Política de bolsillo

984
0
Compartir

Bruno Lopez-02Es para llevarla a todos lados, en el bolsillo. Es un compendio de nuevas perspectivas, una nueva lista de marcos de referencia. No hay que salir de casa sin ella: es la que saca al sol a la política subterránea…

La política de bolsillo invita a una nueva mirada. A la constante renovación. A sacudirse las células muertas. La política de bolsillo pone énfasis en los nuevos actores, porque sin duda serán ellos lo que harán una nueva política. Los moradores de las cañerías de la vieja política no la entienden, les aprieta, les incomoda, la subestiman y la rechazan y la atacan porque no la pueden asimilar. Les causa comezón.

La política de bolsillo no se pregunta de donde viene, sino a dónde va. No ofrece las soluciones que considera pertinentes, responde a lo que la gente le pide. No va con su perorata y sus discursos huecos a buscar el voto, sino que escucha y atiende: hoy vivimos lo contrario, tenemos un terrible déficit de atención, reflexión, y acción.

La política de bolsillo apuesta por un nuevo lenguaje, considera el terreno de juego o el campo de batalla. Vislumbra los nuevos paradigmas: la opinión pública ya no es la medida ni la publicada, sino la compartida; sabe que la opinión pública suele ser aún más severa que cualquier sanción administrativa.

Entre sus marcos de referencia invita a armar mapas, porque sin mapas mentales, la política no tiene rumbo, pierde la brújula. Echa mano de lo que llaman Visual thinking: la política piensa como ve y actualmente ve corto, ve poco, ve borroso y así reacciona.

Ya no se trata de resolver con el hígado y las tripas, desde la ambición o el rencor, de acuerdo a intereses personales o grupales, práctica que se consuma hasta el hartazgo en los nuevos liderazgos locales:  ahora predomina la pereza arrogante del político que menosprecia la inteligencia de las multitudes. (Apuntes para una columna).

II

Con la envidia, debemos ejercitar la paciencia.  La envidia es la desazón que sentimos en nuestro interior al codiciar  los bienes del otro. Nos morimos por tener lo que tiene, por ser quien  es o por ganar lo que gana. Actúa como una fuerza irracional que empuja  hacia la violencia, el odio, el deseo del mal para el otro, las ganas de  que sufra lo que uno está sufriendo por el hecho de no tener lo que el  otro tiene. La paciencia es una buena herramienta para protegerse de los  celos de los demás. Los celos son una forma particular de envidia en la  que el objeto es el afecto de un tercero, el reconocimiento social o el  prestigio profesional. Los celos han sido siempre una fuente inagotable de ataques violentos. Hay que saber resguardarse de los celos. Lo mejor  de todo es no generarlos, intentar pasar desapercibido: pero si aún así  los despertamos, hay que soportarlos con paciencia. Es necesario  practicar la paciencia ante la frustración, ese sentimiento que embarga a  aquellos que consideran que no alcanzan lo que merecen por culpa de una  serie de factores, circunstancias de la vida, situación profesional o  lo que sea. La persona frustrada siente un desasosiego en su interior  que es difícil de describir y entender incluso para su propia persona.  No encuentra paz en sí misma y con su situación conflictiva violenta a  los demás. Es la persona que rompe la baraja porque no gana, que  menosprecia lo que no conoce, que se irrita ante quien percibe como un  triunfador. Hay que tener paciencia con la frustración propia, pero  también con la de los demás. Es necesario entender la amargura que  desprende una persona frustrada y no caer en el juego de la provocación.  Por último , la paciencia es un poderoso instrumento contra una de las  emociones más ponzoñosas que puede experimentar el ser humano: el  resentimiento. El resentido ha sufrido una herida que no sabe cómo sanar  y su dolor lo ofusca y hace que quiera herir a los demás. A veces lo  hará físicamente, pero en otras ocasiones lo hará más sutil y tejerá una  complicada telaraña destinada a atrapar y destruir personas, objetos o  sentimientos. Hay que ejercer la paciencia con el resentimiento propio,  dominándolo para que no se filtre en nuestro ser; pero también hay que  tener paciencia con el resentimiento de los demás. En el fondo, el  resentimiento de los demás, más que enojo o despecho,  genera pena; ver  lo que sufre el otro para liberarse de esta pasión tan negativa causa  lástima. (Breve resumen de La paciencia, de Francesc Torralba). 

III

(a) La comunicación de un gobierno no puede cambiar, por sí sola, la realidad de un país; es parte de ella. (b) Más que un sesgo político, el sesgo de los medios de comunicación proviene de su naturaleza de ser un negocio en competencia por atraer la atención del público. (c) Los medios de comunicación han desplazado en gran parte las funciones que, en su momento, tuvieron los partidos políticos (Lansky). (d) El éxito o fracaso de un Presidente está más en su función de sus habilidades y dedicación a los medios, que en su capacidad misma para gobernar. (e) El público se ha convertido en el tercer partido político (Steinberg). (f) Una persona que sabe lo que los medios piensan o necesitan es un enorme aporte para el desarrollo de cualquier política de estado. (Algunas líneas del ensayo La comunicación política en la era del entretenimento, de  mi maestro Roberto Izurieta).

EtiquetaBruno
Compartir

Dejar un comentario

WordPress Image Lightbox