Spotlight y el periodismo local

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Bruno Lopez-02-02– ¿Qué le hiciste a tu director?, me dijo un político cuando lo alcancé en el estacionamiento de un diario local.

Pongámosle nombre para que se lea mejor: ¿Qué le hiciste a tu director?, me dijo Alberto Maldonado, entonces diputado local, cuando salía de un periódico local en el que trabajé hace tiempo como reportero.

Ese día publiqué una nota en la que afirmaba que el líder político del priismo en Tlaquepaque, Alfredo ‘El Güero’ Barba, había corrido de ese municipio a Maldonado, para que se fuera a hacer proselitismo a otro lado.

Supe del incidente, lo consulté con varias fuentes y en efecto, Maldonado no tenía permiso de ‘El Güero’ Barba para trabajar ningún tipo de aspiración política en su municipio. Tlaquepaque es de los Barba, todos lo sabemos, pero correr de su municipio a un priista o quitarle su derecho a hacer proselitismo donde le dé la gana era noticia.

¿Te quejaste de mi nota? La amarré por todos lados, le dije a Maldonado.

– No. Es cierto todo lo que escribiste, contestó. Pero tu director empezó a hacerme preguntas muy extrañas sobre ti. Que si miraba intereses tuyos en la nota, me dijo.

Recuerdo la anécdota mientras veo la película de Spotlight (2015), donde un equipo de investigación del diario Boston Globe descubre una red de sacerdotes pederastas en Massachusetts: gran equipo de trabajo, muy bonitos personajes, pero no deja de parecerme otro producto hollywoodense. Hablo desde la experiencia personal…

II

-Préstame tu grabadora, le dije a un reportero de un diario local porque la mía se había descompuesto.

El reportero, quien sigue trabajando en el mismo periódico después de muchos años, frunció su ceño, meneó y agachó la cabeza. Yo no entendí su gesto. Le insistí…

-Préstame tu grabadora unos 10 minutos para hacer una entrevista muy importante aquí en la esquina, le rogué. De verdad necesito tener grabada la declaración, pero te regreso el aparato en 10 minutos, le dije sorprendido porque seguía con su cara adusta.

Increíblemente, el reportero no me la prestó. Escribía en el mismo diario que yo, trabajaba en la misma redacción que yo, entrábamos juntos a las mismas reuniones editoriales, pero el reportero no pudo vencer ese sentimiento que traía atorado y decidió no apoyarme.

Al final, una reportera de otro medio que estaba junto a él, me ofreció la suya, y pude grabar mi entrevista…

III

Un editor me llama por teléfono.

– Lánzate a la Cruz Verde, me dijo entusiasmado. Nos reportan que están operando a la mamá del Alcalde, Emilio González, y que cerraron todas las instalaciones sólo para atenderla.

Rápidamente nos trasladamos al lugar un fotógrafo y quien esto escribe. Después de investigar personalmente el reporte, le llamo al editor.

– Efectivamente operaron a la mamá del Alcalde, pero no cerraron ninguna sala y siguen ofreciendo servicio a todas las personas.

– Tómale una foto a la señora, me exigió el editor.

– Pero es una señora mayor y está convaleciente, le contesté. Además no se necesita foto de un asunto particular. En todo caso se puede hacer mención en una columna que la señora fue operada y ya, le expliqué.

– Tómale la foto, me insistió el editor con el que ya había tenido varias diferencias porque mientras yo le llevaba entrevistas con candidatos a la Presidencia, él insistía en subirme a los camiones a hacer sondeos sobre el transporte público. “También tienes que ponerte el overol”, me decía sin poder controlar ese sentimiento que traía atorado.

– Que la tome el fotógrafo que para eso vino, le dije. En esa situación, me sentí obligado a hablar con la hermana de Emilio y le expliqué la situación y le pedí permiso para que el fotógrafo hiciera un disparo general.

La foto se publicó, pero yo tuve que hacerle un pie de foto, así que la nota se me adjudicó.

Cambio de escena. Ahora está Emilio, encabronadísimo, echando pestes contra mí mientras manotea en su escritorio de la Presidencia Municipal.

¡Nunca le voy a dar una entrevista a ese tipo!, le decía a un reportero del mismo diario local donde yo trabajaba.

El reportero, en vez de defender el trabajo de su compañero de periódico, le contestó…

– Se han quejado mucho de él. De hecho don Héctor Pérez Plazola llamó al periódico para decir que recibía dinero del Yunque…

Me enteré de la conversación porque en esa entrevista también estaba un fotógrafo del periódico, quien se sintió obligado de ponerme al tanto. Era el mismo que había tomado la foto general de la mamá de Emilio.

IV

Un día antes de terminar su gestión, el ex Alcalde de Tlajomulco, Guillermo Sánchez Magaña, entregó unos 50 permisos para restaurantes, expendios de bebidas alcohólicas y estacionamientos y otros establecimientos a parientes y amigos, pero sobre todo a la mujer que le había robado el corazón, la secretaria General del Ayuntamiento. Y esos permisos llegaron a la redacción del diario local donde trabajaba.

Por supuesto, no me asignaron el caso. Primero mandaron a un reportero especialista en temas de vialidad, pero en general buen reportero.

El reportero se fue a Tlajomulco pero no halló nada. Dijo que le dio varias vueltas a la cabecera municipal y que había preguntado por todos lados, pero que no había encontrado nada.

Por supuesto, hicieron otro intento, antes de mandarme a mí. Enviaron a una reportera de mediana capacidad, especialista en temas de salud. La reportera fue, le dio la vuelta a la cabecera municipal, y no encontró nada.

Entonces, como ya no tenían opción, tuvieron que mandarme a mí. De mala gana, ahora recuerdo, porque se les hacía que yo ya lucía mucho en ese periódico y se me iba a subir. Preferían que me subiera a los camiones a hacer sondeos sobre el transporte público.

Tomé las copias de los 50 establecimientos y me puse a analizarlas. Había permisos de todos los giros, pero advertí que todos tenían la misma dirección. Me fui a la cabecera municipal, y efectivamente di con ella. La dirección de los 50 establecimientos estaba domiciliada en una sola finca, pequeña, y habitada por personas que no sabían de qué diablos trataban esos papeles.

Ahí estuve más de media hora, mirando los papeles, mirando la finca. Caminé a la esquina, pregunté en la tienda, pregunté a los vecinos. Nada. Nadie sabía de esos comercios.

Antes de irme, parado frente a la finca, me doy media vuelta y… lo descubro todo: ¡no había nada porque apenas los iban a construir!    

¡Ahí estaba un terreno, inmenso, donde iban a construir una plaza con restaurantes y bares y toda clase de comercios a nombre de amigos, familiares y parientes del ex Presidente Municipal!

Ah, ¡qué felicidad tener la nota de ocho columnas durante una semana en ese diario local! Hasta me di el lujo de sacarle a Sánchez Magaña una bonita declaración que aún recuerdo con emoción: “Lo hice por amor”, me dijo suspirando por su secretaria general.

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