La derrota de la clase obrera

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Ruben MartinPor mero ritual, miles de mexicanos salieron a manifestarse este 1º de mayo en el Día Internacional de los Trabajadores, la fecha emblemática de la clase obrera mundial.  El 1º de mayo, como se sabe, conmemora la revuelta de la clase obrera de Chicago iniciada como un movimiento por la demanda de jornada de trabajo de ocho horas, libertad sindical y aumento salarial. La revuelta se saldó con una feroz represión, la detención de 31 trabajadores de los cuales seis fueron juzgados en 1887: uno de ellos Louis Lingg de 22 años se ahorcó en prisión; cuatro más fueron ahorcados luego de imputárseles cargo que no cometieron: George Engel, Albert Parsons, Adolph Fischer, y August Spies. A tres más se les conmutó la pena de ahorcamiento por prisión y obtuvieron el perdón en 1893: Michael Schwab, Oscar Neebe y Samuel Fielden.

La dimensión de la revuelta obrera de Chicago, y el tamaño de la represión y la saña con los detenidos, convirtió al 1º de mayo en el Día Internacional de los Trabajadores y al paso de los años logró que las exigencias de los obreros se cumplieran: al paso de dos a tres décadas la jornada de ocho horas se había impuesto como límite de trabajo en la mayor parte del mundo.

EL 1º DE MAYO SE CELEBRÓ POR PRIMERA VEZ EN MÉXICO EN 1913 POR LA CASA DEL OBRERO MUNDIAL

En Jalisco la primera celebración del día internacional del trabajador ocurrió en 1917, justo cuando las principales exigencias planteadas en la Revolución Mexicana se convertían en legislación en la Constitución del país.

Desde esa fecha hasta unos 30 años después, la clase trabajadora en México fue ampliando sus luchas y conquistas. Logró el respeto a su organización y sindicalización, conquistó contratos colectivos de trabajo y sus luchas produjeron el régimen de seguridad social que todavía existe en el país; conquistaron además el derecho a formas amplias de organización, como fueron los sindicatos nacionales de industria o las confederaciones de trabajadores.

El ascenso de las luchas obreras se tradujo en mejoras constantes y significativas para los mexicanos que vivían de vender su fuerza de trabajo. No sólo se limitó a ocho horas la jornada de trabajo, y se conquistó el derecho a la organización. Se logró indemnización por accidentes o enfermedades de trabajo, pago doble o triple en días de descanso trabajados, el régimen de pensiones y jubilaciones e incluso se conquistaron aportaciones para el esparcimiento y la educación de los trabajadores y sus familias. La clase obrera no sólo producía una buena parte de la riqueza nacional, al mismo tiempo producía la mayoría de los componentes de lo conocemos como Estado de bienestar.

Los productos del Estado de bienestar de México, como en el resto del mundo, no son concesiones de los patrones o del gobierno, sino producto de luchas de un contingente específico de la clase obrera que al tiempo se va diseminando al resto de los trabajadores.

Las luchas y la organización de la clase obrera mexicana fue creciendo a tal punto que se convirtieron en una fuerza decisiva para el rumbo de la política nacional. Ese punto fue la década de 1940.

En esa década la clase política mexicana se dio cuenta de la fuerza que las organizaciones de la clase obrera iban conquistando, y se alarmaron. Era una fuerza política que disputaba la hegemonía de otros sectores subordinados y empujaba las políticas económicas en un sentido distinto al que pretendía el Estado y la burguesía. Algo tenían qué hacer los gobiernos posrevolucionarios y los empresarios mexicanos, y lo hicieron.

Su estrategia consistió en una mezcla de cooptación y represión. A muchos dirigentes obreros los cooptaron con prebendas y puestos públicos; a los dirigentes y colectivos sindicales que no aceptaban corromperse, se les reprimía.

Probablemente la bifurcación entre un sindicalismo independiente y un sindicalismo controlado por el Estado y los patrones ocurrió entre 1948 y 1950. En esos años se reprimió a los sindicatos de ferrocarrileros, petroleros, mineros y de maestros, cuatro de los grandes sindicatos nacionales.

el charro charrismo

Jesús Diaz de León.

Uno de los golpes decisivos que definió el futuro del sindicalismo ocurrió en octubre de 1948 cuando en un supuesto conflicto interno en el sindicato de ferrocarrileros, el gobierno del presidente Miguel Alemán Valdez mandó al ejército y a los policías para detener a dirigentes ferrocarrileros independientes e impuso a Jesús Díaz de León, apodado El Charro. De esa acción nació la denominación charro o charrismo para referirse a los supuestos dirigentes o prácticas sindicales supeditadas al Estado y los patrones. La misma estrategia se aplicó a los petroleros en 1949 y a los mineros en 1950. Con la cooptación de la la Confederación de Trabajadores de México (CTM) años antes y reprimidos los sindicatos independientes entre 1948 y 1959 se configuró el sistema de control, disciplinamiento y represión del Estado capitalista mexicano hacia la clase obrera. Las batallas de hace 70 años definieron el futuro de la clase obrera. Algunas coyunturas posteriores, como la insurgencia obrera de 1970, pusieron en riesgo ese control, pero al final el Estado impuso su doble estrategia de cooptación y represión, que sigue siendo efectiva.

En resumen, los esfuerzos y afanes de la clase obrera por actuar de modo independiente y autónomo fueron derrotados por el Estado. Hoy por hoy, la mayoría de las organizaciones de los trabajadores mexicanos están bajo el control charro o de sindicatos que no practican una democracia de base y horizontal.

Ahora, el obrero mexicano es el que más trabaja y el que menos salarios gana en los países de la OCDE, y la proporción de la riqueza nacional para los obreros mexicanos se ha reducido 50 por ciento desde 1982; al mismo tiempo, la riqueza que llega a los capitalistas mexicanos ha crecido en mayor proporción. El periodo neoliberal acentuó la derrota de los trabajadores mexicanos.

La clase obrera mexicana podrá revertir su derrota cuando la mayoría de los trabajadores tenga una organización con democracia de base, sin dirigentes eternos (sean charros o “independientes”) y sean los propios trabajadores los creadores de su emancipación. Por ahora, estamos ante una clase obrera derrotada.

 

@rmartinmar

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