Semana negra para la prensa

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La segunda semana de febrero bien puede pasar a la historia como una de las más negras para los periodistas de México. Día tras día ocurrieron ataques, amenazas e incluso asesinatos para los trabajadores de medios de información en distintas geografías del país.

El lunes 8 de febrero, un comando armado irrumpió en la casa de la reportera Anabel Flores Salazar en Orizaba, Veracruz. En menos de 24 horas su cuerpo fue encontrado en la carretera Cuacnopalan-Oaxaca en el municipio de Tehuacán, Puebla. Tenía 32 años, dos hijos menores, uno de apenas quince días. Los periódicos para los que trabajaba, El Mundo de Orizaba y El Buen Tono, se deslindaron de ella, mientras la Fiscalía General del Estado pareció justificar su muerte al destacar su relación con un hombre que trabajaba para la delincuencia organizada. Anabel Flores fue la periodista número 16 asesinada en lo que va del sexenio del priista Javier Duarte de Ochoa.

El mismo día que se encontró el cuerpo de la reportera veracruzana, los periodistas de la revista Proceso, Álvaro Delgado y Marcela Turati fueron amenazados a través de varias cuentas de Twitter.

El miércoles 10 se acumularon al menos tres ataques a periodistas en el país. Por la mañana las periodistas Martha Izquierdo y Adriana López del Noticiario 100.7, fueron amenazadas por dos hombres en Ciudad Ixtepec, Oaxaca. El mismo día en Chilpancingo, mientras protestaba junto con otros colegas por la muerte de Anabel Flores, el corresponsal de la revista Proceso, Ezequiel Flores Contreras fue amenazado por el ex diputado local del PRD, Roger Arellano Sotelo.

Lo más grave ocurrió en Tabasco: dos pistoleros intentaron asesinar al periodista Pedro Sala García (corresponsal del diario Tabasco Hoy) en su domicilio en el municipio de Emiliano Zapata, 150 kilómetros al sur de Villahermosa. Pedro Sala fue rescatado de la muerte gracias a los gritos de su esposa, Odilia Arcos López, y la llegada de algunos vecinos, lo que ahuyentó a los asesinos.

Al mismo tiempo,  el miércoles 10 de febrero por la noche, comenzó a circular el hashtag #AniquilaUnPeriodistaPor en Twitter, con tal intensidad que llegó a convertirse en un trending topic. Todo indica que se trata de cuentas artificiales manejadas desde nodos concentrados.

En Puebla, la reportera del portal Lado B recibió varias amenazas vía Twitter. Lado B denunció la agresión y anunció que la agresión será denunciada.

En esa misma semana se cumplieron dos años del asesinato del periodista veracruzano Gregorio Jiménez, cuya muerte conmocionó a los periodistas.

El asesinato de Goyo Jiménez hace dos años logró convocar a la movilización más grande de periodistas en el país. Y apenas hace seis meses periodistas de varias partes del país y del mundo salimos a la calle para protestas por el multihomicidio en la colonia Narvarte de la Ciudad de México, donde fueron asesinados Yesenia Quiroz Alfaro, Olivia Alejandra Negrete Avilés, Mile Virginia Martín, Nadia Dominique Vera Pérez y Rubén Figueroa Becerril. Pero todo indica que todas las manifestaciones e iniciativas de los periodistas no han sido suficientes. Las agresiones en contra de periodistas y medios de información van en aumento.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) dio a conocer el jueves que desde el año 2000 hasta el 31 de enero de 2016, 109 periodistas han sido asesinados, que desde el 2005 otros 20 han desaparecido, que se han registrado 48 atentados a zedios de comunicación desde 2006 y que desde el 1 de enero de 2010 han recibido 515 quejas por agravios a los mismos.

El aumento en la violencia contra medios y periodistas coincide con el establecimiento de la supuesta guerra contra las drogas que se ha convertido en una guerra contra la población mexicana.

Pero los periodistas no somos el único sujeto atacado. Las agresiones, levantones y asesinatos de periodistas ocurren junto a las desapariciones masivas, agresiones y asesinatos de miles de mexicanos más. Es una guerra abierta contra la población. No es una guerra sólo contra los periodistas. Detenerla requiere repensar nuestras acciones y caminar junto a otros sujetos que padecen esta misma guerra. De lo contrario, seguirán cayendo uno tras otro, ante la perplejidad, dolor y rabia de todos, pero separados.

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1 comment

  1. Rómulo Remo 20 febrero, 2016 at 22:32 Reply

    Muy bien Rubén, tienes toda la razón, son malos tiempos para los periodistas y para todos los trabajadores mexicanos, sin sindicatos que los defiendan, con partidos que solo piensan en sí mismos, en sus estrategias para alcanzar y gozar del poder y no en defender a los ciudadanos mexicanos como debieran.
    Quizás hoy, aprovechando tu artículo, no esté de más recordar a quince años de su cierre, la doble agresión empresarial que sufrieron los trabajadores del periódico Siglo 21 por parte de su dueño, Alfonso Dau, en complicidad con altos directivos de la empresa, en un fraude a los trabajadores, el estado mexicano, Bancomer y otras instituciones.
    Durante tres años, el dueño “sustrajo” (por no decir robó) las cuotas del Infonavit y del IMSS sin que, de manera milagrosa, el gerente, Guillermo Zepeda Patterson, hermano del director, no se enterara.
    Un buen día, allá por 1997, después de que el dueño, don Alfonso Dau, y el director, Jorge Zepeda Patterson, llegaron a un punto de no retorno en sus relaciones de años profesionales y humanas, el propietario del rotativo decidió correrlo. Fue entonces, oh sorpresa, que los trabajadores fueron informados del expolio brutal al que fueron sometidos durante tres años, que afecta de forma grave al dinero que cobrarán en su jubilación.
    En ese momento, en vez de poner una demanda y hacer una gestora que representara sus intereses ante el patrón, el director, ya despedido y mediante una grilla en la plantilla, de una manera inteligente, forzó o mejor dicho, mostró un camino de salida a los trabajadores: el diario Público, que milagrosamente apareció, que llevaba planificando con el fin evidente de seguir en el periodismo en un puesto alto, haciendo dinero y con un equipo de periodistas que conocía, sumiso y fiel, que nunca le cuestionó como fue posible semejante robo ante sus narices.
    Conocedor de las limitaciones del propietario, capaz de hacer una barbaridad semejante, robar a sus empleados, logró llevarse a la mayor parte de la plantilla para el nuevo diario, con la promesa de que serían propietarios en parte del mismo mediante acciones. Propietarios de un diario, ¡el socialismo en el periodismo!. Luego, ya en Público, los trabajadores se dieron cuenta, que, como en la “Granja Animal” de Orwell, unos eran más “iguales” que otros y de que las acciones de unos y otros tenían diferente valor. Que las de los Zepeda y los Petersen eran muchas más y valían por tanto mucho más que las de ellos, que las condiciones laborales seguían siendo las mismas (el director descansando siempre de su agotador trabajo dos días a la semana, los trabajadores un día y dos en semanas alternativas), etc, etc.
    El objetivo de Zepeda era claro: sustituir al Siglo 21 por Público en cuestión de meses. No fue posible. El peso extraordinario de la nómina de los hermanos Zepeda, los Petersen y sus grillos allegados, además del buen trabajo realizado por los periodistas que llegaron a cubrir el puesto de los “emigrados”, permitió a Siglo 21 durar un año y medio más.
    En seis meses, creyendo Zepeda que Siglo 21 se había salvado y ante la llegada de Mural a Guadalajara, decidió vender el diario, quizás abrumado por el peso de la nómina del grupo dirigente, que mantuvo íntegras sus remuneraciones salariales, completamente exageradas para el medio profesional tapatío, sus méritos y el nivel de los salarios en México, siendo finalmente el grupo Milenio de Monterrey el comprador. Un doble fracaso comercial y editorial para aquellos que decían que iban a dar lecciones de periodismo a El Informador.
    Mientras, don Alfonso Dau fue incapaz en el año y medio que tuvo desde el éxodo de la mayoría de sus trabajadores a Público de encontrar un socio para Siglo 21, de invertir en nuevas secciones, de ampliar la plantilla, de renovar los contenidos, contentándose con un nefasto cambio de diseño que privó al diario de uno de sus grandes atractivos.
    En diciembre de 1998, Dau, decidido a cerrar ya Siglo 21, intentó su última cochinada: una especie de huelga con la que mandar a los trabajadores a la calle sin indemnización, lo que fue impedido por el líder de los trabajadores (no entender mal, no había sindicato, era un colectivo) Hermenegildo Olguín.
    La justicia dio la razón a los trabajadores, que se encontraron al llegar a la Junta Laboral de Guadalajara, calle Independencia, con la sorpresa de que el presidente les recibió con estas palabras amables: “Miren ustedes, yo soy amigo personal de don Alfonso Dau, y mientras yo esté aquí, ustedes no van a cobrar un peso”. Todo un ejemplo de justicia, de división de poderes. La explicación casi no hace falta: Dau había “untado” con dinero a todos los funcionarios necesarios para boicotear a la decisión judicial.
    Todavía hoy, quince años después, siguen a la espera de que se haga una justicia mínima. Durante su último més en el diario, no les pagaron quincenas, ni el aguinaldo. Quedaron en la calle en plena Navidad, con sus familias. ¿Existe la justicia laboral, por no hablar de justicia simplemente, en el estado de Jalisco?.
    Por la parte de Público, la historia que sigue es conocida. El director, Jorge Zepeda Patterson, emigró al DF, su hermano, con el dinero acumulado en los seis años de Siglo 21 y otro de Público montó una imprenta, y los trabajadores siguieron a lo suyo, trabajando, hasta que a la mayoría les alcanzaron las sucesivas reducciones laborales que hicieron los directivos de Público y ex de Siglo 21 para salvar sus altos salarios, presionados por el Grupo Milenio para reducir la nómina, hasta que les llegó también su hora y tuvieron que buscar otro empleo, algunos por cierto en El Informador, diario al que en su día creyeron que podrían suplantar por su carácter conservador, reaccionario, con un “nuevo periodismo” fresco y bla, bla…
    Ya casi no queda nadie del original Siglo 21 en Público, sino que buscaron chamba en otros diarios, como Mural, NTR, La Crónica, emisoras de radio, medios digitales, en Guadalajara, o emigraron a otras ciudades mexicanas.
    Un auténtico fracaso al que se llegó por la enajenación mental de su propietario, la codicia de sus directivos, algunos de ellos con origen y formación ajena al periodismo, empeñados en seguir en el para elllos, fundamentalmente “negocio” del periodismo, y la nula acción de la justicia y los poderes de Jalisco para salvar un diario como Jalisco que con una gestión empresarial mínimamente racional y una dirección editorial digna hoy sería seguramente, a casi 25 años de su salida, el gran diario de Jalisco y uno de los mejores de México.
    Mientras, los trabajadores de Siglo 21, aquellos que se fueron a Público y los que se quedaron y los que llegaron en su último año, ahí siguen, esperando que se haga justicia, unos que cuando se jubilen no se encuentren con TRES TRES TRES años, que no es poco, vacíos, con los que afrontar su vejez, y otros con la indemnización laboral que les corresponde por ley. Unavez más, reclamamos a las autoridades de Jalisco, el gobernador, Aristóteles Sandoval, el fiscal Almaguer, o a quien sea, QUE SE HAGA JUSTICIA CUANTO ANTES. Alfonso Dau y su familia gozan de grandes recursos. Montó un diario no para crear un medio, sino para hacer negocio. Hora es ya de que en vez de tanto negocio, se haga justicia con los trabajadores. La pregunta es obligada ¿Existe el estado de Derecho en Jalisco?.

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