Si los inmigrantes entran por México, hay que construir un muro en la frontera. Si hay un vecino latoso, hay que comprarse un arma. Si hay competencia de productos extranjeros, hay que crecer los aranceles. El hombre exitoso tiene que hacer lo que considere conveniente para mantenerse exitoso; o quien se considera superior a otros, aunque sea pobre o de clase media, apoya las políticas que considera convenientes para seguir sintiéndose superior; y en Estados Unidos hay al menos decenas de millones de conservadores que piensan como Trump.

Toda esa gente conservadora ha encontrado en Donald Trump a un líder que habla por ellos. Que grita, que defiende sus intereses, que va de acuerdo con lo que ellos consideran políticamente correcto. Todos quieren ser buenos y obedecer a papá, porque él sí sabe lo que les conviene. Papá saldrá a vociferar contra los mexicanos, porque, si lo hago yo, me verán mal en la escuela…

Si se le apoya, se le ayuda. Si se le critica o se le niega, ¡se le ayuda! Así que: Trump como la espuma…

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