¿Quién es desleal con los taxistas?

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Sonia Serano-04El enfrentamiento que se dio el pasado 8 de marzo entre taxistas y comerciantes de la Plaza de la Tecnología, en el centro de la ciudad, se quedará como un hecho aislado y anecdótico, que no cambiará la situación en torno al conflicto de fondo, sobre la regulación del transporte público.

Las posturas en torno a cómo se incluirá en la legislación local el sistema de transporte que se presta a través de plataformas tecnológicas están radicalizadas y no parecen existir condiciones para alcanzar consenso. Esto, sin contar que el problema no son Uber, City Drive y otras empresas, sino la anarquía, el desorden y la corrupción en torno al transporte de pasajeros.

¿La competencia desleal para los taxistas la provocan las nuevas empresas? Evidentemente no. El caos total en torno a quienes son los dueños de los permisos y la situación en que laboran la mayoría de los conductores, es lo que hace que sea imposible competir.

El control mayoritario de los permisos de taxis lo tienen menos de veinte personas en el estado, ligadas a las agrupaciones obreras y al sector popular del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Desde un escritorio, los líderes de esos organismos se sientan a verificar la manera en que sus cuentas bancarias crecen, mientras los taxistas se juegan la comida de su familia todos los días.

Los conductores deben pagar por trabajar en el taxi porcentajes que van de 40 a 60 por ciento de lo que ganan en el día. Además, en la mayoría de los casos deben cubrir los gastos de gasolina, mantenimiento, limpieza y reparación de la unidad. Así, se entiende que no puedan competir con otros servicios.

Esas limitaciones también impiden la renovación de vehículos.

A los propietarios de los permisos no les importa que los usuarios suban a una unidad vieja, con mal olor y en malas condiciones, siempre y cuando llegue a su bolsillo la ganancia del día.

Además, está la anarquía que ha provocado que exista un gran número de los llamados taxis piratas. También hay que sumarle la resistencia de los taxistas a usar el taxímetro, tal vez la primera causa por la que un usuario renuncia a utilizar este transporte y opta por la certeza que puede obtener al pedir un Uber o City Drive.

Para algunos legisladores, especialmente del PRI, la intención de regular los nuevos servicios contratados con aplicaciones móviles significa frenarlos para que no hagan ruido en el esquema que actualmente existe y que enriquece a unos cuantos. Pero incluso parece que les gustaría generar condiciones para meterle mano.

Los servicios prestados a través de internet han representado un golpe para el transporte público, es cierto. Pero no es el único sector. Los medios de comunicación lo viven hace años con la información que se puede obtener de manera gratuita y la difusión de datos a través de redes sociales. El reto es cómo prestar servicios que sean indispensables para mantenerse en el mercado. Así tendrían que pensar los taxistas.

La zona metropolitana de Guadalajara es un caos y tener un transporte de mejor calidad y que brinde seguridad es primordial. Sin esa base, no se podrá contar con el marco legal ideal.

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