Rubén Vázquez y el PRI

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Gabriel Torres-09Rubén Vázquez encabeza las voces disidentes al seno del partido en el gobierno. Hoy le reclaman su pasado, de cuando entonces acataba todas las reglas no escritas de su partido, esas mismas que ahora denuncia. Es blanco de muchas malas opiniones y hay, como en todo, quienes están dispuestos a atacarlo para defender una costumbre absurda de fingir que nadie, absolutamente nadie más en Jalisco, quiere ser el presidente del partido en el gobierno. De tal forma que únicamente se registra una fórmula y todo resuelto. A Rubén Vázquez se le podrá cuestionar su pasado, incluso su congruencia del ayer a hoy, pero lo que él dice en voz alta es lo mismo que muchos señalan en corillos, y se concluye en la sobremesa de la clase política.

No obstante, Rubén sostiene su legítima aspiración para encabezar su partido y reclama una convocatoria, que difiero, no está “amañada”. Lo que ocurre -para ser muy claros- es que la forma que usaron, conforme a los estatutos del PRI, responde a una intención política muy específica: que nadie más pueda registrarse, pues los delegados del PRI, en su mayoría, responden únicamente a la nomenclatura del gobierno. Así que aplicaron el embudo para que una fórmula fuera la única que lograra cumplir con las firmas para el registro.

Ahora bien, ¿qué ocurriría si abrieran el proceso a una votación donde los militantes ejercieran su legítimo derecho de elegir a sus dirigentes? Tal vez con un poco más de turbulencia el resultado sería el mismo. El candidato que lleva el visto bueno del jefe máximo del PRI (el que está en el gobierno) sería el que ganaría, muy seguramente. Eso sí, con una legitimidad que no les interesa conseguir. Así que, aún en ese escenario, difícilmente Rubén podría ser presidente de su partido, en este momento. El mérito de Vázquez, en todo caso, está en decir en voz alta lo que muchos priistas en realidad piensan, pero no se atreven a pronunciar públicamente.

Así que, de entrada, el ex magistrado electoral ya ganó una primer batalla, al conseguir colocar en el debate público una verdad del tamaño de la línea tres del tren ligero: que el PRI está abandonado, que es utilizado para los mezquinos propósitos de la “burbuja” que mal aconseja al gobernador, la misma que es responsable del desastre de campañas en el proceso pasado y del erróneo perfil de algunos candidatos, que con escasa militancia recibieron la votación más baja en la historia de este partido. Que el PRI necesita recuperar la relación directa con el gobernador, emanado de sus filas, en un plano que no sea el de absoluta subordinación, sino en ejercicio de una relación respetuosa, crítica y de colaboración.

Pero la más elemental crítica o debate interno desata, incluso, la ira de quienes defienden la costumbre, por absurda que resulte, desde las oficinas del gobierno, hasta con micrófonos, papel y tinta…

Parece que aspirar a que los militantes de ese partido sean escuchados y se les reconozca su derecho a decidir, ofende la decimonónica faceta antidemocrática que insiste en el derecho de imponer al dirigente del PRI. El análisis es mas sencillo de hacer, obvio, cuando sabemos a quién van a imponer. Más cómodo también será dejarse llevar por la inercia acrítica que cierra los ojos al negro pasado del ungido. Defender lo indefendible argumentando costumbres, reglas no escritas y, con ello, pretender legitimar también -que más da- una decisión con el más rancio toque en un partido que parece condenado a su mediocridad ¿Por qué habría de ser diferente? Concluyen los sesudos análisis.

Es muy probable que hoy, bajo cualquier método, Rubén Vázquez no pudiera ganar la presidencia de su partido. Pero ha construido un discurso que pone acento en los que todos sabemos que ocurre dentro del PRI, incluso aquellos que hoy se rasgan las vestiduras por negarlo, e intentan desviar la atención de los temas de fondo. El activo más importante de un político es la credibilidad. Pues a pesar de los esfuerzos para desacreditarlo, porque dice lo que muchos militantes piensan,  Rubén Vázquez tiene un buen capital político que ya preocupa e incomoda a los que sienten el derecho único de pactar, acordar y asegurar impunidad, incluso con quienes les disputan el poder político en el 2018. Esos mismos que caminan anticipando un fracaso electoral, y administrando una derrota, misma que hoy se expresa elocuentemente en la forma y el fondo que animan a la nueva dirigencia del PRI.

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