Kate del Castillo narra su encuentro con El Chapo

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Kate del Castillo narra su encuentro con El Chapo.

Kate del Castillo narra su encuentro con El Chapo.

PARA LA ACTRIZ, EMPEZÓ LA VERDADERA PESADILLA CON LA PERSECUCIÓN DEL GOBIERNO Y LA “MANIPULACIÓN” DE SUS MENSAJES CON EL NARCOTRAFICANTE

No fue a través de la justicia mexicana como ordinariamente debería haber sido, sino a través de una publicación en conocida revista de circulación nacional, cuyo tiraje tuvo que ser aumentado debido a la consecuente demanda que en su edición física se proyectó, que la actriz Kate del Castillo narra cual si se tratara de una telenovela o el guión de un libro, sus encuentros con quien ha sido considerado el capo más buscado del mundo, Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, alias El Chapo. El texto destila destellos de ingenuidad y hasta de aparente romance y privilegia la explicación de los supuestos negocios que detonarían una especie de sociedad entre la actriz, el capo y otros personajes, relación que estaría avanzado sobre el filo de la navaja, pues la distancia entre lo licito y lo ilícito pendía de un delgado hilo, situación que implícitamente todos sabían aunque nadie lo abordara de manera concreta.

Así pues, en lo que se ha considerado la verdad unilateral de la actriz, esta señala haber sentido palpitaciones, palidecer y sudar, cada que recibía un mensaje de texto de parte de los abogados del capo, o de él mismo; luego por el proyecto de rodar una película juntos, finalmente por cruzar la mirada, su mirada, con el mayor narcotraficante del mundo. El relato de la actriz, insisto, no es más que una almibarada sucesión de recuerdos, sensaciones y efusiones líricas que obvian, al igual que hizo su camarada, socio o cómplice, según se quiera ver,  Sean Penn, el lado oscuro del capo, eludiendo todo aquello que tuviera relación con los asesinatos en masa, la tortura de policías y sicarios, la aberración criminal en el que se hundió Ciudad Juárez y gran parte de México por la codicia de Joaquín Guzmán Loera.

Largamente esperado, el texto de la actriz que alcanzó la fama por su interpretación protagónica en la serie La Reina del Sur, es una decepción para los buscadores de novedades judiciales. En su afán por disipar las sospechas de complicidad, hace un recuento cuidadoso y hasta melancólico de sus arrebolados mensajes con el narcotraficante ­–al mismo que le llegó a decir “te cuidaré más que a mis ojos”–, e intenta reducir todo el entuerto a una relación profesional en la que no hubo contraprestación. “Mi intención fue siempre hacer una película. Nunca he recibido dinero del señor Guzmán ni para la realización del proyecto, ni para la empresa tequilera Honor del Castillo. Es por esto que mi declaración se realizará cuando mis defensores determinen que existen garantías legales para ir a rendirla a México”, escribió.

Enrocada en estos argumentos, Del Castillo delinea lo que pareciera ser su historia secreta, pero una historia que de nada le sirve a la justicia, aunque si es gran materia prima para las revistas y los guiones de producciones fílmicas, es decir, entrelineas se deja ver que el proyecto de realizar una película donde ella fuera parte del elenco no ha quedado de todo en el olvido, el gran cambio es que ahora sería la protagonista indiscutible, en tanto que ya no habría que preocuparse por los costos ni por la publicidad, pues para realizarla ya habrá filas de inversionistas y para promoverla solo bastaría anunciar que ya se inicia para que todos los medios repliquen la nota sin que a la producción le cueste un peso.

El Chapo y Sean Penn

El Chapo y Sean Penn

El relato de Kate Del Castillo que la envolvió con el narcotraficante más buscado del mundo tiene su origen en la inspiradora revelación que la actriz tuviera en 2012 tras vacacionar en un crucero familiar que la sumió en profundas reflexiones: “¿Qué puedo hacer para ayudar? ¿Dónde hemos fallado como mexicanos? Lo más fácil es echar la culpa a los gobernantes, pero el cambio también empieza por uno mismo”. Fruto de estos pensamientos, lanzó una serie de tuits que se resumieron para la posteridad en estas frases: “Señor Chapo, ¿no estaría padre que empezara a traficar con el bien? Anímese Don, sería usted el héroe de héroes, trafiquemos con amor, usted sabe cómo”.

El mensaje desató una oleada de críticas. Su tono condescendiente, incluso servil ante el criminal, fue considerado una traición en un país inmerso en la vorágine de la lucha contra el narco. Pero la actriz, como recalca en su texto, se mantuvo firme: “¿Por qué disculparme? ¿Qué pasa con la libertad de expresión? Sería autocensurarme. Algo me decía que me tenía que mantener fuerte y leal a mi pensar”.

Tres años después, con El Chapo ya encarcelado, llegó la hora de la cosecha. A través de su madre, los abogados del líder del cártel de Sinaloa, se pusieron en contacto con ella por mail. “Mi corazón se paró por unos segundos antes de empezar a batir a una velocidad increíble. Creo que de hecho tuve un mini-infarto. Empecé a sudar, palidecí, mis manos temblaban”. Aquel correo devino en una reunión en Toluca, donde una agitadísima Kate del Castillo se encontró con los emisarios de Guzmán Loera. Educados, sencillos, incluso lo suficientemente galantes como para acercarle la silla. Así los describe la actriz, que asegura haber descubierto en esa reunión la admiración que le profesaba el narcotraficante: “El señor Guzmán rehusó darle los derechos a todos… excepto a mí. ¡¿A mí?! Darme los derechos de su vida… ¡¿A mí?! ¿Por qué yo?, les pregunté. ‘Porque la admira, la respeta y confía en usted plenamente. Le tiene respeto porque usted habla la verdad, no se anda con poses, por ese tuit donde a él lo menciona, porque es valiente y porque quiere que actúe en su película, ya que le gustó mucho su trabajo en La Reina del Sur”.

Garganta seca, incredulidad, éxtasis y luego una aceptación absoluta. El trato quedó cerrado en un restaurante de Toluca. Y ni siquiera la fuga de El Chapo, en julio de 2015, lo tumbaría. Huida, que la actriz describe como una “invasión de electricidad en las manos y los pies”, no hizo mella en los deseos de El Chapo. “El señor Guzmán quería que yo siguiera adelante con el proyecto”, cuenta la actriz. Dicho y hecho. Del Castillo contactó con Sean Penn –“un filántropo, un activista, un ser humano de mirada limpia y transparente”, en palabras de ella–, añadió dos productores de su confianza y cerró con los abogados del prófugo un encuentro en la clandestinidad. Todo recaía sobre ella. “Tenía en mis hombros un peso gigante. Estaríamos visitando al prófugo número uno, gracias a la confianza que depositó en mí. ¡¡¡Qué presión tan cabrona!!!”.(Sic)

Para el encuentro en el corazón de la Sierra Madre, Del Castillo se llevó un kit con una de sus películas (La misma luna), otra de Sean Penn (21 gramos), tequila, un libro de ella (Tuya) y otro de poemas de Jaime Sabines. Luego vino el viaje, ya relatado por Penn, y la anhelada reunión. “Cuando finalmente le vi el rostro no lo podía creer, en verdad era él. Ya era de noche. De ahí en adelante no pude quitar mi mirada del hombre que se había escapado por segunda vez de un penal de máxima seguridad”.

La descripción del encuentro es parca. La actriz termina rápidamente el capítulo de la cena y de la conversación, y sólo se detiene en el momento en que El Chapo la acompañó a dormir.

“Caminamos por un pasillo, él me tomó del brazo. El corazón me latía a una velocidad que no sabía que era posible. En ese corredor, mientras me llevaba del brazo de Joaquín Guzmán Loera, no sé dónde me salió valor para hablar: ‘Amigo, no se te olvide lo que te pedí en mi tuit, tú puedes hacer el bien, eres un hombre poderoso’. Él me veía con esa mirada penetrante que me atravesaba el cráneo. […] Tal vez mi voz estaba firme, pero todo dentro de mí temblaba, me sentía una nada. Su mirada, que no me había quitado de encima, se clavó aún más en la mía. Segundos que parecieron eternos, hasta que me contestó: ‘Amiga, tienes una gran corazón, eso me parece muy bien’. Yo seguía temblando por dentro, su mano en mi brazo me sirvió para no desvanecerme. […] Me abrazó y se fue”.

A la mañana siguiente. Kate del Castillo regresó a Estados Unidos con Sean Penn. Acabado el viaje, para la actriz, según sus propias palabras, empezó la verdadera pesadilla, la pretendida persecución del Gobierno y la “manipulación” de sus mensajes con El Chapo. Ahora, al mismo tiempo que el narcotraficante ha emprendido una intensa campaña mediática para mejorar sus condiciones en prisión, la actriz ha lanzado su ofensiva. Una entrevista en The New Yorker, su relato publicado en la revista Proceso y una pronta aparición en una cadena estadounidense, en algo que no se sabe, si es parte del plan propagandístico pactado entre la actriz y el Chapo, con el fin de inmortalizar a manera de cereza del pastel la historia de un capo que no quiere ser recordado por la sádica voracidad que lo ha llevado a ser responsable directo o indirecto de cientos de miles de muertos, de la más grande crisis de inseguridad en el país y de la mayor y más exitosa y poderosa red de distribución de drogas en el mundo, sino como el señor Guzmán, como la actriz lo recalca casi hasta con veneración.

El ex presidente de Brasil es acusado de corrupción. En la foto: Marisa Letícia, esposa de Luiz Inacio Lula da Silva.

El ex presidente de Brasil es acusado de corrupción. En la foto: Marisa Letícia, esposa de Luiz Inacio Lula da Silva.

Escándalos empeoran crisis del Gobierno brasileño

La Fiscalía de São Paulo ha pedido prisión preventiva para el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. El exmandatario, del Partido de los Trabajadores (PT), fue denunciado por lavado de dinero y ocultación de patrimonio. Ahora, los fiscales aseguran que existe riesgo de fuga y de que obstaculice las investigaciones. La petición de cárcel para Lula, es contundente, argumenta que una fuga sería “extremadamente simple” y sostiene que, al aislarlo, garantizarían “el orden público, la instrucción del proceso y la aplicación de la ley”. Los fiscales expresan su temor de que el expresidente movilice a su “red violenta de apoyo” para obstaculizar el proceso en su contra y que amenace a víctimas y testigos. La acusación también ataca a la presidenta de la República porque pretende “blindar al denunciado, erigiéndolo en un ciudadano por encima de la ley”.

Desde días, en Brasilia llueven los rumores sobre la posibilidad de que Rousseff le ofreciese a su padrino político un puesto en el Gobierno para dotarlo de inmunidad y mientras este ocupase un puesto gubernamental solo podría ser juzgado por el Supremo Tribunal Federal. Sin embargo, parte de la opinión pública ve la posibilidad de un nombramiento como una especie de confesión de culpabilidad de Lula y como una señal de la pérdida de poder de la presidenta.

El presidente nacional del PT, Rui Falcão, ha calificado la petición de prisión preventiva de “mediática”, pues la denuncia no tiene pruebas. Los defensores de Lula aseguran que el fiscal que anticipó su decisión de denunciar al exmandatario antes de escucharlo dio una prueba de parcialidad al solicitar su detención preventiva. La jueza de la causa debe ahora decidir si acepta o rechaza la solicitud. No hay un plazo establecido para que responda. Si fuera condenado, el expresidente podría tener hasta 13 años de cárcel.  Los fiscales piden, además, prisión preventiva para Léo Pinheiro, expresidente de la constructora OAS (investigada en el caso Petrobras), y para el extesorero del PT João Vaccari Neto, detenido en la operación anticorrupción Lava Jato.

La Fiscalía de São Paulo, la misma que ahora pide cárcel, denunció a mitad de la semana pasada a Lula da Silva por lavado de dinero y ocultación de patrimonio, menos de una semana después de que fuese interrogado en otra investigación paralela por supuesta corrupción en la estatal Petrobras. Según la acusación, Lula y su esposa, Marisa Leticia Lula da Silva, ocultaron la propiedad de un departamento de lujo en Guarujá. La vivienda está al nombre de la constructora OAS, y Lula siempre ha negado que fuese suya.

La gran investigación del caso Petrobras (Operación Lava Jato) también menciona el departamento como prueba de que Lula recibió beneficios ilícitos de constructoras. En el marco de la Lava Jato, la policía registró el viernes pasado la casa del exsindicalista. Tras interrogarlo sobre su supuesto enriquecimiento gracias a desvíos de dinero de Petrobras en los años de su Gobierno, la Fiscalía publicó un durísimo comunicado acusándolo ser “uno de los principales beneficiarios” de la corrupción de la estatal.

Con estos escándalos empeora la crisis del Gobierno brasileño. Rousseff se encuentra cada vez más frágil y aislada, y todavía queda un reto importante por delante: la protesta de este domingo convocada por la oposición a la presidenta.

El presidente nacional del PT, Rui Falcão.

El presidente nacional del PT, Rui Falcão.

En este contexto, la sociedad brasileña no cree mucho en la justicia. Un 10% de los brasileños la eligió como la institución más confiable en la última encuesta de 2015, frente al 53% que eligió a la Iglesia. Pero creen todavía menos en el Gobierno (1.1%) y los partidos políticos (0.1%). Y, a este paso en un futuro no muy lejano quizá no crean en nada, porque la tensión entre el Ejecutivo y las instituciones judiciales no para de crecer, cada día, y a un ritmo imprevisible. La última escalada de tensión ocurrió cuando la fiscalía brasileña lanzó una petición de cárcel preventiva contra Luiz Inácio Lula da Silva, una medida sorprendentemente dura contra un expresidente todavía idolatrado por la izquierda brasileña. El documento de la acusación lo señala a él y a sus simpatizantes por promover la violencia y faltar al respeto a las instituciones, ya que habló en público después de ser llevado a declarar por corrupción la semana pasada, y sostiene que su detención contribuiría a mantener el “orden público”. Expertos jurídicos ven muchos errores en el proceso, creen que la petición no se sostiene, y que además puede perjudicar a la macrooperación anticorrupción Lava Jato, que investiga de forma paralela y mucho más ambiciosa a Lula, entre otros muchos empresarios y políticos.

Para algunos, el expresidente está siendo víctima de una cacería de brujas política, y los jueces se han prestado a ello. En medio de la tormenta, la presidenta Dilma Rousseff y su padrino político, Lula, se enfrentan estos días a los peores momentos de la crisis desde hace un año.

Para hoy, movimientos sociales y políticos de oposición planean una gran manifestación contra el Gobierno en decenas de ciudades de todo el país. Si la convocatoria tiene éxito, aumentará la presión sobre la mandataria del Partido de los Trabajadores (PT), que encara una petición de destitución por supuestas maniobras fiscales y sufre con pocos apoyos en la Cámara de Diputados y una bajísima popularidad entre los brasileños (un 11%, según las últimas encuestas). El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el principal partido que aún apoya a la presidenta, debate este fin de semana en su congreso nacional si romper definitivamente con ella.

Sobre Rousseff pesa no solo su proceso de destitución, sino las últimas acusaciones contra Lula. Hace una semana, en una escena sin precedentes, el expresidente entraba en un coche de la Policía Federal, que antes había registrado su casa de São Paulo. Se lo llevaban a declarar sobre supuestos desvíos de dinero, fruto de la corrupción de la petrolera Petrobras. Días después, otra fiscalía lo denunció, en una investigación paralela, por lavado de dinero y ocultación de patrimonio, y a continuación pidió su prisión preventiva.

En caso de prosperar la idea de los miembros del PT que intentan defender al “héroe del pueblo brasileño” con una medida de emergencia, presionando para que Lula obtenga un puesto en el Gobierno y obtenga inmunidad. Algunos medios brasileños apuntan ya a que Rousseff ha ofrecido nada más y nada menos que el cargo de responsable de la Casa Civil, una especie de puesto de primer ministro, por lo que al tiempo veremos los capítulos que aún le quedan a esta historia que apenas comienza.

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