Fin a la expropiación petrolera

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Ruben MartinComo si la repetición de los rituales garantiza su permanencia en el poder, la clase política mexicana continúa conmemorando fechas significativas para la sociedad mexicana, como el 18 de marzo, el aniversario de la expropiación petrolera, aunque el episodio conmemorado sean todo lo contrario a la ideología y pensamiento del actual grupo gobernante. Con el mayor cinismo, Enrique Peña Nieto, sus secretarios, los dirigentes sindicales corruptos, empresarios y gobernantes de todo el país gastaron dinero en recordar que el pasado 18 de marzo se cumplieron 78 años de la expropiación petrolera. Es una farsa, un ritual que no tiene ya ningún sentido en tiempos de la privatización del petróleo y de todos los recursos energéticos. Peña Nieto y sus ministros son tan estúpidos por creer realmente que la sociedad mexicana se tragará la rueda de molino de la reforma energética.

La conmemoración de la expropiación petrolera ya no tiene ningún sentido. La medida decretada por Lázaro Cárdenas hace 78 años ya no tiene ninguna vigencia. No está de más recordar que la expropiación petrolera no encajaba en los planes originales de Cárdenas y que si esta se efectuó fue debido a una lucha de los trabajadores petroleros en contra de los 28 empresas extranjeras (la mayoría de Estados Unidos y Gran Bretaña) que controlaban la explotación, distribución y comercialización de los recursos petroleros mexicanos. Fue la tenaz lucha de los trabajadores petroleros la que llevó a Cárdenas a nacionalizar el petróleo.

Gracias a esta medida, el capitalismo mexicano se aseguró recursos suficientes y baratos que coadyuvaron a la industrialización del país, y a la realización del llamado Milagro mexicano, con tasas de crecimiento económico históricas que no han vuelto a repetirse.

La nacionalización de la renta petrolera permitió al gobierno mexicano crear la versión subdesarrollada de un Estado de bienestar con aumento de los salarios, la expansión del sistema educativo y de salud. Si se mira, por ejemplo, el aumento del Instituto Mexicano del Seguro Social entre 1950 y 1980 se podrá ver el enorme salto en cobertura de salud que se brindó a la sociedad mexicana. Que las ganancias por la venta del petróleo estuvieran nacionalizadas, y no en manos de corporaciones petroleras privadas, fue clave para explicar las políticas del Estado de bienestar mexicano.

Pero todo nada de eso tiene ya sentido.

LA REFORMA ENERGÉTICA PRIVATIZA LOS RECURSOS ENERGÉTICOS Y VUELVE A LAS POLÍTICAS DE REGULACIÓN DE PETRÓLEO QUE HABÍA EN EL GOBIERNO DE PORFIRIO DÍAZ.

Para los escépticos, los invito a comparar la Ley del Petróleo del 24 de diciembre de 1901 de Porfirio Díaz, con la Ley de Hidrocarburos de Peña Nieto para ver las notables semejanzas. Aún más: la ley de Porfirio Díaz otorgaba “patentes de explotación” por diez años; Peña Nieto entregará el petróleo a corporaciones extranjeras por 35 años.

Petróleos Mexicanos (Pemex) ha sido, históricamente, una de las empresas petroleras más rentables del mundo, la octava petrolera del mundo y la empresa número 47 de todo el planeta. Pemex aportó 40 por ciento de los ingresos fiscales en la primera década de este siglo. En los pasados cinco años aportó 29 por ciento del gasto federal. Entre 40 a 29 pesos que se gastaban en la educación, la salud, los programas sociales, las participaciones a estados y municipios, y los sueldos de la burocracia mexicana, provenían de Pemex.

La petrolera mexicana ha generado ganancias extraordinarias. Ninguna empresa mexicana (privada o pública) ha tenido tantos rendimientos. Y sin embargo está en quiebra. Pemex es la segunda petrolera mundial, después de la China, más endeudada con pasivos por 178 mil millones de dólares. Pero si Pemex está así es por políticas deliberadas de la clase gobernante. La petrolera es obligada a entregar el fisco más impuestos que las ganancias que obtiene. Pemex ha sido expoliada por una triada: la tecnocracia gobernante, la corrupta dirigencia sindical, y contratistas privados abusivos.

De ese modo se le ha llevado deliberadamente a la quiebra, como ocurrió en su momento con Teléfonos de México (Telmex), Ferrocarriles Nacionales y otras empresas nacionales que ofrecían rendimientos al servicio de la hacienda nacional y que deliberadamente se afectaron para justificar su privatización.

En el caso de Pemex, es probable que ya no sea necesaria su privatización. La reforma privatizadora energética de Peña Nieto ofrece condiciones privilegiadas a las corporaciones privadas de tal suerte que no será necesaria la privatización. Con su reforma energética, Peña Nieto ha privatizado los recursos petroleros del país, y con eso ha terminado el ciclo iniciado con la expropiación petrolera. Hasta que el pueblo mexicano diga otra cosa.

 

@rmartinmar

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