Enrique Alfaro nunca se equivoca

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Su carácter le impide aceptar cualquier error.

Su carácter le impide aceptar cualquier error.

UNA SERIE DE ERRORES DEL ALCALDE DE GUADALAJARA LO ALEJAN HASTA DE SUS AMIGOS QUE LO LLAMAN A CORREGIR EL RUMBO

Enrique Alfaro nunca se equivoca. Quienes trabajan cerca de él se han dado cuenta que su carácter le impide aceptar sus errores o admitir que sus acciones no tengan el éxito que él planeó, especialmente si en ellas hay un trabajo intenso previo.

La primer evidencia fue el tema del comercio ambulante que fue retirado del centro de la ciudad, de algunas zonas comerciales y diferentes puntos de la capital del estado. Esta primera acción estaba recargada en una solicitud hecha, principalmente, por el comercio establecido, pero también por muchos ciudadanos que veían una Guadalajara sucia y relacionaban la invasión del espacio público como un factor más para la inseguridad.

El proyecto de retiro del comercio ambulante fue diseñado con mucho tiempo. Se trabajó en los esquemas de retiro para que fuera en una sola intervención en cada punto y evitar los enfrentamientos, así como en la propuesta que daría cabida a que quienes vivían de la venta de sus productos en la vía pública encontraran otra alternativa.

Pero esa primera acción contundente del gobierno de Enrique Alfaro fue diseñada por sus colaboradores desde un escritorio, sin un conocimiento previo de lo que sucede en la calle y lo que para muchas familias significa la única opción para sobrevivir. Se partió de la idea que el comercio ambulante era controlado por el Partido Revolucionario Institucional y que, por lo tanto, se podría también dar un golpe duro a los priistas.

Pero la realidad que se encontraron al momento del retiro de los puestos fue diferente. Indígenas que viajan desde otras entidades en un país que no genera opciones de vida y menos alternativas de trabajo; adultos mayores, jefas de familia o personas desempleadas que no han encontrado otra forma de vida o los trabajos que hallan son con salarios que no les permitirían hacerse cargo de sus familias. Y sí, uno que otro líder priista.

No hubo un trabajo de campo detallado, que permitiera al gobierno de Guadalajara encontrar un punto de equilibrio en su decisión, basado en la sensibilidad social.

Por ello, el primer conflicto del alcalde Enrique Alfaro con los medios de comunicación vino cuando el tema del comercio ambulante fue el de todos los días.

Él mismo lo dijo a los reporteros, que ya no hablaría del tema y que menos sobre la situación de Teresita, la líder de un grupo de comerciantes. De la advertencia sobre su silencio, vinieron algunas confrontaciones y hasta respuestas bruscas del presidente municipal, que provocaron el rompimiento de una especie de “luna de miel” que había sostenido con la prensa.

Al mismo tiempo, al interior de su gobierno comenzaron a gestarse conflictos prácticamente en todas las áreas. La integración de su equipo fue una fusión de panistas que estuvieron en el gobierno durante la gestión de Emilio González, académicos que nunca habían estado en el servicio público y amigos de sus amigos.

En la mayor parte de las dependencias hay quejas constantes del trato déspota y soberbio de sus jefes. No les dirigen la palabra ni siquiera para saludarlos y en su mayoría los tratan como si fueran un ladrón en potencia. La semana pasada, en el sindicato de trabajadores municipales, llegó una posibilidad de que haya cambios: ante las constantes quejas, se asegura que hay una indicación de que no puede haber mal trato de los directores y titulares de las diferentes áreas a sus empleados.

Pero, además del mal trato a los trabajadores, hay una especie de parálisis en la mayoría de los servicios. Durante el primer mes del año, era prácticamente imposible conseguir un nuevo permiso o licencia, aunque fuera el más sencillo, porque los jefes no confiaban en nadie.

Además, la basura sigue acumulándose en las esquinas, ante una reducción en la eficiencia del servicio, y cada vez hay más lámparas apagadas en las calles tapatías.

Hasta ahora, los ciudadanos han sido pacientes, acostumbrados a que un cambio de gobierno siempre implica ajustes en las dependencias que prestan servicio directo; pero mientras sigan transcurriendo los días, esa paciencia irá agotándose. Porque quien sale de su casa y ve el tiradero de basura o quien debe regresar de trabajar muy tarde o salir muy temprano, en completa oscuridad, no está conforme, así que será necesario que los problemas se vayan solucionando.

El conflicto más reciente del gobierno de Enrique Alfaro fue el audio que se dio a conocer, de su jefe de Gabinete, Hugo Luna Vázquez. Por el lugar que este funcionario ocupa en el proyecto político del alcalde tapatío, era obvio que no iba a ser removido de su cargo; sin embargo, la manera de enfrentar a la opinión pública, nuevamente dejó al descubierto la falta de apertura ante la crítica.

Como han hecho con otros temas, Enrique Alfaro y Hugo Luna dieron por solventado el caso con sus escuetas explicaciones a través de redes sociales. No ha habido espacio para aclarar las dudas que deja ese audio, en donde más allá del lenguaje del jefe de Gabinete, se expone una manera de relacionarse con empresarios, con otros funcionarios públicos e instituciones y con los ciudadanos.

Después de eso, no han querido contestar preguntas ni abordar el tema de frente y sin la comodidad de la redacción de una excusa.

El alcalde de Guadalajara no sólo se ha cerrado a la crítica de los medios y de algunos representantes sociales, también lo ha hecho con sus amigos que acostumbran decirle lo que piensan. Algunos de los que diseñaron el proyecto político con Enrique Alfaro y que ya ocupan otros cargos fuera del Ayuntamiento, perdieron la posibilidad de diálogo con su líder.

El margen de aceptación que ganó Enrique Alfaro en las urnas sigue dándole un camino despejado de cara al 2018. Sin embargo, los rasguños que vaya sufriendo por su caminar sin tolerancia a los que piensan y opinan diferente, seguramente ya le impiden disfrutar el paisaje.

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