Obreras contra el acoso sexual

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Ruben MartinLa industria electrónica en Jalisco se ha convertido en el vagón que tira el tren de la economía estatal, al menos el de las exportaciones. Dicho sector económico es presumido por la clase gobernante (panistas, priistas o emecistas) como ejemplo exitoso de la reconversión industrial y la globalización económica aterrizada en Jalisco.

Los políticos profesionales presumen números y estadísticas, alejados de las consecuencias de carne y hueso: se presume que hay cientos de empresas, especialmente en el corredor industrial de El Salto, que conforman un cluster o nodo de empresas dedicadas a la producción y el diseño de productos electrónicos, que brinda trabajo a más de 100,000 personas y que elabora más de la mitad de los productos que se exportan desde Jalisco. Pomposamente lo llaman el Silicon Valley de Jalisco, como si realmente tuviera semejanza con el Silicon Valley de California.

El ejemplo de la industria electrónica que los gobernantes y los empresarios pretenden presumir como caso exitoso de adaptación de las fuerzas productivas locales al entorno de la globalización, es un fiasco.

Lo es al menos para los trabajadores de planta, de base, los que ganan los salarios más bajos, con prestaciones mínimas o nulas y quienes padecen distintos tipos de dominaciones. Lo que para la clase gobernante y empresarial es un modelo de éxito, para quienes trabajan en ella es un ejemplo de explotación, hostigamiento y acoso.

El ejemplo “exitoso” de reconversión industrial, paga salarios miserables: unos 100 pesos diarios en promedio para ocho horas de trabajo extenuante y dos a tres horas de viaje en transporte empresarial; prestaciones laborales nulas o mínimas por el predominio del outsourcing; sindicatos charros en todas las empresas; y falta de libertades sindicales.

Por si fuera poco los padecimientos y agotamientos corporales que padecen la mayoría de las trabajadoras de esta industria, deben sumar además el acoso sexual cotidiano que la mayoría padece.

La industria electrónica de Jalisco emplea a unos 100 mil trabajadores, de los cuales cerca de 80 por ciento en líneas de producción, son mujeres. Y una buena parte de ellas son, a su vez, jefas de hogar o madres solteras.

Estas decenas de miles de mujeres que sacan solas a sus hijos y hogares trabajan en duras condiciones laborales, con bajos sueldos y sin representaciones sindicales auténticas. Aunado a todo eso, padecen además el constante y cotidiano acoso sexual de sus respectivos jefes: el de línea, el supervisor, los de seguridad, los del transporte, o los ejecutivos de la empresa.

Si echamos mano del lenguaje médico, el acoso sexual que padecen las trabajadoras de la industria electrónica es tan extendida que bien se puede hablar de pandemia (epidemia es un término que se queda corto). Día a día, más de 50 mil trabajadoras de la industria electrónica se acuestan con el estrés y la presión de saber que van a tener otro día de trabajo donde van a ser acosadas por un jefe que les pide favores sexuales a cambio de ligeras mejoras en su trabajo diario, permisos, aumentos salariales o mejoras en el escalafón. Las trabajadoras que cuentan sus casos hablan de una presión o estrés cotidiano difícil de imaginar: imaginar que no sólo tienes que dejar el hogar funcionando (los hijos en la escuela, la comida suficiente, la casa recogida), que no sólo se trabaja mucho por poco, sino que además se tiene que aguantar la respiración, los toqueteos o repegones de un jefe. Esa presión vuelve el día a día de la jornada laboral un calvario.

Por eso, la Coalición de ex-trabajadoras (es) y  trabajadoras(es) de la Industria Electrónica (Cetien) está lanzando una campaña en contra del acoso sexual. Por ahora están buscando la recolección de fondos en la siguiente plataforma: https://hipgive.org/es/project/workers-free-from-harassment/#.Vt8fRtloEpk.twitter.

En su justificación dicen lo siguiente: “El hecho es que las mayorías de las mujeres que trabajan en pisos de producción han vivido este tipo de acoso o conocen a alguna compañera que lo ha sufrido y que no lo denuncian. El principal factor para que no se denuncie es el miedo a ser despedidas y otro factor es el desconocimiento de saber distinguir cuando son acosadas”.

Esta campaña busca hacer conciencia entre las decenas de miles de mujeres que trabajan en la industria electrónica que no es normal padecer día a día a un tipo que las acosa sexualmente, aunado al acoso laboral que de por sí padecen.

Se trata, sin duda, de una campaña política de denuncia muy relevante que debe ser respaldada, no sólo por mejorar las condiciones de ellas, sino por todos nosotros. Es una lucha que implica todas las luchas: contra la explotación, contra la dominación y contra el patriarcado.

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