Bienvenidos al desgaste de gobernar

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Los gobiernos de MC no estaban preparados para la crítica. En la imagen: Pablo Lemus, Enrique Alfaro, María Elena Limón y Alberto Uribe.

Los gobiernos de MC no estaban preparados para la crítica. En la imagen: Pablo Lemus, Enrique Alfaro, María Elena Limón y Alberto Uribe.

ALFARO HA DESCUIDADO TLAJOMULCO Y EL CONGRESO, ES DECIR, A URIBE Y A ISMAEL DEL TORO

Un reportero fue cambiado de “fuente” por los directivos de su diario. Sus preguntas molestaban al presidente municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro Ramírez, cuyos colaboradores aseguran que ellos no pidieron la salida, que simplemente llamaron para inconformarse por lo que creían una persecución. Fue ese hecho, de alguna manera, el que marcó la bienvenida al desgaste que se vive en el gobierno.

Durante los tres años previos a su contundente triunfo en Guadalajara, Enrique Alfaro y sus colaboradores se prepararon para la elección, para el gobierno y hasta para su relación con el gobierno priista. Pero no para las críticas, la revisión a su gobierno y los cuestionamientos de los medios de comunicación.

La irritabilidad del alcalde de Guadalajara se dio en el contexto del conflicto por el retiro de los comerciantes ambulantes del centro de Guadalajara. Como parte del proyecto de recuperación turística del primer cuadro de la capital, se puso en marcha un programa contundente. Vinieron los aplausos, especialmente de los empresarios, pero también el desgaste con quienes tienen el control, en particular algunos líderes ligados a organizaciones priistas.

Pero ese proyecto tuvo otro ingrediente: el retiro de comerciantes también incluyó a quienes tenían la venta de productos en el centro como única opción para vivir y llevar el pan a su casa.

No hubo trabajo de campo de los funcionarios municipales, que se limitaron a pararse en las ventanas de Palacio municipal para apreciar el centro limpio y felicitarse a sí mismos.

Los cuestionamientos por estos casos y los señalamientos de algunos líderes, generaron un ambiente de tensión en torno al gobierno municipal.

Luego vinieron otros momentos de tensión. El regreso de los comerciantes a un Mercado Corona, entregado por el gobierno del priista Ramiro Hernández con una larga lista de defectos; las compras adjudicadas de manera directa que arrojaron sospechas sobre la Comisión de Adquisiciones, lo que requirió la intervención de Alfaro Ramírez para echarlas abajo; la reactivación del contrato para el cambio de luminarias, el arrendamiento de patrullas, entre otros temas.

Enrique Alfaro siempre ha mostrado firmeza en su vida política y, en estos casos, no fue la excepción.

Sin embargo, su intolerancia a los cuestionamientos, a las críticas e incluso a las observaciones sobre los detalles que se le escapan, ha quedado en evidencia.

En el primer semestre de su gobierno, sin duda el momento más complejo surgió cuando se dio a conocer la grabación de una conversación entre su jefe de Gabinete, Hugo Luna Vázquez, y uno de los líderes de los comerciantes del mercado Corona. Aunque es cierto que en la conversación no hay indicios de corrupción y el altisonante lenguaje del funcionario puede pasar como anécdota, se deja al descubierto la actitud soberbia de un gobierno y del principal colaborador del alcalde, en particular.

Como quien de verdad cree que descubrió el agua tibia, Hugo Luna asegura en esas grabaciones que tienen todo bajo control y que el temor de distintos sectores permitirá que su proyecto avance sin obstáculos.

Es evidente que el comerciante que dio a conocer la grabación había negociado con el gobierno de Enrique Alfaro para que lo incorporaran al ayuntamiento, aunque luego tuvo diferencias con su jefe inmediato y quedó fuera. Seguramente fue eso lo que le llevó a entregar las grabaciones a los medios de comunicación.

Hasta ahí todo parecía normal. Lo que sorprendió fue lo que vino después. Aunque era evidente que por el papel que juega Hugo Luna en el proyecto de Enrique Alfaro no había ni la más mínima posibilidad de que quedara fuera, los emecistas asumieron el caso con la teoría del complot para desestabilizarlos. No hubo un reconocimiento de errores y todo se redujo a una petición para que el jefe de Gabinete bajara su perfil.

Después de eso, Enrique Alfaro intentó algunos acercamientos con medios de comunicación, pero ya tuvo que hacerlo él directamente. Lo significativo de esto es que sus asesores y encargados del área de comunicación social, han sostenido que pueden caminar sin los medios tradicionales y que la información se puede llevar a los ciudadanos de manera directa, a través de redes sociales y de sus propias plataformas.

Pero estos primeros seis meses también han representado desgaste al interior del equipo cercano a Enrique Alfaro. En particular, al atender los problemas de los municipios y sus alianzas con ex panistas, el presidente municipal descuidó dos frentes importantes: la alcaldía de Tlajomulco de Zúñiga y el Congreso del Estado; con ello, también la relación con dos de sus colaboradores más cercanos, el alcalde Alberto Uribe Camacho y el coordinador de los legisladores locales, Ismael del Toro Castro.

Para algunos analistas, han sido algunos funcionarios de Guadalajara quienes han propiciado el distanciamiento con Uribe Camacho, quien podría tener aspiraciones para cambiar de alcaldía, del bastión de Movimiento Ciudadano a la capital del estado, lo que le enfrentaría con otros personajes, en especial con Hugo Luna.

Lo que en realidad parece hay de fondo, son maneras distintas de hacer política. Mientras Uribe Camacho y Del Toro Castro han apostado por la comunicación directa con los medios y con los otros partidos políticos, los colaboradores cercanos de Alfaro mantienen su postura de ser ellos los únicos buenos.

Los gobiernos emecistas apenas empiezan, pero en sus primeros seis meses, ya recibieron la bienvenida al desgaste de gobernar.

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